Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 6 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero

Las imágenes de la belleza aparecen rotas, quebradas o ensuciadas y la lluvia de los pájaros o la sangre en el jardín semeja a la escritura, que no deja más que extrañas sensaciones de lejanía., extrañeza, malestar, en las que no faltan como recurrencia las imágenes escatológicas, con su correlato léxico y expresivo. Ha muerto Leopoldo María Panero, el poeta que se fabricó y vivió desde hace más de cuarenta años como maldito, en realidad padeció un continua borrachera poética.

En mis clases de poesía actual leímos, la última vez que di esas clases, “Auto de fe”, de El último hombre (1983), un poema que todavía controlaba la forma de la armonía a pesar de las rotundas imágenes del desconcierto:

Dios el perro me llama el aire quema a un hombre
horizontes dos cuerpos ardiendo intensamente
quince ángeles velan donde estuvo mi frente
soy el negro, el oscuro: ardiendo está mi nombre.

Mi caballo me busca y pronuncia mi nombre
con el hacha rompieron de dos en dos mi frente
lejos, en el ocaso, alguien dice algo o miente
soy el negro, el oscuro: ardiendo está mi nombre.

Es la ley del silencio y también la blasfemia
es mostrar a los hombres una cruz en la boca
y deccirles que arde, como cabo de vela
mi alma en la penumbra como una blasfemia
Dios el mudo, escultura de sombra, florecer de roca
y los dados de un ciego que cierran el poema.

El desorden, la negación, etc. sin embargo siempre le permitió escribir –a veces demasiado, parecía su única actividad– y que buena parte de su poesía tuviera la calidad de quien ha leído mucho, asimilado más y es capaz de controlar con rigor lo que dice. 
Imposible ahora dar cuenta, por tanto, de ese torrente poético –fundamentalmente poético– que segregaba muy conscientemente lo que decir podía de su angustia existencial, derramada hacia todo el contexto: el cultural, ante todo, el social, el familiar, el humano.... Porque La poesía destruye al hombre. El procedimiento usual para ese sabor “maldito” solía ser el de la atracción hacia los registros broncos, con quiebros constantes de cualquier tensión emocional y rupturas de sentido en dirección insultante casi siempre. Sin embargo, todo ello enraizaba muchas veces con la sensación de esterilidad de la palabra y de la poesía: en sus poemas se ciegan los pájaros, arden los versos, hay rosas demacradas.... mientras el poema se ríe de él y le esclavizan las palabras. Nunca una poética de la incapacidad expresiva se había expresado con ese fuerza y vehemencia construyendo un universo poético:

Ah, el esclavo de las palabras
el siervo del humo
donde muere todo orgullo
a los pies de la nada
rezándole a la nada
rezando para nada al poema

tout orgueil fume-t-il du soir

                       (Stéphan Mallarmé)

Poema extraído de la Teoría lautreamontiana del plagio (1999) que suministra materia abundante al respecto. Y a pesar de todo ejercer casi exclusivamente esa inutil tarea

Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que así mismo nombra
el anzuelo de la nada
prometido al pez del tiempo....
sobre el papel..mo una losque en llamas:
do escribir:
como recurrencia las imla e todo, el social, el familiar, el humano.... El

Es cierto, “Hablamos para nada, con palabras que caen / y son viejas ya hoy, en la boca que sabe / que no hay nada en los ojos sino algo que cae....”, perfectos alejandrinos que abren la parte más tremedistas (“Orinar sobre la vida”) de uno de sus mejores libros.
Y ahora solo este recuerdo del poeta, intentando escribir:

La araña cae vencida
sobre el papel
el ruiseñor escapa del bosque en llamas:
no hay nada
sobre el papel: fénix
es el silencio
que se vierte como una lágrima
sobre el papel.





sábado, 27 de noviembre de 2010

Poesía española actual (9). Leopoldo María Panero

Yo  no sé si la intención de Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), como poeta, hubiera sido la de aparecer en el rosario de la poesía española actual, habida cuenta de su marginalidad inicial y de su empecinamiento por mantener un cierto grado de independencia y rebeldía, tanto personal como poética. Me da la sensación de que su veta ha sido ya absorbida por las oleadas invasoras de los nuevos poetas; queda una obra extensa e intensa, sumamente irregular, en la que se encuentran joyas cumplidas y todo un testimonio de lo que puede ser una poesía que se niega a cristalizar en supuestos limbos estéticos, sobre todo cuando así se fuga de la realidad, sobre todo si la realidad tiene aristas resistentes a la tradición poética.

Su biografía y sus azares están ocupados por esos continuos regates, bordeando locura y excentricidad; es muy sabido y aireado que ha pasado largos periodos en siquiátricos y que –creo que todavía– en uno de ellos de Las Palmas vive y escribe; de la misma manera que es inevitable la referencia a su entorno familiar –los Paneros, una familia de escritores–, que incluso produjo un par de películas, entre documentales y testimoniales. Una de las ilustraciones es un fotograma de la película.
Quizá lo más importante para nosotros es ver de qué manera la creación poética de Panero ha intentado llevar a su creación –a sus versos– una travesía vital  atormentada, confusa y cambiante que afectó (¿o empantanó?) su vida, su obra y la de buena parte de su generación durante el largo final del siglo XX. Al margen de casos concretos –el malditismo, el compromiso directo, la marginalidad...– la obra de Panero es la que con mayor contundencia y claridad nos lleva a ese lugar, desde donde escribe y sobre el que escribe.

La relación de sus publicaciones es deslumbrante; y eso que he suprimido obras en colaboración (pero ¿qué colaboración es la que establece, por ejemplo en los libros finales con Félix Caballero?) y otras menudencias. A la altura del año 2004 Túa Blesa editó una Poesía Completa (1970-2000), que lleva ya bastantes reediciones; también he suprimido lo anterior (1968):

Así se fundó Carnaby Street (Ocnos, 1970).– Teoría (Lumen, 1973).– Narciso en el acorde último de las flautas (Visor, 1979).–Last River Together (Ayuso, 1980).– El que no ve (La banda de Moebius, 1980).– Dioscuros (Ayuso, 1982).– El último hombre (Ediciones Libertarias, 1984).– Antología (Ediciones Libertarias, 1985).– Contra España y otros poema de no amor (Ediciones Libertarias, 1990).–Agujero llamado Nevermore (Selección poética, 1968–1992) (Cátedra, 1992).–Heroína y otros poemas (Ediciones Libertarias, 1992).–Piedra negra o del temblar (Ediciones Libertarias, 1992).–Orfebre (Visor, 1994).–El tarot del inconsciente anónimo (Valdemar, 1997).– Guarida de un animal que no existe (Visor, 1998).–Abismo (Endimión, 1999).–Poemas del manicomio de Mondragón (Hiperión, 1999)-–Suplicio en la cruz de la boca (El Gato Gris, 2000).–Teoría del miedo (Igitur, 2000).–Águila contra el hombre: poemas para un suicidamiento (Valdemar, 2001).– Buena nueva del desastre (Scio, 2002).– Poemas del manicomio del Dr. Rafael Inglot (Valdemar, 2002).– Conversación (Nivola, 2003).– Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul (Hiperión, 2004).– Erección del labio sobre la página (Valdemar, 2004).– Danza de la muerte (Igitur, 2004).– Poemas de la locura seguido por El hombre elefante (2005).– Sombra (Huerga y Fierro, 2008).– Escribir como escupir (Calambur , 2008).– Esphera (El ángel caído, 2009).– Reflexión (Casus-Belli, 2010).
El poema que sigue pertenece al libro de El que no ve (1980):