Hoy me han insinuado que lo de este cuaderno es un disparate, porque se mezclan churras con merinas, y que hay... ¡hasta recetas de cocina! Y me han insinuado que me centre quizá en la poesía, solo, porque patatín y patatán. Me ha recordado un poco las desviaciones de Góngora o Lope con respecto a Garcilaso, poeta puro, traicionado porque los de la generación mayor, que llevaron a sus versos escenas de calle, chistes, descripciones, romances viejos y nuevos... ¿Quién de todos estará más cerca de la vida y su complejidad? Como, a mi modo de ver, se sigue estrechando a la capacidad humana de ser, proyectar y cultivar, creo que la mejor respuesta que puedo dar es dar la receta de las granadas, que todavía, en algunos casos, penden de los granados más tardíos; y que se encuentran en los mercados, en torno a dos euros el kilo, por cierto, no muy caras. Item más, voy a sustituir sus perlas rojas, tan sabrosas, y tan preferidas por los pintores de bodegones, por una pequeña novedad, para cumplir con la variación y el avance: la sustituiremos por las semillas de goyi (lo suelen escribir goji).
Una ensalada de remolachas, que se pueden comprar, todavía baratas, en paquetes cerrados herméticamente, o en botes y frascos, siempre cocidas.
Se conserva bastante bien durante una semana o así.
El bodegón que reproduzco, al final, es de Antonio Ponce (s. XVII).
Mañana expondremos algunas fotos de la nieve en la meseta sur; y probablemente vayamos a algún tipo de planteamiento sobre el minimalismo en gramática.
En honor de uno de mis comentaristas anónimos –en honor de todos, desde luego– reproduzco otro bodegón de Van der Hamen, en el que los frutos están picoteados por pajarillos; en otro caso es una ardilla la que, al morder las frutas, genera colores nuevos. En ambos cuadros se trata de colecciones privadas.
