Compro pan y lo muerdo por la calle;
vuelvo a casa y medito la existencia,
ya casi nunca compro los periódicos;
tiemblo y sufro si cruza la belleza.
Luego trabajo, plancho, limpio todo,
cocino, escribo versos y novelas....
Casi en un tris lo de ponerme triste
si la tarde se va y la noche llega.
Luego vuelvo a pensar qué pasará,
en los remansos que el trajín me deja;
quizá seguir con pan y calle, pienso,
y soportar sin más lo que se aleja.
No sé qué hacer con lo que fue la vida.
Tampoco sé que hacer con lo que queda.