Me está gustando este final de vida,
la ignorancia al alcance de la mano,
perdido en la mirada de un paisaje
que me mira con ojos achinados;
y me parece que el desprendimiento
es un modo de ser muy acertado,
no detenerse en lo que no interesa
no arrepentirse de lo abandonado.
Alrededor ocurre lo de siempre:
que algarrobas no dan los avellanos,
falsedad corrupción mentiras mafias,
sin solución en lo del mal decano...
Ya ha vuelto gabilondo a los pasillos
rector que fue de esta taberna antaño.
Ministro metafísico y palabrero,
le mando un estrambote de regalo.