Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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miércoles, 24 de junio de 2015

Poesía española actual

La verdad es que he tenido suerte con los poetas actuales que más me gustan o que leo con mayor frecuencia, y que son dispares –Carlos Piera, Javier Yagüe, Rafael Juárez, Mario Hernández, Luis García Montero, María Salgado....; por alguna u otra razón los siento cerca, de mis ojos de lector y de mi vida.  En la lista anterior hay cuatro que han sido alumnos míos, no hace falta que diga quiénes; otro, colega, Mario Hernández; etc. Algunos de mis viejos poetas cercanos se han ido lejos –de mis ojos, pero no de mis lecturas, como Miguel D'Ors, con quien compartí muchos años despacho en la Universidad de Granada–. En otros casos –el de Carlos Piera– mi fervor es realmente especial, hasta el punto de que me gustaría que fuera el primer poeta, digamos, actual, que asoma en Clásicos Hispánicos. Voces bien distintas son, desde luego, y como tales suenan. 
He tenido la suerte de abrir con una pequeña introducción la última antología de Rafael Juárez, que es la que aquí presentó, y es una suerte porque por esa razón he paladeado –como se debe hacer– sus versos, he ido despacio por sus páginas y pensado a partir de lo que él expresaba. Una suerte. Naturalmente, recomiendo la antología.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Montaigne


Tenemos suerte con Montaigne, con sus ensayos, que han sido primorosamente traducidos –el término se queda corto– por Javier Yagüe, en una edición reciente que, sobre la esencial, tiene muchas más virtudes: la del texto bilingüe, y no de cualquier texto, sino el de Andre Tournon; la anotación; la de la pulcra edición que alcanza las 2400 páginas.  

Lo mejor siempre habrá de ser el texto de Montaigne, desde luego, que se puede leer para bien o para mal, o como uno de los pilares ideológicos de lo que luego será la burguesía europea, o como un hito histórico que se alcanza y se serena cuando termina el siglo XVI y que se extiende parsimoniosamente por toda la modernidad posterior, incluso desde Quevedo, para quien era, como se sabe, "el señor de la Montaña".  Y que también se puede leer de mil maneras –eso es precisamente otro privilegio de los "ensayos"–, sobre todo fragmentadamente, como motor, soporte y acicate del propio pensamiento, para que dialogue con el pasado.
No cabe Montaige y todo lo que significa en esta nota breve, pero sí cabe encarecer que la versión de Javier Yagüe ha logrado la fluidez de un español correcto, elegante y con una pátina clásica que no se llena de arcaísmos ni torceduras innecesarias, ha bastado con ser generoso y preciso con el vocabulario, por una parte, y con ampliar la frase y sus enlaces cuando es necesario. El resultado es deslumbrante y el lector –quizá por carencia propia– solo muy de vez en cuando capta algún matiz extraño.

Obviamente, no dejaré la nota en solo ese apunte estilístico. Montaigne es un universo humano, que irradia hacia todos los lugares. Me valdré de un solo ejemplo, que ofrezco en su doble versión, original y en español, apenas un sorbito, que se puede rematar con alguna otra pifia, la del final, en apoyo de algunas entradas de este blog. Por ahora, pág. 1652-3, libro III, cap. V:



II
–¿Y qué quieres que te haga?– me dice.
Quiero sentir tus manos en mi sexo,
ver como poco a poco me desnudas
como se llenan conmigo tus dedos;

que tus ojos no dejen de mirarme
rasgados   y brillantes    y sonriendo
mientras van al rincón de las caricias
al lugar donde piensas que yo pienso

que vuelvas nuevamente y otra vez
y no pares si parece que me quejo
que seas implacable y dulce entonces
con mi piel     con tus manos    con mi cuerpo.

–No te preocupes, ya he empezado. Mira.
No vayas a poner eso en los versos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

El paseo histórico por Burdeos y la "Veritas fucata" chez Goya

Notre Dame

San Miguel



Un grupo de jóvenes hispanistas franceses ha organizado en la universidad de Burdeos un seminario bajo el lema de "Veritas Fucata" y el cuadro emblemático de Tiziano (ya reproducido en este blog) que representa un retrato a mitad cubierto por un velo: el velo de la literatura que, al mismo tiempo, oculta y sugiere, que es lo que los asistentes hemos discutido acerca de algunos textos medievales y clásicos.

Cap Ferré

Ventana del Instituto Cervantes
El Seminario ha tenido lugar en la sede del Instituto Cervantes de esa ciudad, un lugar muy especial, pues se trata de la vieja casa de Goya –donde Goya vivió, mejor, durante su exilio y en donde murió (1828), perfectamente restaurada y acondicionada, aprovechando además su situación en el mismo centro de la ciudad, al final del "Cours de l'Intendence" en su cruce con la calle "Vital Carles". Desde las ventanas del saloncito de actos se veía toda esa calle cerrada por la fachada de la catedral y se veía -y oía– pasar el tranvía que soluciona y embellece el transporte de los bordeleses; en un alarde de felicidad filológica o humanística, durante los descansos y en los ratos libros se podía uno escapar a la libreria Mollat, a veinte metros, en esa misma calle, para disfrutar de esa todavía exquisita cultura del libro que recorre Francia, sin demasiados riesgos de arruinarse, pues el viaje es en "low cost" y, ya se sabe, eso significa prácticamente no llevar equipaje.
Burdeos a mediados del s. XIX (Museo de Aquitania)
La ciudad brindaba la oportunidad de paseos históricos, bordeando a veces el Garonne, y haciendo estación en su red de edificios históricos: San Miguel, la Catedral, San Eloy, Santa Eulalia.... y recogiendo aquellos sedimentos culturales de los museos, aunque el de Beaux Arts estaba remodelándose y el de "Arts décoratifs" cerraba los martes, que fue el día cuando intenté visitarlo; he buscado infructuosamente un cuadro de Bartolomé González, que retrató, creo, a otro González, el poderoso ministro de Felipe IV que intervino en la prisión de Quevedo. Como compensación, el casco viejo (plaza de San Pedro, con la iglesia del mismo nombre), de San Julián (la iglesia reconvertida en cines, ¡qué tiempos!).... nos regaló la belleza de una ciudad viva que sabe guardar lo que posee, pero que también innova y crea, como son excelente muestra las extensiones del botánico o la perfecta instalación del Museo de Aquitania, en donde terminaron los últimos paseos con Fabrice Quero y Pierre Darnis, responsables de este seminario.
Y sí, claro, he vuelto a leer al "Señor de la Montaña", como le llamaba Quevedo, pues Pierre me ha regalado la edición de Emmanuel Naya et alii, y que muy pronto podré cotejar con la espléndida versión –ya he leído muchos ejemplos– de Javier Yagüe. "Ce n'est pas un mépris philosophique, des choses transitoires et mondaines". 

lunes, 22 de noviembre de 2010

Montagnevide

Javier Yagüe ha enlazado una entrada suya con otra de las últimas mías, y ha trabado versos a partir del cuadro de Rubens con que la ilustré.

Ahora ofrezco su enlace

http://montagnevide.blogspot.com/

e invito a visitarlo, pero no solo por la ocasión y la vanidad, que lo es, también por su capacidad de conjugar inteligencia, emoción y versos.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Enfermedades y libros. SOBRE LA ACTITUD ANTE LAS ENFERMEDADES

Me acucian enfermedades –los virus del otoño, que andan de jarana– y libros –también las novedades del otoño–, de manera que voy a cumplir con noticias y remedios que me ayuden a bien vivir. Para las enfermedades, solicité hace poco a Javier Yagüe, el traductor a un español como debe ser de Montaigne (véase la entrada correspondiente en este "cuaderno de pantalla"), que me dejara utilizar uno de los pasajes del ensayista francés en donde dice qué hacer con las enfermedades de poca monta; y no sé muy bien si se lo pedí para paladear una vez más la prosa elegante –un pelín amanerada, eso le viene de la época– con la que ha traducido a Montaigne o porque de verdad piense que lo que allí dice va a misa. O por las dos cosas, que es lo suyo. Javier Yagüe, que ya tenía esa elegancia que ha catalizado su afinidad con Montaigne, me ha dado permiso para reproducir este fragmento, que el propio JY ha titulado para comodidad:


[SOBRE LA ACTITUD ANTE LAS ENFERMEDADES]

La experiencia me ha enseñado también que nos pierde el ser impacientes. Las afecciones tienen sus momentos de dolencia y de salud. La constitución de las enfermedades está hecha con arreglo al modelo de la constitución de los animales. Tienen su fortuna determinada desde que nacen, y también su duración: quien trata de abreviarlas imperiosamente a la fuerza, en pleno transcurso, las prolonga y multiplica, y las azuza en lugar de apaciguarlas. Opino, como Crantor, que a las afecciones no hay ni que oponerse con testarudez y atolondradamente, ni tampoco doblegarse por flojedad, sino que hay que transigir con ellas de forma natural, según su condición y la nuestra. Ha de cederse el paso a las enfermedades; y me parece que, si en mí se demoran menos, es porque las dejo hacer; y alguna de las que se consideran más tercas y tenaces se me ha pasado por su propio declive, sin ayuda ni arte, y en contra de las prescripciones médicas. Dejemos hacer un poco a la naturaleza: ella entiende mejor en sus asuntos que nosotros. “Pero de eso murió Fulano”. También morirás tú, si no de ese mal, de otro. ¿Y cuántos murieron inexorablemente de lo mismo teniendo tres médicos pegados al culo? Un ejemplo es un espejo borroso, general, que todo lo refleja. Si el medicamento es placentero, acéptalo: siempre será un bien presente. Si es delicioso y apetitoso, no me pararé a mirar el nombre ni el color. El placer es una de las principales especies del provecho. Yo he dejado que envejezcan y mueran en mí, de muerte natural, resfriados, ataques de gota, diarreas, taquicardias, migrañas y otros achaques, que se me han ido cuando ya me había medio acostumbrado a convivir con ellos. Se los conjura mejor con cortesías que con desafíos. Hemos de someternos con dulzura a las leyes de nuestra condición. Estamos hechos para envejecer, para flaquear, para enfermar, mal que le pese a toda la Medicina.

Javier Tacón (il.)
Al fondo se percibe un cierto matiz de época –un neoestoicismo de para andar por casa–; pero también se expresa en consonancia con el modo de hacer y pensar de Montaigne, que trae la reflexión a casa, a la vida cotidiana, con mucha frecuencia, y que eso no le impide, cuando hace falta, elevarse filosóficamente. ¡Qué fe en la razón y en la capacidad de actuar con el solo asidero de la reflexión sensata, sobre todo entonces, a finales del siglo xvi, cuando el hombre se tira sin paracaídas fuera del organicismo que le protegìa y se va a pensar la vida y el universo! Descartes esperaba a unos cuarenta años de distancia.

jueves, 14 de octubre de 2010

DOS VERSIONES DE JAVIER YAGÜE: Shakespeare y Valéry



Javier Yagüe es –primero– poeta de calidad y profundidad; también es traductor oficial en instituciones europeas, además de doctor en Filología. Su versión de los Ensayos de Montaigne, contratada por Claudio Guillén hace una decena de años, debería aparecer no muy tarde, ya que se trata de un trabajo largo, serio, concienzudo, alguna de cuyas muestras hemos podido conocer (en la  REC, Revista de Erudición y Crítica). Le he pedido que me diera algunas poesías, tanto muestras de su creación original como de sus versiones inéditas; lo hemos hablado y ya tengo poesías que publicaré en dos entregas. Primero, ahora, las dos versiones de dos sonetos clásicos, uno de Shakespeare y otro de Valéry.


William Shakespeare, Sonnets (1609)

LV

Not marble nor the gilded monuments
Of princes shall outlive this powerful rhyme,
But you shall shine more bright in these contents
Than unswept stone besmeared with sluttish time.
When wasteful war shall statues overturn,
And broils root out the work of masonry,
Nor Mars his sword nor war’s quick fire shall burn
The living record of your memory.
‘Gainst death and all oblivious enmity
Shall you pace forth; your praise shall still find room
Even in the eyes of all posterity
That wear this world out to the ending doom
    So, till the judgment that yourself arise,
    You live in this, and dwell in lovers’ eyes.

 

Soneto 55

El regio monumento, el mármol duro
vivirán menos que la rima mía,
y más brillarás tú en mi poesía
que lápida dejada al tiempo impuro.

Hace la guerra estrago en la escultura,
desarraiga la piedra bien fundada,
mientras inmune al fuego y a la espada
en este archivo tu recuerdo dura.

Triunfarás del olvido y de la muerte:
en la posteridad, que del inicio
el mundo lleva a consumar despojos,

subsistirá tu elogio de tal suerte
que vivas, hasta el día de tu juicio,
en estos versos y en amantes ojos.
 



Paul Valéry, Album de vers anciens (1920)

LE BOIS AMICAL

Nous avons pensé des choses pures
Côte à côte, le long des chemins,
Nous nous sommes tenus par les mains
Sans dire… parmi les fleurs obscures ;

Nous marchions comme des fiancés
Seuls, dans la nuit verte des prairies ;
Nous partagions ce fruit de féeries
La lune amicale aux insensés

Et puis, nous sommes morts sur la mousse,
Très loin, tout seuls parmi l’ombre douce
De ce bois intime et murmurant ;

Et là-haut, dans la lumière immense,
Nous nous sommes trouvés en pleurant
Ô mon cher compagnon de silence!



El bosque de la amistad

Ocupamos la mente en cosas puras,
tú y yo por los senderos, lado a lado;
nos cogimos las manos, olvidado
todo lenguaje, entre flores oscuras.

Como novios andábamos por una
noche verde en el prado solitario,
compartiendo ese fruto visionario
y amigo de los locos que es la luna.

Por fin morimos en la hierba un día,
lejos, solos en la dulzura umbría
del íntimo follaje que murmura.

Y con llanto sellamos nuestra huida
en la luz infinita de la altura,
¡callado compañero de mi vida!