que los dedos de san francisco sean
los que culminen las caricias todas
que enlazado se lleven a mi sexo
hacia un mar de ansiedad que se desborda
que no me dejen respirar apenas
mientras trenzan aprietan
sueltan rozan
a veces tan
subidos como el aire
otras veces formando caracolas
para esos dedos con mi cuerpo tenso
el quejido en la voz y la voz rota
el deseo de ser
donde no llego
sueños
desnudos sensación remota
belleza que no sabe dónde está
que los dedos del greco me recorran