Ya voy a florecer –te dice el árbol–
te regalo este banco para amores,
vente con ella cuando la tarde caiga
y no os vayáis cuando sea de noche;
con los primeros besos te permito
que algunas ramas, las cercanas, tronches;
se podrán confundir labios con pétalos,
que se abran en los dedos los botones;
ten cuidado si al desnudar su pecho
sombras de marzo los fríos esconden;
espero que Botella no haya puesto
guardia rancios en los alrededores.