Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 14 de mayo de 2020

crisis

En un lugar      de cuyo nombre quiero
acordarme     existía hace ya tiempo
una región     que se llamaba españa
por tradición    imposición     e historia

donde sus habitantes compartían
tierras     disgustos    diferencias        nunca
se pusieron de acuerdo   sobre nada
y esa fue    su manera de vivir

hasta que un día    nos impuso merkel
la abstinencia vital     y propugnó
que      al igual que los tristes pueblos   ricos
del frío y de los bancos     renunciáramos

a nuestros modos        para ser como ellos
llamamos “crisis” a esa tesitura

Picasso lo adivino (CNARS)

lunes, 31 de diciembre de 2012

Propuestas (¿utopía o fraude continuo?)


Me gustaría traer a esta ventana el anuncio de un libro aparentemente sencillo –no sé si uno entre muchos, pero sí que es uno que dice lo que, al parecer, habría que hacer– que expone de manera razonable, al alcance de lectores normales, el origen, la situación y el modo de encarar lo se viene llamando "crisis", es decir, de un estado de cosas o de una formación social que repugna y en la que columbramos que hay mucho más de lo se nos cuenta o se propaga en medios oficiales. Los tres autores –además del prólogo de N. Chomsky– arrancan de la historia reciente y del panorama universal, pero terminan por aterrizar en España y abordan todo tipo de cuestiones con seriedad y rigor. A veces al lector se le ocurre que se trata de propuestas utópicas, pero las más tiene la sensación de que hemos estado sometidos –y aun lo estamos– a un fraude continuo. 
El librito en cuestión termina con 115 propuestas, una veintena de páginas, ahí es nada, en las que resalto que soluciones, propuestas y comentarios implican casi siempre el cumplimiento de una función social, humanitaria, regeneradora desde el punto de vista ético, etc. 
Como no es cosa de piratear el libro, solo doy una breve muestra, de las propuestas finales (71-75); y animo a su lectura, su difusión y el compromiso con mucho de lo que allí se dice. La única contrapartida –y no sé si mejor– se llama "revolución".



martes, 4 de diciembre de 2012

Crisis


Voy a cambiar a un coche más pequeño,
–madrid no es urbe para bicicletas–
y creo que daré de baja el móvil,
dejaré de comprar toda la prensa,

anularé las suscripciones, todas,
cambiaré en las bombillas la potencia,
habrá que acostumbrarse al agua fría
y a comprar en rebajas y en ofertas;

y desde luego fuera cines, bares,
salidas por la noche, cuchufletas,
conciertos y demás vicios estúpidos
que han venido amargando la existencia;

pero será lo más duro anular
del corte inglés, sin duda, la tarjeta. 






jueves, 1 de septiembre de 2011

desorden, desorientación, desidia, desigualdad....

Sensación de impotencia y de partida que está llegando al final. La famosa crisis. No hay noticia de huelgas de banqueros, ni de paro en consejos de administración o en el senado, ni subidas de impuestos que no afecten a las clases medias y a las más humildes. Hay protestas de profesores, de jubilados, de pensionistas, de maestros, de personal sanitario.... ¿De qué modo sigue evolucionando esta gran farsa para que al final haya venido a afectar a estas gentes?
Gente sencilla que, cuando hace sus cuentas, barrunta algo elemental: hay que  repartir mejor la riqueza, habrá de lograrse que nadie disfrute de sueldos –o riqueza– escandalosos en un contexto de paro, penuria o calamidad. La solución parece, en principio, la mar de simple: repartir mejor. Sería normal que, si eso se intentara hacer, se quejaran aquellos que disfrutaban de aquellos privilegios, por mucho que hayan trabajado para conseguirlos. Yo entendería una huelga de hambre encabezada por Esperanza Aguirre, Bono, La Duquesa de Alba, Florentino, Guardiola....; lo que no parece corresponder a la situación  de crisis es que la huelga y las protestas sean de profesores y jubilados. Y así es. Obviamente esas huelgas tienen su correlato social: no afectan a quienes llevan a sus hijos a lujosos colegios privados;  no afectan a los que en vez de ir a los ambulatorios acuden a hospitales de pago. 
Una de las primeras objeciones con las que enseguida se nos bombardea desde las instancias que rigen las comunicaciones es que "resulta mucho más complicado que eso", y a continuación nos explican  cómo funcionan los mercados y que eso sería un "suicidio". Probablemente ya ni se dan cuenta de que cada vez hay más gente a la que le tienen sin cuidado los bancos, intereses, movimientos financieros, agencias de calificación, etc.
Vamos a volver a decir todo de manera más sencilla, una vez más: no existe otra solución que repartir de modo más justo lo que hay. Ninguna persona, ninguna clase, ningún oficio, ninguna renta, nadie ni nada puede justificar que la diferencia entre unos y otros sobrepase –digamos, en tiempos de penuria– la distancia de uno a cuatro o a cinco o poco más. Y la condición humana no da pie a esas diferencias. Sobrepasar esos niveles es incurrir en injusticia. A los políticos les hubiera correspondido corregir los desvíos en ese sentido.
Es sencillo, pero quizá sea necesario decir las cosas clara y sencillamente, decirlas cada vez de modo más directo y sencillo.


domingo, 17 de abril de 2011

¿Pero no éramos una comunidad europea?

Poco a poco van cayendo: Grecia, Irlanda, Portugal.... se tambalea España. ¡Qué raro! Si éramos una comunidad, si realmente tendríamos que estar todos en el mismo espacio. Lo de la comunidad no se entiende muy bien –tampoco por otras cuestiones, pero bueno–. El caso es que los que caen son los más humildes, qué casualidad.

Los sesudos analistas de la situación actual han explicado de mil maneras cómo se ha producido lo que se viene llamando "crisis" y en qué consiste, desde la persona normal de cualquiera de los países afectados, en una degradación en la vida de mucha gente, particularmente de los que se han quedado sin trabajo o no lo han llegado a obtener nunca, de los que han visto mermadas lo que veían siendo sus condiciones de vida –comer, viajar, disfrutar, trabajar, ser atendido.... Eso es lo que ha ocurrido después de unas cuantas décadas en las que esa situación se venía prolongando con naturalidad: claro que sí, había pobres y ricos como siempre. Nos escandalizaban los ricos muy ricos; nos preocupaban los pobre muy pobres; pedíamos que los políticos –a los que votábamos de vez en cuando– intentaran limar lo peor de esas diferencias mediante medidas sociales e impuestos. 
Pero todo se deterioró por la mala gestión de quienes guiaban y, al parecer, se va a seguir deteriorando, de manera que habrá recortes en sanidad en Cataluña (¿solo en Cataluña?), se despedirán trabajadores en Telefónica, subirá aun más la gasolina, se volverá a bajar los sueldos a los funcionarios.... La explicación nos las suministran los expertos en "mercados", y en ellas se habla de deudas, capital, tesoro, dineros.... Es bastante probable que una persona aplicada que no pertenezca a esa red de especialistas llegue a entender el mecanismo monetario de la crisis; aunque las más de las veces no alcanza a explicarse el final, vaya por dios, por tres motivos harto simples:
1) Sigue habiendo el mismo –quizá más– número de ricos, la misma ostentación de riqueza. Y sigue habiendo países pobres y ricos.
2) Ese nudo de capital y dineros, aunque nos hayan explicado tantas veces que ahí anduvo la madre de la criatura, se pudrió en bancos, cajas, empresas dinerarias, etc., en donde –no salimos de nuestro asombro– consejeros, directivos altos cargos, especuladores, etc. a centenares siguen percibiendo cantidades astronómicas de dinero, lo mismo que ocurre con la masa de políticos de todas las administraciones.
3) La solución de estos problemas se recibe, más o menos directamente, de varias agencias extranjeras, de poderosos países capitalistas, que se limitan a juzgar cómo va el sistema mercantil;  y se resuelve con contundentes reformas sociales, que en nuestro caso un gobierno "socialista" va ejecutando puntualmente.
Se entiende lo que no se entiende si deducimos, sencillamente, que es el sistema superior el que se impone y la poderosa minoría política y financiera la que cumple sus órdenes, al margen de cualquier situación social, para que el sistema siga funcionando y los privilegios se mantengan. La coletilla que queda flotando es la del viejo chantaje histórico: si no se remedia, todo se va a la porra.

Sin embargo, sin embargo, sin embargo.... mucha gente hay ya que piensa que todo se puede ir a la porra, si se han alcanzado los 35 años sin trabajo, si le han despedido a los 40, si le han embargado el piso, si no se pueden casar, si la deuda es mayor que el sueldo de cuarenta años, si cuando llega la pensión hay que volverse a vivir al pueblo, si hay que empezar a pagar más medicinas.... 

Y todo eso, ya en los países que siempre fueron más pobres.

Pero, ¿no éramos una comunidad?






miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Y qué pasaría si....?

Nuestro maravilloso sistema de capitalismo occidental con piedad socializante viene dando trompicones desde algunos años, porque el "sistema financiero" parece ser una red que debajo había para que pudiera funcionar correctamente. Personas entre vulgares y sencillas, como yo, barruntan que de eso se alimenta todo el escándalo actual con las derivaciones sociales, económicas, políticas, etc. que terminan por hincar el diente en las clases menos favorecidas, por un lado, es decir en los trabajadores y empresarios de poca monta; y en las clases controladas, es decir en los funcionarios. 
Es difícil para el que no sea experto economista –y quizá algo más– completar la argumentación que ofrezca el panorama completo. Y sin embargo, sin embargo, sin embargo las únicas personas que tienen completo derecho a saber, opinar, decir, ejecutar sobre la situación creada son, precisamente, los que la sufren. Al paso: majadería mayor que la de la ministra de cultura –con caja baja, siempre con caja baja– pidiendo que sobre temas públicos solo opinen los expertos (en referencia a las cuestiones del Sahara). Eso sí que es una confesión. 
Recupero el hilo perdido: pues aquellas discretas, humildes, sencillas personas a las que solo se les ha exigido unas cuentas cosas muy simples (es a a saber: que se endeuden hasta las cejas, que trabajen todo lo que puedan, que mantegan cierta dosis de ignorancia), son las que peor llegan a redondear la argumentación. Y en toda obscuridad hay engaño.
Mire Vd. le vamos a despedir, le vamos a embargar el piso hipotecado, le vamos a bajar el sueldo, le vamos a pedir que se jubile más tarde y cotice más... Semejante batería por la que se pelean en el gallinero político necesita sus "porqués". "Porque si no el sistema financiero se va a la porra". Pues ahora es cuando tendrían que venir los otros porqués, mucho más finos, elaborados y asequibles para el común de las gentes, a las que en el fondo les empieza a regocijar que se hundan los bancos (la imagen inmediata del sistema financiero) que son los lugares, habitualmente, que se quedan con algo más de la mitad de sueldo durante 20/30/40... años; que se hundan las grandes empresas (que se reparten la otra parte del sueldo, en forma de recibos de luz, teléfono, gas, seguro...); o las instituciones (que rebañan lo que pudiera haber quedado, en forma de impuestos y tributos municipales, autonómicos, estatales...)
Y esa es la respuesta del apocalipsis: si el sistema financiero se va a la porra todo se va a la porra. Dejará dios de llover sobre los campos y se agotarán las cosechas, cerrrarán las pastelerías por falta de harina y azúcar, Iberia reducirá sus vuelos a la décima parte, no podremos tener tantos teléfonos, las grandes fábricas de coches venderán la décima parte, habrá que reducir el senado a cincuenta representantes... Los ahorros del capital irán a un corralito (¿de quién?), no podremos pagar las deudas a otros países, ni las deudas familiares, nos embargarán todos los pisos, se vaciarán las ciudades... 
El apocalipsis, me da la sensación, se ha explicado demasiado confusamente, mezclando churras y merinas. La ruina del capital será la ruina del capital, y no se ve más allá de esa ruina que vaya a ser peor entonces de lo que es ahora. Pregúnteselo a los famosos cinco millones de parados, a los trabajadores, a los funcionarios de escalas ínfimas y medias... ¡No se lo pregunten a los políticos ni a los expertos en economía!