Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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martes, 29 de noviembre de 2011

Métrica: Versículos


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Cuando el verso se alarga más allá de lo que el lector puede percibir como tal, es decir, en tiradas que sobrepasan las catorce-dieciocho sílabas, y no existe una tirada rítmica (repetición constante o proporcional de acentos), se produce el versículo, que el lector descompone, normalmente según criterios semánticos, en unidades versales menores. De hecho opera ya ese fenómeno con los pentadecasílabos, hexadecasílabos, etc., que se componen de hemistiquios o versos menores (5+5+5; 7+8; 10+7…), que a veces aceptan realizaciones diferentes.
Una ley nunca enunciada dice que los versículos prefieren la escansión por hemistiquios cortos o breves, y que por su propia naturaleza huyen de la escansión por hemistiquios por encima del endecasílabo.
El versículo no es un logro o el resultado del desarrollo de ensayos métricos; al contrario, parece estar en los orígenes de la versificación, ya que procede lejanamente de cantilenas y prosa cantada, tiene detrás formas litúrgicas y, fundamentalmente, bíblicas; bien se puede decir que históricamente es una forma originaria, que reaparece, en nuestra tradición literaria, como resultado de un enriquecimiento de las formas de expresión, como fórmula intermedia entre el verso y la prosa.  En al poesía española actual el versículo aparece como forma mayoritaria, casi al mismo nivel que la silva moderna.
He aquí una estrofa versicular, en un poema de Aleixandre (de Retratos con nombre), en el que todos sus versos son versículos:

17/16     Otra cuenta mayúscula. La serenidad concentrada.
19/20     El enorme saco de la verdad por primera vez sobre el hombro.
24     Al fondo aquel horizonte y, en un esfuerzo supremo, el brazo casi invisible
18     llegando como un camino para todos a tocar la aurora.

He aquí ahora un poema entero formado por tres versículos, de Almudena Guzmán (Usted):

15    Exquisita pendencia la de mi boca y la suya
22    por ese dedo abeja que libó entre murmullos y distensiones golosas
17    las sucesivas floraciones de mi anémona nocturna.

Es un buen ejemplo de su utilización más usual el poema de Blas de Otero copiado en la entrada anterior en donde, al producirse el llamado “verso libre”, el poema acepta la utilización de versículos, en este caso de cuatro, junto a los versos tradicionales y otros que no lo son tanto. En el poema de Blas de Otero, sintomáticamente, los endecasílabos son regulares.
Otras veces los poemas versiculares traspasan esa línea e incluyen párrafos prosificados, por ejemplo “Tú” o “Hengist quiere hombres” de Borges (de El oro de los tigres); o en Poemas a María (1928), de Carmen Conde. De la misma manera que en la poesía libre es fácil encontrar versos tradicionales entreverados de versículos o de versos compuestos, como en este caso, también de Borges:
……
18     El joven ante el libro se impone una disciplina precisa
13     y lo hace en pos de un conocimiento preciso;
13     a mis años, toda empresa es una aventura
7      que linda con la noche.
18     No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,
17     no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;
12     la tarea que emprendo es ilimitada
9      y ha de acompañarme hasta el fin,
12    no menos misteriosa que el universo
7      y que yo, el aprendiz.

Esta última variedad es la abrumadoramente mayoritaria en toda la poesía escrita, digamos, desde mediados del siglo xx. Suele abrirse aun más mediante las transgresiones de todo tipo, entre las cuales la ausencia de puntuación es la más evidente (ejemplos de la poesía moderna argentina, en donde es muy frecuente, incluyendo la obra poética de Cortázar, Juana Bignozzi (1937), Edgar Bayley (1919), parte de la obra de la peruana Blanca Varela…
De esta manera entramos en el dominio de la poesía absolutamente libre, cuyo prototipo podría ser el poema compuesto con fragmentos en prosa y en verso, entre los cuales aparecen versos tradicionales ­­–simples o compuestos--, versículos y versos irregulares. He aquí un ejemplo breve de una de estas posibilidades:

Lloro, porque toda mirada entraña error.
Mas los andrajos, horca, palio y cruz no morirán por este llanto. Mejor, fulgir a solas y rezar en balde. ¿Como el topo? Así: dueño de la penumbra y de su asfixia.
Hablando por hablar. A ciegas. Ojo del corazón, quema el paisaje.

(José Miguel Ullán).

Como toda forma literaria o de un género literario —el de la poesía en verso— el versículo ha sufrido de todo tipo de altibajos, asociables a movimientos estéticos y, por tanto, ideológicos. Aunque tuvo antecedentes en la poesía escrita por mujeres del romanticismo (Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosalía de Castro), casi siempre fue como una suma de versos tradicionales. Así, los modernistas, por ejemplo, se percataron de los valores sinfónicos que tales despliegues podían acoger, y los utilizaron ocasionalmente. Su utilización más evidente fue a partir de los años veinte, por el modelo que supusieron poetas como W. Whitman, Paul Claudel, Saint John Perse… En España, las traducciones de R. Tagore por Zenobia de Camprubí —ayudada, quizá, por Juan Ramón Jiménez-—, de excelente prosa poética, que roza la expresión versicular; los alargamientos versales de los surrealistas; el dilatamiento de las silvas de todo tipo, etc. concurren en aceptar el versículo como un ingrediente más del poema, y así, mezclado con versos tradicionales y con versos libres aparece en numerosos poetas (Vicente Aleixandre, Lezama Lima, Luis Rosales, Blas de Otero, Carmen Conde, José Ángel Valente, Jorge Luis Borges, Martínez Sarrión… hasta invadir la poesía de hoy (Julieta Valero, Pablo Casado, María Salgado....) Libros hay versiculares, como Sermones y moradas (1930), de Alberti; o de tendencia versicular, como Los conjurados (1985), de Jorge Luis Borges y toda la poesía que provocó la imitación de Neruda, desde los años veinte
El verso largo de los románticos preparó su adveniniento y el verso largo de los modernistas, al caminar sobre pentadecasílabos, hexadecasílabos, etc. termina por crearlos. Véase este arranque del mexicano Salvador Novo, con versos silábicamente distintos:

14    Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío,
18    junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo,
17    de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas,
16    sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia

Comienza por aparecer integrado entre versos tradicionales, como un modo de expresión eficaz; o alargando el verso compuesto hasta los límites:
...
7    ¡Oh qué poco pesaba
17    tu derramada inmensidad sobre mi corazón ardiente! (=9+9)
9    ¿Eras toda la tierra ya,
11   y eras todavía todo el cielo!
....
(Juan Ramón Jiménez, Eternidades)

El versículo ha servido, evidentemente, para “derramar la inmensidad”; lo mismo que ahora va a servir para, desde el contraste con el verso simple, sugerir el silencio:

19    Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
23    a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol –en verano—
4     y se calla.
......
(Ángel González)

Todo vuelve a mí con el silencio en que se hunden las estrellas,
elevando mi soledad en un profundo viento como árbol de estío,
y de nuevo soy el fugitivo extenuado en las arpas que las horas tañen,
el amado, el que vio bajar las primaveras de las nevadas del cielo.
…………..
(Arturo Gervasi, Vigilia del náufrago, 1937).

En general, el empleo del versículo abre el poema a la digresión, el estilo sermonal y la expresión circular, razón por la que suele aparecer asociado a todo tipo de anáforas. Un excelente ejemplo de libro versicular puede ser El libro de barro (1993-94) de la peruana Blanca Varela.


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