la vida se me ha ido de las manos,
parece que esto no tendrá remedio;
habrá que decir algo, no sé qué,
tirar lo que nos queda, o recogerlo,
disponer un lugar para el vacío
que ocupe poco a poco los recuerdos;
serenas las sonrisas y los llantos,
tranquilos los temores y los miedos;
llamar a la chinita a la que pago,
que se endulcen sus manos en mi cuerpo
mientras andan los ojos en los ojos,
sin decirse jamás lo de te quiero.
Y caminar al bosque donde duerme
la blanca oscuridad de los silencios.