Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 24 de marzo de 2011

Llama de amor viva


Una nueva edición acaba de aparecer de uno de los grandes poemas de San Juan de la Cruz, Juan de Yepes en el siglo. Va la portada a modo de ficha. Se trata de una de esas laboriosas ediciones críticas a que nos tienen acostumbrados los hispanistas, los italianos en este caso, y cuyo porvenir me parece dudosa, en esta nueva era de imágenes y rapidez, en donde la exquisitez filológica ha de ir quedando poco a poco relegada, me temo. ¿Quién va a consultar las 220 páginas de variantes, cuidadosamente publicadas, además de apéndices, anotación, descripción rigurosa de manuscritos y ediciones? Los cuatro sextetos liras de san Juan (nada se dice de la métrica) despliegan, primero, un interesante comentario en prosa –que ya leerán menos, aunque la prosa de san Juan, al contrario de lo que se suele afirmar, es sonora, rica, precisa– y luego todo un proceso de textos y paratextos abrumador. Proceden de un hecho histórico encantador y sencillo: llegaba el padre Juan a los conventos de carmelitas y las monjitas, normalmente las monjitas, que habían conocido sus canciones y se sabían algunas de memoria, le instaban a que se las explicase y a que les diera conocer más. Y el padre Juan, que había estudiado en Salamanca, desplegaba todos sus conocimientos bíblicos y teológicos para que la exaltación lírica quedara incluida en la ortodoxia simbólica. Eso sí, había que emplear el lenguaje de lo más excelso en la época para atisbar lo más excelso de la piedad religiosa: y lo más excelso era el amor, el lenguaje amoroso, cuyos modelos los daba el lenguaje petrarquista (Garcilaso, por ejemplo) y algunos libros de la tradición bíblica (el Cantar de los Cantares, sobre todo). No es que Juan de Yepes escribiera como Garcilaso, no; es que sus deseos de expresión y exaltación mística se encarrilaban bastante bien por aquellos cauces que estaban en su horizonte cultural e ideológico. Es una cuestión de relativizar las "fuentes" de un texto literario, que pocas veces explica bien. Lo dejamos ahí.
Por exceso de erudición, probablemente, a mí también me ha interesado la historia de los códices que precede al texto, la "recensio", pues conozco muchos (por cierto: una pena que los editores no hayan alcanzado a ver la entrada a Juan de Yepes del Diccionario Filológico de Literatura Española, redactada por Pablo Moíño), pero no sabía de noticias y rincones. Por ejemplo, me han llamado la atención los manuscritos que proceden de La Encarnación de Madrid, convento en cuyos fondos documentales he andado hurgando. Uno de esos manuscritos (el ms. I-31 de la BM Conde Duque de Madrid) fue expurgado en la Encarnacion en 1645, pero remonta a 1614 y se atestigua hacia 1627. Lo mismo ocurre con ms. 528 de la Abadía de Monsserrat. Me pregunto si vino con los papeles de Luisa de Carvajal –coinciden las fechas–. Otro dato interesante es que otro de los manuscritos manejados, que proviene de los carmelitas descalzos de Burgos, procede del Archivo general de San Hermenegildo de Madrid, es decir, de la actual parroquia de San José, sobre cuyo destino de piezas de arte y papeles también he ido  acumulando información (y esta  no la conocía). Por otra nota de los editores veo que al archivo general de san Hermenegildo se envíaban textos y papeles de san Juan para que los examinara Andrés de la Encarnación. Se trata, por tanto, del convento que estaba detrás de la vieja iglesia (en lo que es hoy la calle Infantas). La ubicación actual del ms. (BNE ms. 8795) confirma que esos papeles pasaron, con la desamorización, a la BNE. Lo mismo ocurrió con otros ms, originalmente en otros lugares, como el BNE, ms. 3446, del convento de los Remedios, en Sevilla.
Muchos más datos hay, desde luego; quizá se pueda apreciar don esas dos breves notas la maraña histórica que –como el sistema de cuerdas en la física actual– termina por formar todo el tinglado de nuestra historia.


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