Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 1 de abril de 2011

Métrica (3). Estrofas de siete versos, septetos

 
No es estrofa tan abundante como las que preceden o suceden (sextetos, octavas), pero se encuentra de modo ocasional formando poema de una sola estrofa en la poesía de la segunda mitad del siglo xx, como en Vivo sin padre y si especie; callo…, o No penetra los ázimos hurmiento…, de Antonio Gamoneda, quien acude frecuentemente a poemas de sextetos, septetos, novenas, etc. endecasilábicos. Es una manera de aparecer, como tantas veces hemos visto, de la poesía actual, sobre todo en la libre disposición de los poemas poliestróficos. En septetos arranca la “Carta a mi madre” (1987) de Juan Gelman, aunque luego se deshagan y torturen en formas diversas. Y en septetos endecasil´ábicos comienza el “Monje a la orilla del mar”, de Hilario Tundidor (de Las llaves del reino, 2000).
Puede ser que la tendencia a la armonía y la distribución rigurosa de los conjuntos de versos en las estrofas no favorezca a las que son impares y superan los siete versos (novenas, undécimas, etc.), conjunto en el que resulta más difícil buscar correspondencias y distribuciones sistemáticas.

Septetos decasilábicos

Hasta muriéndote / me hiciste bien; 4+2.4
porque la pena / de aquel edén 4+ 2.4
incomparable / que se perdió, 4+4
trocando en ruego /  mi vieja rima, 2.4+2.4
llevó mis ímpetus /  hacia la cima, 2.4+4
pulió mi espíritu / como una lima 2.4+2.4
y como acero / mi fe templó. 4+2.4

(Amado Nervo)

septetos endecasilábicos
Alguno de los epigramas de Jorge Guillén, en Final, se dispone como septeto de endecasílabos blancos (No emerge el sol como visible esfera…). Ocasionalmente aparecen también llenando algún poemilla, es decir, serie única del poema, como “Inferno”.

Si pregunta por mí, traza en el suelo 3.6.7.10 v.e.
una cruz de silencio y de ceniza 1.3.6.10
sobre el impuro nombre que padezco. 4.6.10
Si pregunta por mí, di que me he muerto 3.6.7.(9).10 v.e.
y que me pudro bajo las hormigas. 4.10
Dile que soy la rama de un naranjo, 1.4.6.(8).10
la sencilla veleta de una torre. 3.6.(8).10

(Emilio Ballagas)


Cada vez que una mano se me ofrece 3.(4).6.10
tiemblo de sombras, a su luz me entrego 1.4.8.10
y su luz una espiga en mi alma acrece; 3.6.8.10
casi de ausencia perseguido y ciego, (1).4.8.10
abro mi mano y tiendo hacia esa mano 1.4.6.8.10
leve la espiga. Luego, qué sosiego. 1.4.6.8.10
Alas la espiga tiene en cada grano. 1.4.6.10

(Antonio Carvajal)

septetos de alejandrinos
Este es el buey que mira / por su’ ojo de buey 1.4.6+3.6
el perpetuo horizonte / con su tiara de fuego 3.6+3.6
la tarde apaciguada  / la prudente llanura 2.6+3.6
los árboles del borde  /  impasibles testigos 2.6+3.6
del ángelus previsto / con su lamento absurdo 2.6+4.6
la pareja que goza /  más acá de las parvas 3.6+1.3.6
y los hombres de tierra / de vuelta en sus cubiles 3.6+2.6
…………….
(Mario Benedetti)

Formas mixtas en septetos
En el Cancionero General se encuentran ejemplos (como el de Cartagena, 156; Antonio Velasco, 24; etc.) con el quinto verso quebrando los octosílabos (abab:ccb).
Lo es la seguidilla compuesta (véase en esa entrada), con ejemplo de Hartzenbusch, que las utilizó con frecuencia, como otros románticos (Ventura Ruiz Aguilera, Vicente Barrantes…).

7 No reniegues, Camilo, 1.3.6
5 de tu fortuna, 4
7 que otros podrán dolerse 1.4.6
5 más de la suya. 1.4
5 Si se repara, 4
7 nadie en el mundo tiene 1.4.6
5 dicha colmada. 1.4

Góngora dejó este septeto De la purificación de Nuestra Señora, de cuatro octosílabos rematados en dos heptasílabos y un endecasílabo:

8 De la vidrïera mejor 4.7
8 en sus brazos de cristal 3.7
8 entra el sol hoy celestial 1.3.(4).7 v.e.
8 en la capilla mayor, 4.7
7 a cuyo resplandor, (2).7
7 sin que más luz espere, (3).4.6
11 Simeón fénix arde y cisne muere. 3.4.6.8.10 v.e.

Septeto de endecasílabos y un alejandrino de María Victoria Atencia (“El puerto”):

Mi tapiado armazón o seno o suerte, 3.6.8.10
mi recto cuello sobre el desnivel 2.4.10
de un agua submarina, prosigue (1).2.6.10
sin otro abatimiento/ sobre el mar y sus olas 2.6 + 3.6
en la ‘ hora  adecuada del deseo 2.6.10 
en este puerto que a la luz se abre  2.4.8.10
sin otro afán que recobrar su nácar. 2.4.8.10

Septetos en versos compuestos y versículos
No es difícil contar siete versos largos en la distribución libre de estrofas de la poesía contemporánea, cuando cada estrofa se compone de número distinto de versos, de desigual medida silábica, así son muchas de las estrofas de Aníbal Núñez en los poemas de Alzado de la ruina (1983), por ejemplo; más difícil es encontrar la estructura del septeto repetida para un poema o formada por un solo tipo de verso, como en este ejemplo de Lezama Lima, con versículos y versos compuestos:

Nuncupatoria de entrecruzados

Si acaso como príncipe rehace las impuestas escalas de la sangre,
como condotiero saborea la indiferencia de la posible
ley del remolino. Recibe la plateada lamprea
de una norma, teniendo que agujerear
la correa que lo ajusta. Viviente fatalidad que ya oye,
tener que abandonar el caballo y el doncel, los aprendidos
combatientes. Y buscar en otra vida sus juramentos y halcones.
…………………………………..

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