Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 4 de mayo de 2011

De la interpretación (I)

 Después de la definición conceptual –seguimos hablando de "Literatura"– y de la consumición del acto literario (leer, escuchar, ver....) viene la asimilación de ese acto a nuestras propias circunstancias, tarea exquisita y compleja que necesita muchas aclaraciones, tantas, que ha producido una extensa biblioteca crítica, ida a terreno filosófico, en donde se establece usualmente en términos de subjetividad/objetividad y trae de cabeza a unos y a otros. Su resultado se llama Historia de la Filosofía. He buscado como ilustración El conocimiento científico, de B. Russell, pero no encuentro el libro en mi biblioteca. Tomo la imagen de una ed. posterior:


El lector sencillo, el espectador, el paseante –la persona normal, vamos– puede andar por la vida acoplando a sus circunstancias todo aquello que le rodea, de hecho no parece que haya otro modo de realizar la operación de vivir; de manera que cuando alguien viene y dice: "He leído el Quijote, qué novela más maravillosa y qué bien narra la operación de los norteamericanos contra Bin Laden". Pues no le podemos contravenir con el "auténtico" significado del Quijote, del que no somos depositarios, ya que él ha puesto en juego para descargar esa significación una red receptora en la que entran componentes muy variados: educación, cultura, formación, circunstancias, información, etc. Y sabemos que de esa red receptora proviene la respuesta. Enseguida nos damos cuenta de que es esa red, sus estancos y procesos fundamentales, lo que tendríamos que indagar.... y lo que se suele manipular cada vez que se quiere que la interpretación se dirija a uno u otro lugar. ¿Hay modo de controlar esas manipulaciones? 
En otra viñeta lo veremos, aunque desde el comienzo ha de quedar claro que cada uno puede interpretar como quiera, siempre que, por su parte y por las mismas razones, no intente imponer esa interpretación a otros y quizá también no manipule para que los demás accedan invariablemente a esa interpretación. Vamos a adelantar, de todas las maneras, que sí que es posible un cierto grado de comunión cuando se consiguen recrear algunas de las circunstancias históricas que produjeron el objeto llamado "artístico" o "literario"; operación tan ardua que yo creo que nunca se realiza totalmente. Pero, vamos, como adelanté, e eso volveremos.

Pondré un ejemplo harto sencillo, el del cuadro que encabeza esta entrada, que he visto en la National Gallery, y que es de una interpretación pasmosamente sencilla por evidente: la representación se centra en el profesor pablo jauralde, derrumbado por la lucha en la universidad (representada por ese castillo al fondo a la izquierda según se mira), con los ojos cerrados ya por la fatiga, sin haber podido alcanzar aquel horizonte de "montañas lejanas" –canción peligrosa–, llenas de luz, que por la luz –símbolo de la sabiduría, como en las odas luisianas, que tanto ama este profe– y la lejanía parecen idealizadas e inalcanzables. También está idealizada la figura del soldado, rejuvenecido escandalosamente para provocar la piedad. Pero el cuadro presenta otras figuraciones claras que nadie podría negar sino por obcecación y terquedad: las dos figuras femeninas y el árbol. 
El dicho profe, en el rincón de su despacho de la UAM
(siempre compartido) redactando esta entrada, en alarde
velazqueño, ayer por la mañana
La matrona de la izquierda, con espada y libro, es la figura del antiguo rector que le dice: "O te sometes a las autoridades o te corto en pedazos"; y lo dice con semblante apacible y natural sereno, para ocultar la inquina que en ello le va. La de la derecha según se mira es otra dama, esta vez rubia, con el cabello suelto, cruzados los pechos por cintas de semillas, recogido el faldón y ofreciendo al caído un ramito con flores de celindas (sobre las celindas, véase más abajo). Casi se siente la fragancia al ver el cuadro. Parece que esta dama está encinta, preñada; es una ilusión, un subterfugio para señalar que la semilla de la bondad, la belleza y el conocimiento –que todo es lo mismo– ha quedado sembrada, por arte de birlibirloque, en quien por la vida va ofreciendo, descalza y sin ostentación. Del omoplato derecho del caído –según se mira– sale recio y seguro el tronco de un árbol que parece, por las hojas, laurel, que apunta a las dos significaciones mayores: la heroicidad de haber trabajado durante cuarenta años en universidades españolas –la una–; la suculencia de las lentejas que el profesor jauralde prepara, la otra; por no extendernos en ramificaciones sin cuento en este y otros detalles que convierten al cuadro en una verdadera joya.

La UAM, prospección

cuñado
¿Ha sido una interpretación subjetiva, objetiva, falsa, posible....? Con buen criterio se juzgará; por si acaso se tiene alguna duda, confirmo con dos nuevas pruebas: la del retrato del amor de su vida del cuñado de la mujer que se cruzó hoy por la mañana en la entrada del metro de Entrevías con con la prima de H. Marraud, la una; y una figuración de la UAM dentro de unos, pocos, años, la otra. Pruebas, me temo, irrefragables (WORD me subraya "irrefragables" como incorrecto).


Estallido de celindas del Retiro, de donde la dama rubia que se ha soltado el pelo cogió con amor su muestra

1 comentario:

  1. =)
    Esperamos las continuaciones... A ver si puedo decir con el licenciado "Yo alcanzo el artificio del coloquio y la invención, y basta." Aunque más bien, aquí como allí, decir eso evidencia algo de ceguera y mucho de soberbia.

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