Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 28 de mayo de 2011

Bibliotecas, pizzas, presidentes.... Nápoles



Va la entrada como la ciudad, muy destartalada; también como van las tareas de las largas jornadas de trabajo, de biblioteca en archivo, con alguna pizza de por medio. El problema de las pizzas ahora es Kennedy, porque hoy, mientras me buscaban los legajos en el archivo del estado, he comido en una estupenda pizzería cercana, que se llama "del presidente", porque en ella comió Kennedy. Y ya son varias. Está claro que el presidente tenía que comer todos los días; luego habrá más. 
He pedido una fuerte (creo que se llamaba "Tarantino"), que me ha atacado como adormidera cuando empecé a leer las peticiones de los soldados españoles a los virreyes. Cuando por fin me han echado de ese enorme caserón, me he ido rápidamente camino del mar, para que la brisa me limpiara el polvo de los documentos y las telarañas de la imaginación.

Biblioteca de la Universidad
 

Y aun antes y hoy he visitado más bibliotecas con fondo antiguo. En la de la Universidad de Nápoles -palacio precioso, ya casi cansa decirlo– me han sacado el cajoncillo de los manuscritos, que me parece que nadie ha tocado desde hace un siglo, y no es exageración. No había nada interesante para este investigador; pero me ha vuelto a llamar la atención el juego de lápidas conmemorativas, primero su cantidad y luego la leyenda, que suele ser –como la de los restaurantes franceses– larga y elaborada, en este caso con ribetes de emoción, tal y como son las tres que reproduzco, una de ellas la dedicada a Benedetto Croce. Cierto estoy que en la Autónoma de Madrid discutirán sobre la que me van a poner en cuantito me jubile. Me regocija la vanidad pensarlo: todos a una peleando por ver qué verbos mejor encarecen el pesar que les embarga por mi ausencia.
Al final, el mar, el mar, el mar.... con todos los colores de un atardecer borrascoso.

1 comentario:

  1. ¡¡Las lápidas!! No hay como los italianos para los discursos grandilocuentes (lo sabemos bien los argentinos que les debemos tanto)

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