Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 11 de diciembre de 2010

Dichos y hechos del Duque de Osuna, de Quevedo

Sobre obras y papeles de Quevedo que andan perdidos por ahí he ido dando noticia –y así lo haré siempre que se me pida– para que se sigan pistas de investigación. Aún así, de vez en cuando me sorprende que en congresos, reuniones, seminarios, prensa, etc. se insista machaconamente en datos falsos. Quizá resulte más difícil de refutar algo cuando ya se le he dado voz en algún momento. Hace poco todavía –la semana pasada– insistía en la equivocación de los datos del padre Fita sobre la prisión de Quevedo en San Marcos. Un par de veces al menos he desmentido que la habitación que se suele enseñar como "la celda donde murió Quevedo" en Villanueva de los Infantes, es la la habitación sobre la que el cronista local –Valle– me pidió consejo para habilitar y amueblar como tal. Todavía guardo las fotos de su primer aderezo. Así lo hizo porque era la mas cómoda para visitar. Y no quisiera extenderme con los huesos que algún alcalde de Villanueva dice que guarda en la caja fuerte del Ayuntamiento, porque, al parecer, las gentes de Villanueva se dan por ofendidas si se les cuenta la patraña.
Simulacro de la habitación donde murió Quevedo,
en Villanueva de los Infantes. Foto tomada por este
 peregrino en los años ochenta del siglo que se fue
 (como la otra de la mesa)

Me voy a referir a otra más importante, porque atañe a una obra perdida de Quevedo y porque, como señalé, todavía en un reciente viaje a Palermo, en un congreso de especialistas, he comprobado que no se sabe bien lo que fue de esa obra y dónde puede estar ahora.

Los "Epitetos del Duque de Osuna" no es una obra fantasma; se sabía que don Francisco la estaba escribiendo, probablemente en torno a 1630; el manuscrito que la contenía, encuadernado en un tomo facticio, fue visto por Rodríguez Moñino, y quizá por Crosby, a finales de los años sesenta. Tengo la carta en la que Moñino se lo dice a Crosby.
En enero de 1963 la librera Victoria Vindel le dijo a Crosby que Moñino, antes de irse a EEU, le iba a dejar la colección documental que poseía sobre Osuna-Quevedo. Esa transación no se llegó a hacer y los papeles, probablemente, fueron a parar a un noble coleccionista, el Marqués de Valdeterrazo, del que enseguida daremos noticia, en tanto Moniño viajaba a América (abril de 1963).

Los papeles que tenía o compraba el Marqués de Valdeterrazo están relacionados, a su vez, con la rocambolesca historia de los testamentos, que hace muy poco han andado en subastas y demás. Recuerdo que el codicilo auténtico, que faltaba, lo ha localizado también hace muy poco, unos meses, Mercedes Sánchez, y que lo hemos publicado en la revista manuscrtcao.

capilla del primer enterramiento de Quevedo, foto tomada por el
peregrino,  engañado por el párroco del lugar sobre muchas
circunstancias
La historia del testamento que ahora ha vuelto a La Torre de Juan Abad, adquirido por el municipio, es la siguiente: Se arranca el correspondiente libro de protocolos de Villanueva de los Infantes  (en donde ocupaba el f. 155r). En algún momento lo compró el Conde de San Luis, en cuya casa lo leyó Fernández Guerra (1852), de manera que sufrió los saqueos de 1854, entre ellos los de la casa del Conde. El siguiente dato nos dice que fue vendido por un "sargento licenciado" a un escritor sevillano en 1861, quien se lo devolvió al Conde de San Luis a finales de esa misma década. El Conde se lo regala a un amigo, cuyos herederos se lo venden a José María Iduarre, Marqués de Valdeterrazo, que todavía hacia 1962 lo poseía en su vivienda madrileña de la calle de Hortaleza. Quizá sea importante señalar que allí lo vio todavía James O. Crosby, el gran quevedista norteamericano, quien me comunicó, hace mucho, bastantes de los datos que intento ordenar.

Procedente de los papeles del Marqués de Valdeterrazo ya han salido, con cuentagotas, a la venta varios documentos, papeles, etc. a los que es difícil seguir la pista, porque aparecen ahora a través de casas de subastas, que o dicen o no dicen su origen y procedencia. De ese modo se vendió el testamento, y de ese modo Mercedes Sánchez ha localizado alguna carta autógrafa.

Y esa es la razón por la que ya hace tiempo dije –y ahora lo confirmo– que Quevedo escribió sin duda los dichos y hechos del Duque de Osuna (así se llama en otras ocasiones) y que más tarde o más pronto acabará por salir.... al mercado, si antes alguien no hace la gestión directa con los herederos del Marqués, como otras muchas gestiones directas que estoy intentando culminar últimamente, entre las cuales una hay que corre cierta prisa: la de que se puedan ver los papeles que Rodríguez Moñino dejó en la RAE, los papeles, no solo su soberbia colección de manuscritos y libros. Y ya de paso, no estaría mal que pudiera obtener fotografía del retrato de Quevedo en el salón de plenos que, aunque copia evidente, me falta para articular toda la historia de sus retratos y representaciones (dibujos, esculturas, relieves....)

No hay que preocuparse si las entradas al blog están saliendo demasiado eruditas; las cosas vienen así; pero tengo en el magín una entrada sobre Jane Birkin, con la que nos podremos volver a la frescura de la vida menos intelectual.

Y también estoy esperando a que Paco Rico diga algo sobre El Lazarillo para publicar una preciosa documentación sobre su autoría. A ver si hay suerte.

A ver.




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