
De la vieja iglesia hay fotografías de mediados del siglo xix, y dos estupendas maquetas en el Museo Municipal de Madrid, poco antes de demolerse, para el nuevo trazado de la zona, por su vetustez. Lo que había dentro de aquella iglesia –parroquia de palacio– se dispersó: el famoso cuadro del milagro del pozo, de Alonso Cano o de su discípulo Herrera, se puede todavía ver en el Museo del Prado. La imagen peregrinó de un lado para otro, hasta instalarse en la aparatosa Catedral de la Almudena actual. El caso es que la imagen –dice Lope de Vega, a quien vamos a seguir con frecuencia en nuestros paseos– “habiendo estado por la inundación de los moros tanto tiempo escondida, aunque ya hallada y venerada en la Santa Iglesia Mayor de esta Villa, no ha querido que se publicase su nombre hasta que de todo punto los hubiese en España...” En fin Lope se está dirigiendo en 1625 a Isabel de Borbón y está recordando la expulsión de los moriscos (1609-1613).



Y por cierto, ante la duda sobre lo que hay, lo que queda, lo que se ha incorporado, etc. lo mejor es visitar cada uno de estos lugares; por eso los paseos.
Una entrada como esta no debe de ser muy extensa; se puede completar con las muy abundantes noticias que ofrecen las páginas de internet, teniendo cuidado de filtrar lo que no venga documentado y huela a legendario.
Para cumplir y terminar la noticia, por lo demás, yo añadiré la nota literaria, que, como ya dije, viene de mano del poema épico, en octavas reales, a la Almudena, de Lope, que en él traza la historia legendaria de España (la Cava, don Rodrigo....) y repasa los casos de otras vírgenes famosas (Monserrat, Pilar, Atocha, Valvanera, Guadalupe....), para recoger la leyenda de la imagen escondida: “Al muro de la puerta de la Vega / entregan la divina imagen....”, siguen Pelayo, Carlomagno, el dios de las batallas, Santiago, etc. “las imágenes santas escondidas / busca el pueblo católico en las peñas....” Finalmente se encuentra y, por cierto y en Lope, es talla de pino (“El pino de que es hecha, siempre entero /a tanta edad se muestra inaccesible....”):
con que antiguo sol Madrid traslada,
atónito el anciano Manzanares
alzó la frente de ovas coronado
y con envidia de profundos mares
la humilde plata al campo dilatada
quiso besar el muro y dio en la arena
granos de aljófar y oro al Almudena.
Después de este final tan garcilasiano, el canto III narra milagros y sucesos, lo que le permite pasar de los Vargas a San Isidro y a sus milagros, entre los cuales se narra por extenso el del pozo. El poema no está exento de cierta belleza decorativa, a veces excesiva; es decir, exagerada por Lope.

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