Después del aplauso me gustaría hacer el distingo, que ya se está haciendo camino razonable por todos lados, me parece. Una cosa es la lectura y la sustancia de la lectura, el diálogo las más de las veces silencioso con un ejército de hormigas que significan solo para nosotros, solo para los pertenecientes a cada comunidad lingüística, y otra cosa es el soporte de esa sustancia cuando se nos da por escrito. El e-book proporciona un tipo de soporte que da prioridad al contenido; en el caso del libro se da importancia tanto al contenido como al soporte mismo y al acto de lectura, de manera que la vieja tradición de tomar un libro en las manos, abrirlo y leerlo se ha convertido en un hábito noble de la condición humana, al que mucha gente no quiere renunciar, aunque le digan que puede tener cinco mil novelas en una pantalla: quieren el libro, las páginas, el objeto, la degustación del acto de lectura, etc. Y eso es lo que con bastante seguridad va a salvar al libro, que no parece que vaya a perder ese pedestal, ni siquiera cuando el e-book entre en etapas de sofisticación maravillosa: hay quien prefiere la situación artesanal. Yo la prefiero también.
Y todos los que preferimos esa antigualla esperamos que los libreros y los editores entiendan que estamos deseando que nos den libros maravillosa u originalmente "construidos" en donde sumergirnos, hoja tras hoja, dejando un marcador o doblando la última leída, quizá apuntando y subrayando, quizá todavía disfrutando con verlos apiñados en la mesita de noche, encima de la mesa o aguardando en una estantería.
Me acaban de enviar –en la misma línea– un programa para "hacer poesía", de google al parecer, con todo tipo de admiraciones, me dicen, porque "escribe poesía muy buena". Prometo una página tras ir a ese laboratorio; pero le fallará siempre un hecho determinante del resultado artístico: la voluntad hacedora humana, que no es lo mismo que la arbitrariedad o el azar. Ya lo veremos.

De entre las librerías especializadas, "Ocho y medio", que así se llaman, vende "libros de cine", a ella pertenecen las fotos que amablemente me dejaron tomar el lunes, naturalmente que después de ver una película en los Golem.
A mí me da la impresión de que hay que aprovechar todo lo bueno que te pueden ofrecer las novedades y todo lo bueno (porque lo malo en algún momento ya lo has desechado) que ya te han ofrecido las viejas ocupaciones del ser humano. Esa librería que describes podrá seguir sobreviviendo. Sin duda alguna.
ResponderEliminar[Siempre que ofrezca wifi: ;)]
En el metro de Madrid hay tres o cuatro manifestaciones de lectura individual dignas de atención, no necesariamente por este órden:
ResponderEliminar1- La lectura individual y silenciosa de libros impresos (¡BiblioMetro es una idea genial de la Biblioteca Pública de Madrid!);
2 - La lectura individual(ísima) de los e-books, sin embargo interesante;
3 - la lectura colectiva (¿?) o individual y sobretodo muy silenciosa de las poesías y trechos narrativos en el interior de los trenes.
Hay también algo más, la ausencia total de lectura… Si hubiera más sillas para uno quedarse a leer o a dormir entre dos líneas…