Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 22 de enero de 2011

Librerías madrileñas (II): Bardón



Bardón


Bardón
Bardón es un nombre de prestigio para los bibliófilos; y un placer a medias para el visitante: ocupa un lugar muy especial en la geografía madrileña, una fachada a la plaza de San Martín, a un lateral de las Descalzas. Y a medias, porque como, por otra parte, es lógico, no es librería para pasar un rato husmeando libros. El local, eso sí, forrado de estanterías con libros, es limpio e impresiona, pero hay que tirar de ordenador, de catálogo, naturalmente. Me tomaré venganza yendo este domingo a la Cuesta de Moyano, que conjuga sol, libros y Retiro. En Bardón estuve ayer a última hora de la tarde, ya noche  –probablemente una de las más frías del invierno madrileño, con el termómetro bajo cero–; entre brevemente, recogí el cataloguillo de la ilustración y no resistí la tentación de sacar algunas fotos de las Descalzas, procurando que no saliera el telón de fondo de un enorme Corte Inglés; un intento vano del fotógrafo para detener el tiempo.... y algo de la desidia urbanística, imparable, me temo. 
Librería cafetería "La buena vida"
Fernando Contreras
Berceo

Callejeé luego por los alrededores, porque, como las cerezas, un lugar llevaba a otro, y me asomé a la plaza de San Nicolás, donde hay otra librería para bibliófilos (Berceo); y aun me asomé a la calle de Santiago (otra más: Fernando Contreras) y así fui terminando mi itinerario –otro día pararé en La Librería, la madrileña, ahora en la Calle Mayor–, entre lápidas y recuerdos (Valle Inclán, Ercilla, Juan de Herrera, Eugenio d'Ors, Larra, Velázquez....), hasta alcanzar la Plaza de Oriente, de donde venía un coro de ópera que no supe distinguir: en una enorme pantalla de la fachada del teatro de la ópera se ofrecía al público externo el concierto que se estaba tocando dentro (¿era el homenaje a Plácido Domingo?). 

Plaza e iglesia de San Nicolás














Bóvedas de San Gil









Definitivamente congelado, entré en el café del Oriente y pedí una chocolate con picatostes; mientras me lo servían, bajé al restaurante y obtuve algunas fotos de la vieja iglesia de San Gil, de las bovedillas de ladrillo sobre las que se ha levantado toda la edificación moderna, y de los restos arqueológicos, sabiamente conservados mediante un piso acristalado que deja ver parte de los cimientos. Reconfortado por el chocolate, calle Arenal arriba, volví a tomar el metro de Sol, nuevo enlace, al parecer muy efectivo, al que le han salido dos ampollas horrorosas en medio de la Plaza, un intento de "modernidad" absurda.


Opera nocturna, con el Palacio Real al fondo




Los alumnos que me soportan y con los que paseo a veces están de exámenes y les he echado de menos; pero al llegar a casa tenía un mensaje de Ely, que me hablaba de algunos finales gramaticales, y le conté brevemente mis andanzas, impresionado todavía por una enorme luna llena que se asomaba al final de mi calle, saliendo por el este de Madrid.
Luna llena al final del bulevar (Madrid, 21 de enero 2011)

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