Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 12 de julio de 2011

AISO, sesiones de Poitiers e Historia

imauguración en el palacio Fumé de Poitiers































En Poitiers se está celebrando la novena edición de la AISO, la Aociación Internacional del Siglo de Oro, con una numerosa asistencia de unas 400 personas. Es una asociación con solera ya, por tanto, de la que ahora a unos 25 años de su fundación se cuenta, a veces, la historia y se recupera cómo se fundó, en qué circunstancias, etc. Casi todo el mundo añade detalles, circunstancias, anécdotas, que terminan por conformar el conjunto de noticias que sustentan aquella solera de la que hablaba.
Como fui el organizador de su primer congreso, el primer presidente, el organizador –en consecuencia– del segundo creo que también puedo contar, desde mi perspetiva, la misma historia, con los aditamentos que sean del caso, para que forme parte también de nuestro “glorioso pasado”: remitiré esta entrada a la actual junta de la AISO, para que no se pierda.
Mercedes Blanco preside y presenta la conferencia inaugural de Antonio Carreira
Porque lo que ya he visto es que las noticias, accciones, personalizaciones y demás proceden de muchos lugares distintos y distintas son según la feria de cada uno: sencillamente, todas las ferias suelen ser ciertas, pero faltan algunas. Y todas juntas hacen fuerza y completan el panorama.
Además de las que ya se han contado, existe otra corriente suplementaria.
Ayuntamiento de Poitiers, recepción oficial
Puerta del Ayuntamiento
En 1980 gané y ocupe mi cátedra de Literatura Española del Siglo de Oro en la Universidad Autónoma de Madrid, ese era su nombre oficial y al que concursé. Solo había otra cátedra igual en España, la ocupaba Alberto Blecua en la Universidad gemela, la Autónoma de Barcelona. Ese mismo año organicé el primer Seminario Internacional Edad de Oro en mi Universidad, con pocos recursos, muchos alumnos y bastante entusiasmo. Me apoyaron mis colegas de la UAM, fundamentalmente Mario Hernández (que eligió el logotipo y dirigió la revista del mismo nombre Edad de Oro) y Antonio Rey, que publicaba algunos de sus primeros artículos en la revista. Como no había ninguna actividad, institución, programa más que el nuestro que acogiera los estudios siglodeoristas nos propusimos continuar con la actividad, que instituimos –junto con una revista del mismo nombre– para que se celebrara anualmente, cada primavera. Al año siguiente llegó como catedrático al mismo departamento de la UAM Domingo Ynduráin, que apoyó sin reservas a EDAD DE ORO, al que pedí que lo codirigiera conmigo, y así siguió celebrándose, con la asistencia y participación de los hispanistas entonces más cualificados. Durante aquellos tres o cuatro primeros años –podría rehacer fácilmente la lista– vinieron a Edad de Oro: F. Yndurain, Lázaro Carreter, Rafael Lapesa, Zamora Vicente, B. Wardropper, Eugenio Asensio, Trueblood, F. Pierce, R. Alberti, C. J. Cela, J.E. Varey, Diego Catalán, A. Deyermond, Elias L. Rivers, López Estrada, Claudio Guillén, A. Martinengo, E. Orozco, Daniel Devoto, A. Redondo, Robert Jammes, M. Chevalier, J. O. Crosby, J.M. Blecua....; aunque también invité, como es obvio, a los más jóvenes: Lía Schwartz, F. Rico, García Berrio, Juan Carlos Rodríguez, Aurora Egido, Alberto Blecua, Maurice Molho, J. Canavaggio, Víctor García de la Concha, R. Senabre, A. Rufinatto, Alfonso Rey, C. Cuevas, J. Oleza, etc. Y a muchos de los que entonces estaban terminando su tesis (y que no voy a enumerar). La nómina de participantes en Edad de Oro durante esos 18 años supera fácilmente los dos centenares.


Es así como unos años más tarde, creo que en 1984 o 1985, aprovechando una reunión de Edad de Oro y de Hispanistas francesess (ese año yo invité a R. Jammes y su equipo, A. Redondo y su grupo de investigación, M. Chevalier, Monique Joly, J.P. Etienvre, etc.) se pidió que se formalizara una asociación, apoyándose en Edad de Oro; la iniciativa partió sobre todo de los hacedores de la revista tolosana El Críticon, cuya cabeza visible era para mí Robert Jammes, y surgió la idea de la AISO, tal y como se ha venido contando, con el apoyo de todos y que iba a coincidir en su primera edición con lo que nosotros veníamos haciendo desde cuatro o cinco años antes. Los consejos, sugerencias, peticiones, etc. fueron muchos, pero absolutamente todo el peso de la organización, conformación, estatutos, cuotas, etc. correspondió a Edad de oro, y particularmente al grupo de alumnos que lo organizaban, en muchos casos hoy, filólogos y profesores prestigiosos. Toda la estructura económica fue invento nuestro; pero recibimos el apoyo inestimable del grupo tolosano, en donde Robert Jammes se apoyaba en Marc Vitse, muy activo en esta ocasión. La primera reunión de la AISO tuvo lugar –copiando la estructura de Edad de Oro, que se desplazaba para partir sesiones– en el Ateneo de Madrid, con más de quinientos asistentes; y luego en Córdoba. Allí fui elegido presidente, en efecto; recuerdo que mi intención e iniciativa fue que se nombrara a Robert Jammes, y que con él hablé y a él le insistí, pero que declinó tantas veces como se lo dije. Tres años después, y siendo yo presidente, se celebró la II reunión de la AISO en Salamanca y Valladolid.
Obviamente Edad de Oro y AISO siguieron después de la reunión de Madrid caminos distintos. Edad de Oro, que era un Seminario ya consolidado de la UAM, al menos mientras yo lo dirigía, durante dieciocho años más. AISO, hasta ahora. En uno y otro caso los motores de la organización fueron grupos de alumnos, alumnos entusiastas que ponían de su parte lo que nosotos ya teníamos más gastado: el entusiasmo. Fue Margit Frenk, en una de las sesiones de Cuenca (ella vino a Edad de Oro al menos un par de veces) la que me dijo: Pablo, no conozco organización de este tipo en ningún lugar del mundo, que comprometa a tantos hispanistas del siglo de Oro. Era verdad.
Quizá sea un buen momento para añadir todos estos datos a los que circulan y airean oportunamente ahora en la AISO, a modo de homenaje a tantos alumnos como se comprometieron para que hubiera una familia siglodeorista numerosa, eficaz, trabajadora.

Por lo demás, sesiones y encuentros suceden como previsto, con armonía, interés y organización. Como asistente y no participante, ni aparezco en el programa ni tengo competencias encargadas, así que puedo moverme con relativa libertad e ir de lo uno a lo otro, como se suele hacer en los congresos. Ayer, por ejemplo, además de escuchar alguna sesión y de asistir a la primera asamblea general, estuve a una “presentación” de proyectos, que fue mas bien la presentación de publicaciones por grupos y personas. Una lástima, por cierto, que no se pudiera haber hecho un hueco para presentar el Diccionario Filológico de Literatura Española, en cuya redacción han intervenido unos 200 colegas y filólogos, y a lo que yo había respondido afirmativamente.
Hay una mayoría abrumadora de ponencia y trabajos rereridos al teatro. Quevedo, de tono menor. Cervantes, en retirada. Etc. Puede que sean los nuevos tiempos.

1 comentario:

  1. En la foto de la conferencia inaugural se pueden ver dos medias cabezas, una de varón calvo (o casi) y otra de mujer rubia en aptitud de cómplices confidencias, indiferentes al discurso del inaugurante...

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