Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 1 de agosto de 2015

El Museo de las Nacionalidades en Kunming

[Mi ordenador me ha reconocido hoy por la mañana y me ha dejado entrar con mi vieja contraseña....]

El viajero va cumpliendo sus obligaciones como puede, no sé si la de visitar todo lo que lleva acento cultural es una de ellas, en todo caso no me agobia demasiado no ver lo que hay que ver; pero me atrae de vez en cuando mi formación pedante –la universidad es un lugar en donde se amontonan los inútiles– y sobre todo me atraen las muestras de realizaciones históricas y humanas, lo que se llama "cultura". Confieso que en algunos museos he disfrutado pero que bien. Y eso me ocurrió en el que no quiero dejar de presentar ahora, que visité hace ya unos días, cuando estaba en Kunming, casi sin haberlo planeado, junto al lago Dian, huyendo de una masa de gente que se concentraba en una ciudad inventada para turistas y compradores. Allí, a unos 500 metros, se anunciaba este museo, que estaba asombrosamente vacío. La entrada anunciaba una arquitectura sólida de líneas rectas y amplias: galerías en torno a un precioso patio en el que crecían todas las plantas de la zona, rincones con una soberbia colección de bonsais, entre las cuales había unas curiosas buganvillas a la entrada, una exposición temporal de pintura popular-original australiana.... 





A la entrada, espaciosa, casi majestuosa, con escaleras frontales que se dividían al fondo buscando los laterales y una gran fuente –que no funcionaba– había unos cuantos niños jugando a la pelota y al escondite, como si aquello fuera su espacio de juego y no un museo. Tenía su encanto.




Las salas que más me impresionaron fueron las de telas, documentos antiguos y música, aunque había otras (enseres, trabajos, antropológicas, agrícolas, etc.) Allí me enteré despacio de lo que son y han representado las minorías étnicas de Yunnan, de la extraordinaria riqueza de las escrituras chinas (voy a llamarlas así, en general) antiguas y de la variedad y riqueza de los instrumentos musicales, que en su mayoría, sobreviven todavía. Domina la percusión y el viento, pero no falta la madera y el arco, casi siempre muy diferenciados de los de nuestra tradición.


Lo de todavía encierra un gesto de admiración, pues, por ejemplo, la documentación antigua (escrituras, por ejemplo) ya se ha recogido en medio centenar de volúmenes en trabajo de muchos, muchos años, que allí también se muestra. Qué profundidad y qué lejanía al mismo tiempo. Hablo a veces de dos mil años antes de Cristo.


En esta breve entrada dejo que se vean algunas de las muestras del museo, que tenía su "shop" (vacío) y delicioso: me he prometido no comprar nada de nada, no facturo maletas en mis viajes. 



Mi visita, larga, tranquila, deliciosa, terminó con un paseo al borde del lago Dai, otra vez. Y conseguí unir arte y naturaleza en aquella ocasión.



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