Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 18 de octubre de 2013

Paseos por el Madrid histórico: La parroquia de San Ginés



Depende de hacia donde se dirija uno, San Ginés le va ofreciendo calles y rincones más o menos gratos, salpicados de historia, desde la misma iglesia parroquial hasta los puntos cardinales que podrían ser: las Descalzas y Callao, la Plaza de Oriente, La Plaza Mayor y aledaños.... el corazón de un Madrid viejo y variopinto. Se puede caminar evocando lo conocido –Lope, Quevedo, el padre Victoria...., los de la lápida–, o recordar otros nombres, como el de Besteiro, cuyas memorias y cartas finales –desde la cárcel franquista– se guardan autógrafas en la Biblioteca Nacional, impresionante testimonio del que se ha publicado una antología, por cierto. O el de Mariano Fortuny, de quien se dice que tomo como escenario la sacristía de la parroquia para pintar "La Vicaría". 



Nada más salir de la iglesia al porche neorenacentista,  una lonja bastante lograda, con remate muy reciente (mediados del siglo XX), que ocupaba lo que se llamaban antaño el "terrero" y que hubo de ser el cementerio. Nada más salir, decía, la hermosa fachada del edificio de enfrente nos recuerda que alli vivió Ruperto Chapí. Está bien la mezcla, que  lo es también en las otras puertas, neorrenacentistas, como la que da a la calle Bordadores, rematada por las armas pontificias. Y en el está bien aludo a la mampostería, la pizarra y el ladrillo, que han sabido reconstruir respetando lo que es la arquitectura madrileña.

Entrada principal, lonja
Otros muchos letreros, por los alrededores, aunque no sé si bien colocado el último de ellos, el del asesinato de Villamediana. Por el momento no creo que nadie se atreva a colocar la lápida que recuerde la mancebía, casa pública o prostíbulo, que en un callejón anejo estaba; aunque el centro de aquella zona era el de San Felipe, desde luego. Detrás de San Ginés, en el callejón que da a la chocolatería, otra inscripción recuerda a otro clásico más desconocido (el capitán "frey Alonso de Contreras", que por allí anduvo preso en 1608), al lado de una preciosa y coqueta tetería, que compite con los churros y el chocolate de San Ginés. Si se rodea por ahí, el callejón toma pared de la discoteca del viejo teatro Eslava (actual Joy Eslava) y termina en la tienda de libros viejos que expone mesas y plúteos a la calle: no es muy rica, pero no desentona: los madrileños están acostumbrados a verla.

Discos viejos y de vinilo


La animada calle 
Navas de Tolosa











 
Entrada lateral (nerorenacentista)



Libreria de viejos
Ni por pienso podemos hablar de los alrededores:  se necesitan muchas páginas. El paseante, que tiene muchas cuentas pendientes con San Ginés –entre ellas la del archivo, que visitó hace mucho, mucho–, se fue hacia Callao, atravesando la plaza de San Martín, por delante de las Descalzas, para perderse por una de las calles más coquetas del Madrid viejo, Las Navas de Tolosa, lugar de tiendas, bares, y terrazas, ahora tomada por los turistas. Hacen bien los turistas en buscar allí discos viejos, menuses vegetarianos y recalar en La Central, que es lo que yo hice, para poner en orden mis apuntes, porque San Ginés –aun con guía– es un museo muy desigual y de la que se suelen repetir bastantes cosas difíciles de creer, como todas las que rodean a la leyenda de San Isidro Labrador (que se inventó mucho más tarde), o la atribución de obras de arte, entre las que las más discutidas son las del altar mayor (si es o no de Ricci, si se quemó y luego se reconstruyó, su relación con el boceto...), la de los ángeles de Pompeo Leoni, quizá de su taller; y el misterio –que sin duda yo no he sabido resolver y ha de ser fácil– de los tapices flamencos.



Engaña San Ginés al paseante, porque es un rincón del Madrid viejo cosido y descosido mil veces, que guarda sin embargo cierta armonía con ese juego de portadas, una loggia que en realidad es neoplateresca (de finales del siglo XIX, 1872) y las lápidas que anuncian que allí se bautizaron Lope, Quevedo, el padre Victoria.... podría haberse ampliado la lápida, pues en los archivos históricos san Ginés documenta intensa vida de corte desde mediados del siglo XVI, y aun para entonces los noticieros de la época contaban que era una de las viejas iglesias extramuros de las murallas, e incluso hay quien aventura un origen mozárabe. Son relativamente recientes los hallazgos de documentación que se remonta al medievo. La que se suele citar del AHN y que remite a 1156 está en entredicho (hay que corroborar la autenticidad del documento, creo que es el que alude a San Isidro). De modo que de allí nos vamos a mediados del siglo XIV, cuando sí que hay un documento fehaciente. 

Judas Tadeo tiene muchos fieles
Lo que sugiere todo este juego de noticias es que San Ginés siempre estuvo en el centro de la vida de la ciudad, y que alcanzó algún tipo de esplendor al menos desde unos veinte años antes de que se declarara corte (circa 1560), pues ya en 1544 se separa del monasterio de San Martín (AHPM, 14), que a su vez se había segregado del venerable monasterio benedictino, es decir, que la feligresía iba creciendo según iba creciendo la ciudad y que San Ginés y sus alrededores fue de los primeros sectores ocupados y habitados. A veces suena a nuevos ricos, pues el juego documental del AHPM (mucha hay también en el AHN, en esta serie indico solo la del primero y me limito a señalar el protocolo en donde se encuentra, mediante “p”.) detecta burguesía cortesana y muchos artistas –y lo ofrezco casi a palo seco, con su ubicación:





Detalle de la Capilla del Santíimo Cristo, con el Cristo de la Humildad, de Alonso Cano



















 En 1544 se separa del monasterio de san Martín (p. 14) que a su vez se había segregado de monasterio benedictino. De 1557 son las condiciones para hacer la sacristia (AHPM, p. 83).– 1562 se entierra Juan Meléndez (p. 400).– 1564 se entierra un espadero (p. 754).– 1571 se manda enterrar el tapicero Pedro de Carrión (p. 746).– 1571 se manda enterrar el pintor Rodrigo de Guernato (p. 746).– En 1575 enterramiento del capitán Antonio Esquivel (p. 459).– En 1580 el cura Damián apaleó al hijo del labrador Francisco de la Morena y le causó heridas en la cabeza, que el labrador le perdonó (p. 571).– En 1582, trabajos del dorador Francisco Gutiérrez y otros (p. 807).– En 1582 allí tenía su enterramiento el dorador Francisco Hernández (p. 1167).– En 1582 la viuda del pintor Cristiano de Amberes funda censo a favor de la cofradía del Santísimo Sacramento (p. 807).– En 1583 se manda enterrar el entallador Pedro de Quevedo (p. 669).– En 1583 se entierra allí Juan de San Juan, alguacil de la casa y corte (p. 24846).– Ya en 1588 funciona una cofradía del Santísimo Sacramento (p. 846).– Enterramiento en 1590 deFelipe Laso (p. 1682).– En 1591 se entierra Pedro Bertén, flamenco, cantor de la Capilla Real (p. 1310).– En 1591 se entierra Antonio Fernández de Victoria, médico de cámara de S.M., en la sepultura de su padre (p. 1804).– De 1594 son las condiciones para ensamblar el retablo por Juan Martínez y Mateo González (p. 1797).– En 1594 se entierra Nicolás de Espinosa, platero (p. 929).– En 1595 se bautizó el hijo de J. de Villanueva y J. Hernández.– En 1598 se entierra a María Manuela, viuda del capitán Antonio Esquivel (p. 932).– En 1599 Rodrigo Pérez de la Huerta, presbítero y capellán (p. 2604).– El mismo año se entierra también Leonor Blázquez de Acuña, viuda del licenciado Rodrigo de Luján (p. 3536).– En 1604 Andrés Pérez y Melchor Quijada, pintor, se conciertan para hacer el retablo de la capilla de Catalina de Salmerón (p. 1048).– En 1605 Juan Zambrano, pintor, cobra dos cuadros que hizo para Catalina de Salmerón y que se pusieron en su capilla (p. 1048).– En 1608 Lucas Hernández, maestro de obras, firma las condiciones para construir la iglesia (p. 2197, f. 1365).– En 1608 se manda enterrar Pantoja de la Cruz (p. 2806, lo publicó Kusche).–1612 José Gaitán, dorador, y su mujer quieren vender la sepultura que allí poseen (p. 3569).– En se entierra Estacio Gutiérrez, pintor y dorador (p. 1864).– En 1614, María del Prado, doncella, hija del doctor Prado (p. 4434).–  En 1615 allí tenía su enterramiento y capilla G. de Barrionuevo de Peralta (p. 4223), que creo que es el padre del autor del Barrionuevo los Avisos de Madrid.– En 1618 pie que se le entierre la mujer del platero Juan Arce (p. 4725).– Lo mismo hace en 1619 el espadero Francisco Gutiérrez (p. 4941).– En 1624 lo testa el capellán Francisco de Rojas (p. 3598).– En 1625, enterramiento del platero Alonso Tofiño (p. 2676).– En 1635 testa Jerónimo de Nevares (p. 3697) su enterramiento.– En 1639 entierro de un bordador (p. 6809).– En 1660 se manda enterrar Francisco Morales, maestro del arte de la pintura (p. 7744)....

Capilla de los Barrionuevo
Todas las leyendas e historietas indocumentadas aparecen ya en la última guía sobre el templo y en Gerónimo de la Quintana (1629), contaminado, como los primeros historiadores de la capital, por los falsos cronicones (Dextro, fundamentalmente), por ejemplo al atribuir el nombre a un Gines, mártir, de la época de Juliano el Apóstata, cuando se trata del santo francés, martirizado en Arlès. Empieza a ser más cierto que un capellán de Pedro el Cruel (finales del siglo XIV, es el documento al que antes aludimos) logró dinero de limosnas para arreglar la capilla del Santo Cristo. Quintana salta de esa fecha a 1483, cuando compran la capilla mayor para su enterramiento un caballero castellano y su mujer. Y continúa narrando la historia de la “capilla del lagarto”, que en 1520 labró un indiano –Alonso de Montalbán–, aposentador de la Reyes Católicos, que encontró una imagen de la virgen al ir a cazar un caimán, “la cual es de talla, de muy hermosas faccciones, tiene el niño al lado izquierdo, como las muy antiguas, es solo de medio cuerpo arriba, y muy bien acabada....”, y la trajo y depositó en una capilla bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios, junto con el pellejo y otros restos del caimán. No busque el paseante el lagarto –ya me lo advirtió el guardia jurado.




Lo más interesante puede ser la “capilla del Alma” –así se llamó por el gran número de misas que en ellas encargo García de Barrionuevo de Peralta, fallecido en 1613 a los 93 años de edad; de lo que queda lápida, es el padre del Barrionuevo de los Avisos.
Luego, todo el resto del templo deja una mezcla de oscuridad y pastel rococó en la que es difícil encontrar objetos artísticos de excesivo interés, como lo son El Cristo de la Humildad de Alonso Cano, el escondido cuadro del Greco, los ángeles de bronce y algunas joyas de plata y orfebrería. Recientemente a los pies de la nave central de la capilla del Santísimo Cristo se ha colgado un Ángel de la Guarda de Antonio de Pereda y se han traído algunos otras cuadros interesantes. Y todavía impresiona el Cristo caído (1698) de Nicolás Fumo, a modo de "paso", en una de las capillas. Si las obras de arte bailan, lo que queda es mucho mejor: la colección de rejas de las capillas, la cúpula de la capilla del Santísimo Cristo (es la que se ve desde fuera, al lado de la torre) y lo que no se puede visitar (sacristía, enterramientos, sótanos....) 


Alrededor del Arenal de San Ginés –los desniveles del terreno que se rellenaban con arena – se hicieron construir palacios y viviendas los cortesanos más poderosos, que así tenían por vecinos al Rey: la Duquesa de Nájera, la de Olivares, la de Juan de Córdoba y Zelenque (existe la calle de este nombre), la del Duque de Arcos y Maqueda (donde hoy está el palacio del Marqués de Gaviria), la del Conde de Fuentes, etc. hasta llegar a la Puerta del Sol. El recorrido, hoy, muestra otras curiosidades, pues aunque permanece el nombre de la calle (Bordadores, Hileras, Herradores....) y un cierto y discreto encanto de casco viejo, predominan las hermosas edificaciones de comienzos del siglo XX al lado de las casas más viejas, remodeladas, con algunas lápidas que recuerdan por allí a Goya, Ruperto Chapí, Velázquez.... Bien pudieran haberlo hecho también a Alonso Cano y otros artistas, que tenían en aquella zona vivienda y estudio o taller, nuevamente en las cercanías de Palacio.
El visitante hará bien en recoger una guía de capillas, altares, cuadros y demás objetos de culto y adorno, aunque ya he citado lo más interesante. Encontrará más pinturas de José Sánchez Villamandos (frescos) de Antonio de Pereda, Antonio Palomino,  José Antolínez, Gerard Seghers, Pieter van Lint, etc.



El doce de octubre de 1641 Pellicer anota en sus avisos: “La Torre de la Iglesia de sn Ginés, parroquia de esta corte que estaban derribando para fabricarla de nuevo, estando a los fines, cayó lo que faltaba y mató a tres personas el jueves”. Lo recogen todos los cronistas y noticieros, José Antonio Álvarez de Baena dice que “se derribó toda la iglesia”, lo que no es del todo cierto, ya que se conservaron algunas capillas. La nueva fábrica se logró en tres años (se colocó el santísmo el 25 de julio de 1645). Baena documenta para la segunda mitad del siglo XVII la renovación de la capilla del Santísimo Cristo de San Ginés (terminada, sobre la bóveda, en 1656), con otras tres imágenes de Cristo (del siglo XVIII).
A finales del siglo XVIII Ponz la describe y señala que la escultura del santo Cristo “es de las imágenes de escultura más mal hechas que hay en Madrid” y, al describir los cuadros –Ricci, Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia, Claudio Coello, Lucas Jordán, Carreño....– observa ya “de lo mejor, más expresivo y bien colorido de Alonso Cano” su original cuadro del Calvario (se le suele llamar Cristo de la humildad); por cierto que al granadino atribuye también “en un pilar de los de al lado de la epístola... en un altarcito, San José con el niño, y en el remate, la Anunciación, pinturas....” Nada dice de un “pequeño cuadro del Greco” en la sacristía de la capilla del Cristo, que anota otro cronista en 1815 (Paseo por Madrid o guía del forastero en la corte) y que ahora es una de las joyas de la parroquia, que se muestra solo los sábados a los vistiantes entre 11,30 y 12, o algo así. Yo no he podido volver a verlo en ninguna de las ocasiones que lo he intentado, como tampoco el tesoro de la Sala de Juntas, ni el de la Sacristía. Vaya.
La última remodelación fue la del año 2000.

En 1824 sufrió un incendio pavoroso “en el que pereció el gran cuadro del altar mayor, obra de Francisco Rizzi” (Mesonero) y hubo de reedificarse toda la cabecera de la iglesia, por eso hay que tener cuidado en no seguir atribuyendo la pintura del altar mayor a Rizzi (me dicen que se restauró, ¿...?), del que sí puede ser el boceto que se conserva de la vieja pintura, y que se expone en altar lateral. Es probable, como dice Tormo que todo se repusiera y rehiciera durante esos dos siglos, de lo que hay escasa noticia, por lo que hay que ver y adivinar casi todo; el historiador, en 1927, alababa como lo mas bello “los tres retablos, tan clásicos, de la cabecera, bajo Fernando VII” y se detiene en la descripción de la capilla del Cristo, en donde por ejemplo los cuatro ángeles en bronce con instrumentos de la pasión, atribuidos a los Leoni, que ahora ya se dan tajantemente como de ese taller. Tormo es quien identifica el Greco, la mejor de las Purificaciones del Templo, en la salita de juntas a la que se accede subiendo desde la sacristia, etc. Y los diez tapices flamencos del s. XVI, que yo no he llegado a ver ni a saber en dónde paran. Alguien me lo dirá, pues tengo concertada fecha para visitar el archivo.


Torre y chapitel, muy madrileños, sirvieron de  pararrayos y obraban el milagro de iluminarse, por un efecto natural.
De 1541 es la extensión de la parroquia de San Luis Obispo de Toledo, cuyo edificio nuevo se comenzó en 1679 y fue terminada en 1689 por el maestro Tomás Román. Añadamos alguna nota bibliográfica antigua, para devotos:  Angulo Velasco Triunfos festivos.... santo cristo de San Ginés  (1656).
Se suele atribuir el trazado primitivo, al menos de la capilla del Santo Cristo, a Jerónimo Herrera Barnuevo –desde luego hay documentación en el AHPM al respecto; en todo caso la fachada es de José María Aguilar (18701872) y una de las últimas restauraciones importantes (2000-2001) se debe a Eduardo González Mercadé y Carlos Jiménez Cuenca (p. 7682).








1 comentario:

  1. Hace poco estuve en la Casa Museo Lope de Vega y en la visita guiada dijeron, si no recuerdo mal, que el capitán Alonso de Contreras estuvo alojado en una de las habitaciones del segundo piso. Creo que los dueños de las casas de dos plantas debían reservar una habitación para soldados o enviados del rey. Precioso y muy interesante el reportaje, Pablo, me ha encantado. ¡Gracias!

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