Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 15 de junio de 2011

"....et iam summa procul villarum culmina fumant...."

....et iam summa procul villarum culmina fumant
maioresque cadunt altis de montibus umbrae.

Sí, ese es el final del día y de la primera de las églogas virgilianas, que hemos venido citando a intervalos –referencias a los tamarindos, a los avellanos, a las hayas y los fresnos....– a propósito de la nueva edición de las églogas en la versión de fray Luis de León, que para estos versos dice:

Y ya las sombras caen de las montañas
más largas y convidan al sosiego;
y ya de las aldeas y cabañas
despide por los techos humo el fuego.

La versión ha sido motivo de análisis y comparación en muchas ocasiones, entre todas ellas, exhaustivamente, por Margarita Morreale, la gran hispanista italiana (de su libro Homenaje a fray Luis de León, 2007; reseñé ese libro en la RFE), porque como bien señala el editor –Antonio Ramajo– es un lugar común literario. Quizá más –y ahora es argumento de Dámaso Alonso frente a Curtius– es un lugar común de la condición humana: llevar a la propia vida el declinar de los días. Poligénesis.
Sin embargo, cada uno lo hace con sus propias palabras y desde sus peculiares circunstancias. Dudo mucho que el poeta culto y urbano actual contemple el avance de las sombras cuando el sol se pone tras las montañas; o que le sugiera la intimidad del retiro hogareño el humo de las chimeneas. Del mismo modo me parece que solo forzando su conciencia lingüística un escritor actual, cuidadoso de su estilo, hubiera elegido "largas" para calificar a las montañas más elevadas ("altis"); "convidan" para la querencia de tranquilidad y "sosiego" (una de las palabras españolas que se puso de moda –según Menéndez Pidal– por las maneras de Felipe II).  Quizá tampoco hubiera empleado el escritor moderno "despide". Hay un sutil estilo de época que impregna las versiones luisianas, que son casi perfectas, siempre que se mantengan en el último tercio del siglo XVI y que, como tales, las leamos y las admiremos.
Cada vez estoy más convencido de la sutilidad de la interpretación histórica, que tantas veces nos da la clave para el entendimiento cabal de un texto, de un objeto artístico, de un suceso, de una teoría; y que hemos de saber traer hasta nosotros, para relativizar también nuestros textos, nuestras palabras, lo que construimos, hacemos y pensamos.

1 comentario:

  1. Fantástico. Tus palabras de filólogo y el estilo de Fray Luis que es de lo que más me enamora de la lengua castellana.
    Ojalá podamos acceder pronto a este volumen en Buenos Aires (entre nos te cuento que toda esta nueva época de Castalia con esas ediciones y obras tan fabulosas se nos hacen imposibles por aquí con el cambio actual ¡las delicias del tercer mundo!)

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