Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 26 de abril de 2011

El feirón












Con ese superlativo tan peculiar se llama el comercio ambulante que se concentra en determinadas fechas en lugares –pueblos grandes– de algunas comarcas. Desde hace algunos años, el primer domingo de cada mes tenía lugar el de Cedeira; aunque ahora me he encontrado con que se ha extendido a dos domingos al mes, uno de ellos ha sido este, el de Resurrección: los puestos, camiones, vendedores, etc. se sitúan a lo largo del río, en el centro de la ciudad, y allí exponen y venden su mercancía. ¿Qué mercancía? ¿Son artesanos? Poca artesanía hay, como veremos, aunque sí el resultado, ya escaso, de actividades típicas de la comarca, que es lo más interesantes: vienen una docena de mujeres con lo mejor de lo que han cultivado y recogido recientemente:  judías verdes, cebollas, patatas, coliflores, nueces, ajos....; también venden sus productos los apicultores de la zona, entre los cuales mi buen amigo Andrés, el que el verano pasado me ayudó a librarme de una colmena que se instaló en la pared de mi cocina –finalmente utilizamos polvo contra escarabajos–; algunas mujeres también venden queso fresco o requesón; nunca falta el camión del pan, carísimo, una hogaza puede costar tranquilamente los cuatro euros; y luego están los vendedores de plantas y árboles, tanto de posturas como de jardinería.
Lo curioso es que si uno pasa de la señora con sus cuatro cosas en el puesto –sea de frutas y verduras, de aperos o de embutidos y quesos– los productos ya no son solo los de la tierra. He vuelto a hacer la prueba preguntando en el camión de frutas y verduras –precios bastante baratos, por cierto– por los pimientos rojos: igual de caros que en Madrid “porque, sabe usted, vienen de Almería”. En la interesante exposición de aperos, los cuchillos asturianos –mango de palo– están– hechos en Portugal. En la tienda de quesos y embutidos, con buenos salazones, quizá lo más genuino todavía, los quesos más de los quesos –junto con algunos gallegos–, vienen de la estupenda granja palentina de Valdeluz, son de tipo manchego.... y así con los orujos, los vinos, etc. Realmente, si uno quiere hacerse con algo que tenga sabor auténtico del lugar, lo mejor es comprar un bote de miel, unas judías verdes, una lechuga “de manteca” y, en la tienda de plantas, alguna camelia, quizá una azalea y sanseacabó.
¿Y qué hay en el centenar de puestos de venta restantes? Ropa, zapatos y ajuar. Decenas de zapaterías de las de todo a seis euros, entre los cuales va siendo ya difícil encontrar un zapato que era muy práctico vestir en el norte: impermeable, totalmente impermeabilizado para el agua, con alguna variedad que se calzaba encima del normal, como una gabardina de los pies, a modo de zueco, pero en goma o plástico. En cuanto a la ropa, siempre me ha asombrado la cantidad de bragas y fajas de tallas grandes de estos mercados; sus razones habrá. Miro las tiendas, miro las señoras, juego con la imaginación: no, no es para tanto ni está tan generalizado.
Finalmente, todo el feirón está ya tomado por el comercio de emigrantes, que han de tener sus propios canales de distribución mayorista: los latinos, generalmente de ropa y adornos; los africanos y magrebíes –gafas de sol, relojes, imitación de marcas conocidas de ropa y bolsos, electrodomésticos y aparatos eléctricos...– En estos dos últimos casos es lo mismo que se puede ver en cualquier otro lugar de la Península. La globalización opera también –¿o sobre todo?– desde la base.
¿Y chinos? No he visto; pero siguen teniendo sus dos o tres comercios concurridos en la población.
El feirón termina al mediodía, que es el momento adecuado para tomarse un churrasco o un pulpo en la carpa de Carmiña, donde se asan en parrilla, o se prepara el pulpo en caldera de cobre, como se ve en la ilustración. Mientras se lee La Voz de Galicia y se ve llover sobre la ría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario