Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 8 de abril de 2011

Un escolio para seguir investigando sobre Villamediana

Para seguir recogiendo datos e interpretando la poesía de Villamediana me ha surgido un nuevo enigma. De entre los papeles allegados algunos son autógrafos, presuntamente autógrafos, tal aserto se basa en haber localizado previamente en el AHPM documentos de Villamediana y por él firmado, ante notario. Con uno de ellos rehicimos y presentamos su letra en la Biblioteca de Autógrafos Españolas (volumen I). Con esa seguridad he venido trabajando.
Sin  embargo, a mitad de camino, me ha surgido este otro –esta vez proviene de la Biblioteca del Palacio Real–, inequívocamente suyo, de 1610, porque se encuentra en la correspondencia del conde de Gondomar, embajador en Londres, en un corpus de documentos auténticos, y porque lo que en él se dice cuadra perfectamente con otra serie de documentos localizados en otros lugares. Reproduzco el final de la carta en cuestión. 

Lo que perturba es que en la hoja segunda se repite que ha mandado copiar la carta porque su letra es muy mala, ¡pero luego firma con ese mismo tipo de letra, que es también la que tengo documentada del AHPM y del archivo del Palacio Tavera, en Toledo! 
Puede ser la solución que la mano que apostilla a modo de postdata Perdone v.m. la mano ajena / que por no dalle a descifrar / tan mala letra lo hago es la misma que firma con rúbrica (firma atestiguada por el AHPM) y que ambas son distintas que la del amanuense del resto de la carta. Lo que perturba es que no nos parece "mala letra" la de Villamediana; al contrario, nos resulta conformada, madura, elegante, como corresponde a persona de gusto exquisito, que así era él. 
En fin, revisaré todo y pondré en danza a los paleógrafos que me ayudan a resolver estas cuestiones: Dolores Noguera y Pedro C. Rojo.
No está mal dar a conocer, de todas maneras, estos accidentes de la investigación.
Por cierto y finalmente, en mi próximo viaje a Nápoles llevo también en cartera a Villamediana, aunque con poca fe: la mayoría de los archivos y centros documentales en los que había husmeado –buscando documentación del virreinato– se habían destruido durante la última guerra. Intentaré contarlo.

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