Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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miércoles, 13 de abril de 2011

El "flanêur", intraductible

No encuentro una correspondencia exacta entre esta expresiva palabra francesa y su traducción usual al español como "paseante", ya que el término galo añade unos jugosos matices que abarcan aromas de los términos 'despreocupado', 'curioso', etc. Incluso añade matices de otra palabra francesa de traducción siempre peligrosa, "nonchalance".
Esta vez lo he descubierto no por intentar traducir el término –que empezó a ser usual en la novela francesa del siglo XIX– sino al no encontrar la palabra adecuada para definir esa actitud entre pedante, curiosa, vagamente intelectualoide del burgués moderno cuando deambula por la ciudad como observador privilegiado, distanciándose de plebe urbana y otras gentes por eso prurito "culto" con que va impregando la vida a su alrededor, creyéndose probablemente capaz de ver mucho más allá de lo que ocurre. 
Pues bien, esa actitud, lamentablemente, es la de este menda, me temo, cuando va por ahí. Bien es verdad que al proclamarlo da un paso más –no me quiero poner estupendo precisamente ahora: proviene de un pensador que está muy de moda, W. Benjamin– e introduce una perspectiva irónica que intenta quitar algo de hierro a esa actitud, a esa pose de intelectual venido a espectador sabiondo. Ya vendrá quien sobre esos dos sustratos, el del flaneur y el de irónico, añada algún matiz del que todavía no soy consciente. Tengo que mirarme de lejos, y todavía no sé.
El flaneur va a terminar esta entradita con unas cuantas ilustraciones que parecen carecer de grandeza, por si acaso: estuvo en Albacete –provincia y ciudad que suelen pasar sin pena ni gloria– y obtuvo, entre otras cosas, unas cuantas fotos nocturnas, impresionado por un muro blanco, con árbol gigante y luna creciente –que eso le puede ocurrir a cualquier ciudad. El muro blanco no pertenecía a un convento de dominicas medievales ni nada que se le parezca.... es el de la feria. ¿Será una lección?

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