Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 7 de octubre de 2010

Para qué sirve un congreso...

A lo largo de mi vida, en el campo profesional, he organizado y he asistido a multitud de reuniones, seminarios y congresos: cuando no tienen una función específica de cara a alumnos o inscritos, es decir, para enseñar o formar, lo más valioso de estas reuniones estriba en poner en contacto a personas que están trabajando en campos afines; aunque ese no sea su único objetivo y resulte fácil hacer retahíla de otros muchos
Me gustaría ejemplificarlo con el que hemos terminado, hoy al mediodía, en Palermo, que sigue con una segunda parte en Nápoles a la que yo no asistiré, para no perder clases. De ese modo se emula lo de pasar de un virreinato (Sicilia) a otro (Nápoles), como hicieron el duque y los suyos, siguiendo a su vez un itinerario habitual en la carrera político-militar.
No podré decir todo; pero bastará con señalar, a modo de ejemplo, que hoy por la mañana he podido escuchar un madrigal que sin duda paladeó Quevedo durante su estancia en Nápoles. Nos lo han contado los profesores del departamento de música de la universidad de Palermo, entre ellos Anna Tedesco, quienes seleccionaron para nosotros un precioso y conocido madrigal de Guarini, que aparece en el Primo Libro di Madrigali, a  5 voci, di Giuseppe Palazzotto e Taglavia, publicado en Nápoles en 1617, y dedicado, en español, al Duque de Osuna. He aquí el texto:


Cor mio, deh, non languire
che fai tero languir l'anima mia
odi i caldi sospiri: a te gli invia
la pietate e'l desire...
si ti potessi dar morrendo vita
morrei per darte vita,
ma vivi, ohime, che ingiustamente mori
chi vivo tien ne l'altrui petto il core


Espero no haber desbarrado mucho en la copia, en las exposiciones de los congresos todo se suele remitir a su publicación, y la publicación se toma como garantía de congreso serio; aunque esto va cambiando, por la crisis y por los medios de difusión modernos.
Inauguración del congreso, en el Rectorado, de espaldas A. Redondo y Miguel Spottorno; de frente G. Mazzocchi
Muchas cosas he aprendido sobre Quevedo y su mundo, desde luego, y no son sólo las musicales, ni el enlace de Quevedo con el madrigal napolitano, de tan rica tradición. En el libro de Palazzotto se difundían, nos dijeron, entre otros, versos del propio Guarino y de Marino. Intentaré ver si está en la BNE. Otra pista que creo haber empezado a resolver, gracias a la información de Enrica Cancelliere, como dije, es la del retrato al que se alude en uno de los sonetos de Quevedo al Duque, que nadie, que yo sepa, ha encontrado y reproducido. No es fácil de encontrar una imagen adecuada del duque de Osuna; el congreso usó para uno de sus carteles una amplificación a partir de las monedas acuñadas con su efigie, de perfil demasiado borroso.
Instituto Cervantes en Palermo
Agustín Redondo recogió y comentó muy oportunamente las relaciones de sucesos (1611-1620) que difundían las acciones del duque en el Mediterráneo, contra el turco; no se había hecho; y allí nos encontramos todos hablando de los problemas del Mediterráneo durante aquellos años, trabajados y comprendidos por Miguel Ángel Bunes –que nos hizo una exposición muy sugestiva– y María Caterina Ruda; incluso alcancé a comentar con ellos la larga introducción de Gómez Canseco a "La gran sultana...", de Cervantes, que se acaba de editar (2010). Le pedí a Miguel Ángel –que tantas cosas sabe bien de ese universo– que me explicara algunos pasajes todavía extraños para el lector actual, como eso de que en los primeros personajes aparecieran blandiendo "varas de membrillo"; que Miguel Ángel pensaba que así se aludía al castigo de los cautivos. Alguna precisión más se necesitará. De la misma manera, he pedido a Ferdinando Maurici que me haga llegar los dos volúmenes que inventarían las 200 fortalezas que cubrían el perimetro costero de Sicilia, y que él acaba de terminar. Se pueden emplear para playas, con su morbo histórico, militar, artístico y pedante. 
De este tipo de información se nutre uno muchísimo. Es decir, se abren nuevos caminos a la investigación y al conocimiento.
De otro tipo es la información que se adquiere sobre la organización académica y docente (universidades, departamentos, academias...), por ejemplo, la del curioso Instituto Cervantes de Palermo –qué satisfacción encontrarse con que funcionan bien, están bien organizados y nuestros colegas en el extranjero agradecen su apoyo–, muy cerca del viejo mercado (la Vucceria), por eso hablo de "curioso", como un oasis. Allí celebramos una sesión y de boca de su director, Miguel Spottorno, supe cómo va nuestro idioma en la isla, la maravillosa, destartalada y cálida isla de la que mañana me despediré con un "hasta otra". 
Biblioteca comunal, claustro de la casa profesa de los jesuitas, donde se ubica
Y quedan luego las aventuras personales de cada investigador, que en mi caso pasan –están pasando– por ver los fondos de las dos bibliotecas de mayor riqueza histórica, la comunal, y la regional. Ya dije que en la comunal no me permitieron ver un manuscrito quevediano (y luego todo el mundo me señaló que hubiera tenido que dar un rodeo... Ya no me da tiempo). También pasan por el Botánico, al que dedicaré la mañana del viaje, y una serie de cuadros y edificios... sin olvidarme de los mercados. De eso a lo mejor hablo en otro momento, que esto se alarga demasiado. Mas para que no quede todo serio y académico, añado una foto de una cena colectiva en un restaurante tradicional a donde nos llevaron nuestros colegas sicilianos. Allí Agustín Redondo, su mujer Jacqueline, el menda lerenda y María Caterina Ruta, enfundados en babero, nos disponíamos a dar razón y cuenta de una pasta, con sardinas frescas y una salda de pan rayado y frito. Lo contaré. 
Contaré que me he comprado una "Tunecina" (87 céntimos).




4 comentarios:

  1. Y que lengua era la oficial. Inglés?

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  2. En los congresos se suele hablar lo que salga, y casi siempre es el español, desde luego, además de la lengua del lugar, en este caso el italiano. Mi experiencia es que la lengua no es casi nunca un problema; yo hablo mal casi todas, porque es el signo de mi generación, provinciana y sin recursos cuando empezábamos; pero nunca me he sentido ajeno... Las exclusiones son cosa de otros ámbitos, ahora.

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  3. Pero chicos, ya necesitais baberos para comer macarrones? Yo creia que se trataba de langosta.

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  4. Creo que mucha gente utiliza los congresos para conocer a otros y formar lazos con colegas que de otra manera no conocería. También muchos pueden llegar a asistir solo por el hecho de viajar a otra ciudad y conocerla gracias al congreso. Hace poco viajé a BSAS por un congreso médico y puedo conocer la gran ciudad que nunca había conocido. Además aprendí a moverme en un viaje: tuve que alquilar departamentos en Palermo y al principio pensé que era re dificil y no iba a poder sola. Después me di cuenta que no, y me sirvió para valerme por mí misma!

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