

Positivo porque la literatura difícilmente podrá ser "pornográfica", ese intento la degrada en burda, mala o desechable: no puede "no dejar" nada sin exponer, se lo niega su soporte lingüístico; negativo, porque actúa en precario frente a las artes más explícitas, que tanto no necesitan de la imaginación del espectador y se acercan mucho más a la realidad o a su presentación mucho más completa, en el sentido de menos intelectual.
Y así es, en efecto, el tamiz o el filtro del lenguaje impone una travesía mental, muchas veces con necesidad de anclajes culturales e intelectuales, que juega papel muy peculiar en el logro del efecto erótico, que ha de soportar esa elevación a la condición humana pensante.

La presunta crudeza de la literatura –digamos, de la poesía, de la que va el ejemplo– llega siempre a la mente del lector en alas de las palabras, y luego juega una partida, o no, en la cabeza del espectador.
Mete en la boca lo más que se pueda,
recuerda el pirulí y los helados,
nada te tragues, mas chúpalo todo,
si te da por morder, ve con cuidado.
No debes ir demasiado deprisa;
nadie debe saber que te has cansado,
si ocurriera, ternura y lentitud...;
vuelve de nuevo donde lo has dejado.
Verás que lleva la cosa su ritmo
y que a veces parece terminado;
aplícate si así ves que acontece:
si el temblor llega y los ojos cerrados,
si dice tonterías insufribles...
Y no te vayas, aunque esté acabado.
Cuanta claridad y sinceridad en el poema (son cualidades que suelen escasear...)
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