Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 23 de octubre de 2010

Erotismo, literatura, pornografía (IV)

Si hemos estabilizado y consentido que se estabilice la relación entre esos conceptos (en este cuaderno de pantalla se ha avanzado, en tres ocasiones, sobre ello) y  otorgamos al erotismo la condición de dependiente de la experiencia, observación, imaginación, etc. del espectador, podremos adjudicar a la Literatura una doble calidad, positiva y negativa al mismo tiempo.
Positivo porque la literatura difícilmente podrá ser "pornográfica", ese intento la degrada en burda, mala o desechable: no puede "no dejar" nada sin exponer, se lo niega su  soporte lingüístico; negativo, porque actúa en precario frente a las artes más explícitas, que tanto no necesitan de la imaginación del espectador y se acercan mucho más a la realidad o a su presentación mucho más completa, en el sentido de menos intelectual.
Y así es, en efecto, el tamiz o el filtro del lenguaje impone una travesía mental, muchas veces con necesidad de anclajes culturales e intelectuales, que juega papel muy peculiar en el logro del efecto erótico, que ha de soportar esa elevación a la condición humana pensante.
El camino y las lucubraciones que a ello se siguen son muy interesantes. Pero por ahora lo dejamos aquí, no sin avisar de que, como en alguna de las viñetas anteriores de esta serie, las ilustraciones no son mías (las he robado de un paseo por la red, como siempre lleno de sorpresas).
La presunta crudeza de la literatura –digamos, de la poesía, de la que va el ejemplo– llega siempre a la mente del lector en alas de las palabras, y luego juega una partida, o no, en la cabeza del expectador.














Mete en la boca lo más que se pueda,
recuerda el pirulí y los helados,
nada te tragues, mas chúpalo todo,
si te da por morder, ve con cuidado.


No debes ir demasiado deprisa;
nadie debe saber que te has cansado,
si ocurriera, ternura y lentitud...;
vuelve de nuevo donde lo has dejado.


Verás que lleva la cosa su ritmo
y que a veces parece terminado;
aplícate si así ves que acontece:


si el temblor llega y los ojos cerrados,
si dice tonterías insufribles...
Y no te vayas, aunque esté acabado.

1 comentario:

  1. Cuanta claridad y sinceridad en el poema (son cualidades que suelen escasear...)

    ResponderEliminar