Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los casos son más que las leyes. Huelga general

Los casos son más que las leyes, decía Carlos V en unos famosos consejos que dio a felipito, su hijo, cuando el príncipe empezaba a hacer boca con lo de gobernar; y aunque los consejos eran confidenciales, enorme es la cantidad de copias que nos los han trasmitido, en manuscritos de época y posteriores. En nuestro grupo de investigación y laboreo David López del Castillo está preparando un volumen que los recopila, en el que todos intervendremos, y que resultará tan ameno como instructivo.
El rodeo me servía para señalar las cuatro cosas que yo creo que todos pensamos sobre las huelgas, en general, y sobre la huelga general, en particular, y de verdad que la frase venía así de redicha.
Una huelga es una protesta, es el equivalente a un enfado, un grito, un portazo, un “no me da la gana”... y ha de tener siempre un componente díscolo, quizá desagradable, porque si así no fuera, perdería su naturaleza originaria. Una huelga con “servicios mínimos”, consensuada, discutida en sus términos, dulcificada para que no moleste mucho y otros etcéteras es una huelga “rara”, a la que las sociedades civilizadas nos vienen acostumbrando. Ya dije en otra ocasión que quien te causa dolor innecesario o injustificado no te puede pedir, al tiempo que lo hace, que no te quejes o, lo que aún es más sospechoso, el modo adecuado en el que te tendrías que quejar:


–Diga usted jaculatorias, suspire con algo de pena, invoque al caudillo, etc.
–Mire Vd. lo que primero me viene es una reacción que no puedo frenar, con su grito, que habla de su madre y de no sé qué prostíbulos.
Eso no se lo puedo consentir...
– Vayamos a las raíces del problema... No me haga usted daño y yo no gritaré.
– Puede Vd. gritar, pero yo le voy a dar una hoja en la que hemos preparado ya los tipos de grito que puede emitir cuando se produzca una situación que nosotros no deseamos...

Y así sigue el diálogo.
Luego viene el argumento añadido de que sería una irresponsabilidad que la huelga afectara a los hospitales, las cárceles, las señales de tráfico... Yo creo que en ese punto todo el mundo está de acuerdo: la huelga se hace –como todo en esta vida– cómo y cuándo se puede hacer. Yo no me creo que una enfermera deje de poner la inyección al encamado; que un servicio de urgencias cierre sus puertas o que en una cárcel se vaya el soldado de la garita... El problema aparece en las borrosas fronteras de lo que sí y de lo que no, y afecta más a la conciencia de cada uno –y a sus responsabilidades– que al cumplimiento o no de la huelga. Y ese emborronamiento y falta de claridad es un componente de nuestra vida y de nuestra sociedad y, por tanto, va a resultar irresoluble “teóricamente”, porque las normas, la teoría “las leyes son menos que los casos”. Aparece al final de la argumentación, como siempre, la importancia de la educación y del conocimeinto como resorte de la conducta individual y social. De manera que nadie va a poder regular conductas mediante decretos o, si lo hace, será con la disconformidad de unos y otros. "Llevo productos perecederos", explicaba compungido un transportista hoy; pero no hubiera llevado a mis clases nada tan inmediatamente perecedero, no arriesgaba; y esos obreros que se descüelgan por la pared explicaron, "si no hacemos este trabajo hoy, no comemos".
Naturalmente que yo no me voy a pronunciar sobre la huelga, oportunidad, control, efectos, etc. He salido a la calle y no he comprado el periódico (cerrado el quiosco), luego he paseado para comprar el pan (¿será infringir la huelga comprar el pan?) y al pasar por las terrazas de Narváez he visto que el rumano del acordeón no hacía huelga y tocaba siempre la misma melodía al lado de los cubos de la basura sin recoger de la noche anterior, para pedir limosna a la gente que llenaba la terraza, entre las cuales había bastantes padres/madres con niños que, probablemente, no habían tenido escuela. La tienda del al lado –uno de los nuevos comercios regentados por chinos, de ropa actual– permanecía cerrada y con un cartel que lo explicaba; la joyería de al lado estaba abierta.
El tema se resuelve en consideraciones infinitas, que cada cual se puede hacer.
Yo, en realidad, de lo que soy partidario es de la revolución.



15 comentarios:

  1. Hacía mucho que no leía un post tan bueno. Lo digo totalmente en serio.

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  2. Yo hoy no he ido a la Universidad (gran parte de los profesores ya habían avisado de que no tendríamos clase). Sin embargo, he madrugado de igual modo, porque el piso de al lado está en obras y, al igual que los que cuelgan en esa pared, tampoco iban a poder comer si no seguían trabajando el martillo. Curioso detalle que Telemadrid estuviera sin emitir, cuando supuestamente en esta ciudad la huelga iba a estar más que controlada.

    Realmente creo que en cuanto las protestas son consultadas primero hasta llegar a un consenso, pierden su sentido, y que la huelga como tal ya no tiene el mismo significado... Claro que también pienso, en ocasiones, que a día de hoy muchas personas han olvidado el espíritu revolucionario.

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  3. Mientras las SICAV no tributen lo mismo que un pobre, mientras no se apliquen tasas a las operaciones de los mercados financieros que empobrecen a los ciudadanos y enriquecen a la oligarquía, mientras no se denuncie, juzgue y condene severamente a quienes proponen, crean o sustentan los paraísos fiscales, mientras no se aplique progresividad fiscal a las rentas más altas, mientras el brazo ejecutivo de la legislación estatal en lugar de matar gente no combata la economía sumergida y el fraude fiscal, mientras se culpe a quienes no tienen la culpa, mientras no se denuncie, juzgue y condene severamente a quienes provocan el aumento de las desigualdades, mientras no se deje de joder y castigar a los trabajadores (que no provocaron la crisis) y beneficiar a los banqueros, la huelga es una obligación de todo contribuyente, un derecho que prevalece sobre el derecho al trabajo, porque éste tiene que ver con la supervivencia, y aquél con la dignidad.
    Iniesta es un jugador de fútbol. Ahora lo que está en juego es un modelo de sociedad. Esperemos que haya tanta gente en la calle como cuando Iniesta marcó. Si no es el caso, no somos personas, sólo espectadores. Si no es el caso, lo será.
    Huelga indefinida, organización y nuevo modelo social.

    Abrazos Pablo

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  4. Muchas gracias por su nuevo texto.
    Le perdono el que haya tenido hambre y se fuera a comprar el pan.
    Me alegra mucho el saber que hizo huelga de profesor.
    No crea, ya es una revolución hacer la huelga en ciertos ambientes, viendo la barbaridad que nos van a descontar, el miedo que tiene el personal y teniendo en cuenta que en mi trabajo creo que sólo la hice yo.
    Frente a lo que uno considera injusto, hay que hacer lo poco que esté en nuestra mano, y lo poco es haber hecho huelga hoy y lo mucho es aceptar el sueldo mermado. Si todos hiciéramos siempre ese poco, se convertiría algún día en un mucho.
    Hay que ir dando toques de atención para los que vengan.
    ¡Salud y anarquía!,
    ...y un trago de vino para celebrarlas

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  5. La huelga la hacen los que pueden. La crisis no es cosa de ahora, porque forma parte del sistema capitalista. Ahora nos toca a quienes antes nada sabíamos de ella, y hacíamos lo posible por sacar tajada: la especulación es solo un ejemplo, pero se han entregado a ella todos los que han podido, sin ser necesariamente grandes inversores (los vecinos del quinto, que revendían el piso del abuelo 10 veces por encima de su precio aprovechando la oportunidad, o los que empezaban comprando un pisito de 1 dormitorio para venderlo al cabo de 3 años -sin haber terminado de pagar la hipoteca- para comprarse otro de 3 o 4, etc.). Es muy fácil hablar de culpables, que paguen los culpables, pero muchas veces hablamos sin saber, y nuestro discurso se convierte en pataleta -comprensible, legítima- o tópicos. ¡Pero si nuestro bienestar se sostiene desde hace mucho sobre la miseria de más de medio mundo! Y ¿qué es la revolución?

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  6. Sí, la huelga la hacen los que pueden, es decir, los que trabajan.
    ¿Nuestro bienestar?, ésa es otra mentira que nos venden continuamente. En este país nunca se llegó al estado del bienestar que disfrutan -o disfrutaron- los países democráticos europeos más avanzados.
    Los pequeños especuladores como los que venden "el piso del abuelo" son lo de menos. No constituyen problema alguno. Precisamente los que se creían inversores y que iban a hacer grandes negocios son los inocentes que han salido peor parados. Lo peligroso, y lo que fue primero, es la introducción desde el poder de mentalidades inmorales y egoístas. Una vez interiorizadas por la sociedad es cuando se permiten e incluso celebran todo tipo de abusos.
    El medio mundo miserable es hoy muchísimo más miserable que hace cincuenta años, desde que no hay revoluciones. Revolución, como revolver lo existente, hacia el lado que sea, pero nunca ser indiferente.
    ¡Y culpables los hay seguro! ... a lo largo de la historia mundial siempre son los mismos y todos los conocemos.

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  7. Algunos no han podido elegir si secundadar o no la huelga. Los más no han podido elegir con verdadera libertad su trabajo, y mejor no hablemos de las condiciones laborales. Sin embargo, por más que le pese a Diaz Ferrán, la ciudadanía no está del todo dormida. Quienes hayan dado hoy una vuelta por Madrid, lo sabrán.

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  8. http://www.elpais.com/articulo/espana/coste/becas/elpepuesp/20100929elpepunac_32/Tes

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  9. La desesperación que se relata en el artículo de El País que cita un anónimo no es nada nueva en España. Lo que sí me asombra es la capacidad de olvido y de optimismo que tiene este país, ¡al final va a ser una bendición!.
    Los de mi generación -hace más de veinte años que terminamos la carrera-, no teníamos apenas becas ni siquiera institutos construidos para estudiar y nos lo tuvieron que pagar todo nuestros padres con grandes esfuerzos. Los primeros institutos provisionales eran pocos y viejos, edificios que daban vergüenza.
    En la universidad éramos miles por clase y los profesores no nos hacían ni caso. Al acabar la carrera, el paro en este país era alrededor del 24% y mis amigos del País Vasco recuerdan aún más. Creo que nadie se colocó en nada al terminar filología o historia.
    Nos tocó hacer oposiciones con miles de contrincantes para una birria de número de plazas. Era imposible sacarlas porque no había para todos, ¡de nada!.
    Hicimos prácticas gratuitas en todo tipo de empresas e instituciones, haciendo fotocopias, etc. y ¡sin cobrar ni un duro!, encima nos veíamos afortunados si conseguíamos que nos dejaran hacerlas y los amigos, a veces, se escondían entre sí los posibles sitios para ir a trabajar ¡gratis!: en horarios horribles, mañana-tarde-noche o tardes de verano, con gente que te miraba como basura por haber hecho letras.
    ¡Lo del mileurismo era un sueño!. Tengo amigos de más de cuarenta años que están en paro y muchos que no llegan o acaban de llegar al mileurismo. ¡Y piso propio no tienen muchos a menos que estén matrimoniado y junten dos sueldos!
    Por ello, me extraña tantísimo el reportaje que está sacando El País ahora mismo como gran novedad. Este país siempre ha sido una ruina para el españolito de a pie. La situación siempre estuvo mal (padres, abuelos,...) y lo sigue estando. No es país próspero, para nadie, no sólo para los jóvenes.
    Además, no es bueno separar a las generaciones así, como en el reportaje: la juventud se pasa en nada y no hay que considerarse privilegiado por serlo y dejarse engañar.
    Hay que defender los derechos de todos, del viejo, del joven y del de en medio. Todos a una. El país siempre estuvo mal, ahora y siempre. Hay que preguntar a los mayores y solidarizarse entre todos, no hacer grupos ficticios.

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  10. "¡Y culpables los hay seguro! ... a lo largo de la historia mundial siempre son los mismos y todos los conocemos".
    CULPABLES no puede no haberlos, ¿no?. ¡Al paredón con ellos! ¡O expulsémoslos! Peligrosa simplicidad ética la de un discurso tan pobre como cómodo.
    SIEMPRE y TODOS: absolutismo conceptual que termina en las discusiones más estériles.
    No hay nada más fácil que adscribirse a un bando, y actuar en consecuencia, sobre todo si se elige el bando de los inocentes, los buenos, las víctimas, la civilización, etc.
    Y lo de mentalidades "inmorales y egoístas" es de catequesis católica.

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  11. ¡Ay va, qué violencia, al paredón, ni más ni menos!
    Qué miedo.
    Continuando con el discurso "pobre":
    ¡Claro que es fácil meterse en un bando!, sólo es necesario hacerlo. Guste o no, la bondad, la justicia, la caridad ... existe.
    Igual que existe la maldad, la injusticia, la pobreza, la avaricia ...
    Las mayúsculas las pone el otro anónimo, no yo.
    Las catequesis católicas han acertado en ocasiones, ¿por qué no?. Llevan siglos dedicándose a la caridad, para bien y para mal, y algo conocerán.
    De todas formas, lo católico tampoco se debe confundir con lo cristiano.
    Es más: en los países miserables, los únicos que ayudan eficazmente son los misioneros. Si habla usted con gente de esos países y con misioneros, se lo explicarán muy bien. De organizaciones internacionales y ONGs suelen tener siempre mucho peor experiencia.
    ¡Y no se altere tanto, que las discusiones no son nunca estériles!, y si no ... ¿que hace comentando tan bien por aquí?
    Póngase cómodo.

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  12. ¡Ah!, y como soy caritativa (que existe), le perdono -que no olvido- lo de simple, pobre, cómodo, peligroso, estéril ... ¡todo en tan pocas líneas! ... pero como le pillara por banda, ¡se ganaba usted una paliza seguro!

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  13. Como usted dice, se trata de una huelga rara, y también de una 'burla', del intento de justificar un funcionamiento incompetente tanto del gobierno central como de los sindicatos. Pero se equivocan, aunque tengan el poder, nosotros sabemos lo que queremos, no estamos tontos.
    Además del coste económico, el espectáculo que montan con esos estandartes verticales, en lo que llevamos del siglo XXI, es propio de una estética medieval y resulta patético.
    Revolución... quizá sea mejor evolución, ¿no?

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  14. No se imaginan lo que es trabajar y no tener sindicatos ni comités de empresa; con lo malos que son y mal que funcionan, creo que es una equivocación atacarlos. Si acaso, se podría hacer el esfuerzo de cambiar los sindicatos desde dentro, crear otros, nunca eliminarlos. Para el que trabaja a las órdenes de otro es un elemento esencial, de supervivencia, el que existan o que exista algo que les sustituya y que funcione mejor, ¡pero algo!.

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  15. ¿Revolución?...curioso.¿De qué y con quienes, Pablo?

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