Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 25 de septiembre de 2010

Libros, libros, libros...

Estoy terminando de leer un puñado de libros que, con el comienzo del año académico, han aparecido recientemente; todos, por alguna u otra razón inciden en mi campo literario o filológico de trabajo; y ahora hay que justificar, al parecer, lo que por aquí, en estos cuadernos, asoma. Acabo de leer, por ejemplo, en páginas críticas de poesía contemporánea, un texto sobre "la manía de interiorizarlo todo". Creo que no es una manía, sino una condición de la naturaleza humana: difícil será que desde esa perspectiva, sólo desde esa, se consiga desterrar el sentimentalismo, solipsismo, subjetivismo, lirismo... y demás derivados de ese proceso de interiorización, que es algo que una corriente interesantísima de la poesía actual intenta; pero ese es otro cantar, sobre el que habrá coplas. 
Ahora vuelvo a los libracos, en el sentido de amplios, en su mayoría. Dos de ellos apuntan centralmente al periodo clásico español (siglos XVI-XVII), escritos por reputados investigadores –Parker y A. Alvar– que entregan el resultado de sus investigacions (¡qué esfuerzo!), por las que ya hay que agradecerles esos centenares de páginas llenas de interés. Leídas en primera instancia con los ojos de don Diego Hurtado de Mendoza y de don Francisco de Quevedo –dos de los autores que me han venido desvelando– aportan muy poco de manera puntual, incluso llamativamente poco en ambos casos, bastante como telón de fondo; pero evitaré este tipo de juicios rápidos sobre dos obras extraordinariamente valiosas, que merecerán –y lo haré pronto– consideraciones más demoradas. 
 
Son por lo demás dos libros muy diferentes –basta con leer las primeras páginas de cada uno de ellos– que creo que no admiten comparación entre sí como no la admiten el coloquialismo de A. Alvar frente a cierta asepsia irónica de Parker, quien ha entrado a saco (¡por fin!) en la documentación de Altamira, es decir, en la Zabálburu; para orientar, aquella de donde yo he ido goteando noticias sobre don Diego Hurtado de Mendoza y de la que A. Alvar, precisamente, publicó el hermoso escrito sobre la historia de Velasco. Se me va el comentario, de manera que reseño rápidamente los otros tres libros: una excelente edición de comedia cervantina, con un libro (150 págs.) como introducción, que puede empezar a renovar el desastroso panorama del teatro de Cervantes, culminado por las ramplonas y pertinaces ediciones de Cátedra y sus múltiples hijuelos, siento decirlo.
Los dos libros finales necesitarán también de mayores explicaciones; difícil y serio el de Cuesta Abad –la abada que se reproduce me la regaló Aurora Egido–, sobre terreno denso y siempre necesitado de recorridos como el suyo.
Y el último regalo de Bartleby editores para romper fronteras poéticas, rotas ya en otros lugares, pero que no saben cómo traspasar la díficil aduana de las lenguas naturales.

3 comentarios:

  1. Tienen muy buena pinta todos, especialmente los del duque de Lerma y Felipe III. No me gusta la apostilla de "biografía definitiva" del segundo, pero supongo que es solo cuestión de marketing...

    Ya tienes lectura para rato. Yo estoy desconectando un poco de la literatura hispana leyendo a David Foster Wallace y a Philip Roth. Después quiero meterme de lleno en la poesía de Lope.

    ¡Abrazos!

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  2. Muy poco aquí comento, pero hoy sé que esta frase final quedará rebotando unas horas en mi caja de resonancia. La de una que también juega a escondidas con los límites de la palabra.
    ¡Bienvenidas las recomendaciones librescas!
    g.

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  3. Lo de "biografía definitiva" sale en mi breve reseña sobre el libro de Parker, ahora en apuntes... allí decía que me parece que es cosa de la editorial, desde luego, porque si se lee bien su introducción, lo único que no predica Parker es que su biografía vaya a ser "definitiva".

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