Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 19 de septiembre de 2010

Boston y Nueva York, atrás

Pues a veces eso es lo que queda de los viajes y los congresos: un batiburrillo amable de escenas, secuencias, personas... con las que se ha intercambiado información, preocupaciones, intereses, y que, pasados unos días, vuelven a su rincón de trabajo, a veces en continente distinto, con ideas y proyectos nuevos que surgieron del interés o de la curiosidad por algo.




Carmela Mattza me envía un par de fotos de la sesión habida en la sede el Instituo Cervantes de Nueva York, y ahí estoy yo cumpliendo mis deberes, a la izquierda d el que mire la foto, mientras habla Jeremy Lawrence. Para que no quede en mi presencia, la siguiente, esta vez tomada por mí, recoge la clausura de Antonio Carreira., probablemente el mejor conocedor de la poesía española de los siglos de oro, razón por la que la Universidad española –tan perfecta siempre en sus errores– decidió prescindir de sus servicios.

De Boston recojo, nuevamente, la calma y la belleza con que el Charles discurre, sea entre prados y riberas, sea como espejo de edificios emblemáticos que suministran identidad a Boston. 
En el caso de Nueva York, lo que mejor define a la ciudad es el conglomerado humano, en donde aparecen continuamente escenas dignas de recordar, tal la de ese quiosco de la calle que se anuncia como "el mejor lugar del mundo" para los sandwichs; o los quiebros del paseo que la ciudad se ha inventado al este del Village, para recuperar un camino mediante el ingenio y la mentallidad utilitaria, que no tiene por qué andar reñida con la gracia estética puesta al servicio de lo más simple.





Un correo tengo en el que se me dice que sí que existen modelos orientales –chinos, vamos– en A&F; mi informante es anónimo, pero yo sospecho que es alguien de relaciones públicas de la empresa (¿serán tan buenos?) que me suministra hasta cinco nombres y algunas fotos, en su honor incluyo un par de ellas, y me reservo las chinitas para el último romance noticiero. Bienvenidas seáis Yoko Tsukuki, Devin Murakami, etc. "conmigo vais, mi corazón os lleva". ¿Que por qué se mezclan estas cosas? Yo las encuentro así, mezcladas, donde quiera que vaya. Por ejemplo, visité A&F después de perder una hora en una librería de viejo –en donde no vi nada interesante para mí, por cierto–, y antes de buscar un sitio para tomar algo. De esa variedad típica de EEUU puedo dar cuenta también en ese momento: un chino, una tailandés, un mexicano... La foto (tomada en Boston) da cuenta de esa circunstancia, un día por cierto en el que me decidí por restaurante bostoniano para probar una sopa espesa y deliciosa que me había recomendado Ch. Maurer ("¿Clan chower?), con fondo de almejas. Buscaré la receta.
Va muy cargada la entrada.



1 comentario:

  1. Los ingredientes de la sopa son menos que los de esta entrada y, aunque está riquísima, no es tan graciosa como este barullo que nos dejas. Llevas razón, así son los viajes cortos.

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