He estado en Buenos Aires –en Argentina– un par de veces, la primera un poco perdido, sin capacidad de asumir todo lo que me hubiera gustado y, además, colgado precariamente de los ojos de una argentina; la segunda, durante algo más de tiempo, viajando incluso a Córdoba, a la frontera con Uruguay, a la pampa. Fue en esta segunda ocasión cuando al callejear por las famosas librerías nocturnas de Corrientes me encapriché de una colección de cedés que iban a recorrer la historia del tango argentino. Compré todos los que habían salido antes de mi llegada, me hice con letras, visité lugares.... y no, no llegué a bailar, bien que me hubiera gustado. Incluso esbocé un estudio métrico, erudito y pedante, sobre los tridecasílabos, que solo andando el tiempo y serenando el tono he utilizado para un artículo en la revista RHYTHMICA. Sinibaldo Mas y yo nos hemos convertido en los grandes –y únicos– tratadistas de un verso despreciado, a pesar de que Juana de Ibarborou, Juan Ramón Jiménez y Cirlot compusieron hermosos poemas con él.
"Adiós muchachos / compañeros / de mi vida...." es un perfecto tridecasílabo hemistiquial (5+4+4).
Es el caso que cuando hube de volverme a España la colección andaba por la mitad, más o menos, y lamenté no poderla continuar. Años más tardes, en Madrid, vi que se editaba con las mismas características entre nosotros; pero no era lo mismo, de la misma manera que no era lo mismo andar con la calabaza y la bombilla tomando mate en el Retiro: no sabe. Además yo ya me había arruinado varias veces con la música y los libros, y ya iba siendo hora de que adoptara una posición de profesor serio que se encarrila a la edad provecta. Una absurda equivocación. De manera que cuando una persona a la que respeto, leo y he cobrado afecto me envía una versión de Que me van a hablar de amor, de Horacio Molina –uno de los grandes– me he ido corriendo a corroborar que, en efecto, no tengo su cedé, a pesar de mi excelente colección de músicas. La última recopilación de tangos –muy bella, por cierto– es la de un disco de Daniel Barenboim, muy conocido. He aquí el enlace que remite a la letra y la canción, espero, cuando domine la técnica, incluir el enlace a su interpretación más directa:

Y así, entre preocupado y feliz, he resuelto entregar esta entrada, con el video de la canción, y terminar la entrada con una ilustración de la flor del ceibo, que también me lo ha explicado, es la flor nacional argentina.
Mientras termino la entrada, canturreo tangos y busco en el cajón de los cubiertos si todavía tengo alguna bombilla para el mate.
Alguna equivocación hubo en la primera versión de esta entrada, por culpa de mi poca pericia técnica, pero finalmente se ha podido arreglar, y aun se perfilará si hace falta.
Atormentada estoy yo ahora. Pero la culpa es de la tecnología. El grabador multimedia hizo líos e intercambió el título de una canción con el mp3 de otra. El tango del que yo estuve hablando y el que te pretendía mandar era "¡Qué me van a hablar de amor!" que se puede leer y escuchar aquí
ResponderEliminarMil perdones. Tenías razón en tu queja, porque Grisel sí que es lastimero y melancólico.
Perdón!
Te recomiendo Goyeneche. La del segundo.
ResponderEliminarIrusta, Fugazot y Demare, ¡qué buenos y qué bueno el tango siempre!
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