Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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viernes, 25 de junio de 2010

De sonetos, sin sonetos, con sonetos...

Voy a aprovechar la última página, la de Juan Gelman (cuyos poemas se han copiado o transcrito completos; lo digo por un comentario de uno de mis lectores anónimos: gracias) para dejar unas notas sobre el soneto, esa forma clásica que la tradición ha consagrado, pero que desde el último tercio del siglo xx viene, decididamente, derivando su forma hacia fronteras imprecisas, como si intentara definirse en la era digital. Los ejemplos son tan numerosos (yo suelo arrancar desde el olmo seco de Antonio Machado, es decir, desde 1912; el poema empieza por ser un soneto) y entre ellos los hay tan espectaculares –como los de Blas de Otero– que me voy a limitar a las líneas gruesas de lo que Juan Gelman hace con él.

Después de varios sonetos relativamente clásicos –de verso blanco--, en Hacia el sur (1983) aparece un soneto con la estructura de la silva moderna (Que hicieron). De manera esporádica e inconsciente asoma luego en “La petición” (de Com / posiciones, 1986), con forma del silva y trisílabo final. Más curioso es el “Soneto” (¿Acaso un vuelo o viento lleva…) que parafrasea un poema de Emanuel de Roma, con forma de silva moderna que admite eneasílabos y pentasílabo final. Endecasílabos y heptasílabos libres componen en el mismo libro “Alli” ("en la sombra/en el día…"). No deja de haber alguno de estructura clásica, no muchos, como “Soneto” (señor mi corazón: le ruego que…), en Eso (1985). El verso libre se alcanza en el “Soneto” de este mismo título ("tu palidez alta en la noche /como…"), que termina el libro, con octosílabos, dodecasílabos, endecasílabos, tetrasílabos, etc. Que esa forma le atrajo parece deducirse de cuando arranca Tantear la noche (2000) precisamente con “Fe de erratas”, en verso libre, con muestras de versos irregulares ("subir de la nada al vacío donde…").
Esas derivaciones son normales, me parece, en poesía actual. En la reciente feria o mercado de la poesía en París adquirí un volumen con el sugestivo título de Le sonnet contemporain. Retour au sonnet, en donde van más de veinte colaboraciones y muestras varias sobre su actualidad y otras circunstancias. No es lugar para reseñarlo en plan erudito; lo haré en la revista  RHYTHMICA, si me lo admiten, que es la única y joven revista española sobre métrica (Revista española de Métrica Comparada, dice el subtítulo). 
Para completar el rápido panorama, doy una muestra de un "sonetín" en un libro que quería ser absolutamente vanguardista en su momento (Pánica tercera...; 2004), pertenece a  Chus Arellano.
 Como forma poética que impone una estructura rígida, bastante rígida, también ha inquietado a los "oulipianos", hasta el punto de que en reciente libro La morale élémentaire. Aventures d'une forma poétique. Queneau, Oulipo, etc. se convierte a veces en un desaforado intento de crear contra el soneto y alrededor del soneto, como hace uno de sus mentores, el gran poeta francés Jacques Roubaud, cuando hace y deshace sonetos con la mayor naturalidad del mundo.
Lo que podría ser una tímida conclusión: aunque "la forma impone la materia" –como decían los antiguos– nada valdrá si el poema y el poeta no valen.

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