Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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miércoles, 30 de junio de 2010

De cómo el trabajo no agota la vida

Entiéndase bien: no podremos reconstruir nunca con nuestra tarea ni con nuestra inteligencia un fragmento mínimo de vida real, de existencia. Confesión paladina, que a tantos historiadores ha hecho meditar, viene a cuento de quienes me preguntan que para cuándo la segunda edición de una biografía de Quevedo, que publiqué en 1998. Para nunca, digo de modo entre tajante y dramático. ¿No hay nada nuevo?, me dicen, de alguna manera. Sí, muchísimas cosas se han ido acumulando y algunas otras habría que corregir; pero me he dado cuenta ya hace tiempo de que, aunque rehaga minuto a minuto su vida  –o la de un día–, el esfuerzo no me va a servir más que para reproducir elementos externos, algunos ideológicos, otros alejados... de algo que nunca obtendré totalmente, a  no ser que fabrique otro quevedo y con la máquina del tiempo me traslade a 1580. Es al contrario, en algún momento el historiador ha de saber salir de ese esfuerzo documental hacia fuera, para trazar el "objeto mental" que le permita adquirir el conocimiento histórico de la persona o de la época; y eso es lo válido, no lo otro. Cierto que hay que saber guardar una adecuada proporción entre distancia y proximidad: no se puede intentar obtener ese conocimiento histórico adecuado sin un mínimo de conocimiento de los datos reales; pero se perderá esa posibilidad del panorama si tanto nos acercamos que solo somos capaces de ver anécdotas de la vida diaria. 

De manera que si encuentro en el ms. 12962/66 de la BNE,  entre los papeles que se copiaron de los de Moratín, un par de hojas con las casas que ocuparon algunos cómicos durante el s. XVII en Madrid, en donde dice que Quevedo tenía una casa en la Calle del Niño, tasada en 30 ducados, “y había sido de María de la Paz”, pues lo copia,  sin mucho entusiasmo y lo dejo ahí. O si en la caja de ms. 12964/52 de la misma biblioteca topo con una carta de Gerónimo de Vera en la que critica el Para todos, de Montalbán, fechada en Salamanca, a 4 de julio de 1632, pues más de lo mismo. Un centenar largo de veces me ha debido ocurrir eso, en ocasiones con datos más o menos golosos (libros anotados de su propiedad, censuras a libros ajenos, autógrafos, colecciones documentales enteras...) Trabajan a mi alrededor investigadores jóvenes, alguno de los cuales podrá aprovechar todo el material acumulado.


Y no se trata solo de datos biográficos, también los hay sobre su obra y sus ediciones. En la RAE, el ms. RM 6880 [colección Rodríguez-Moñino], el Cancionero de Fabio, no citado por Bonneville, dice en lomo Cancionero del siglo XVI; llleva una nota autógrafa de Rodríguez-Moñino al comienzo que señala que es del Dr. Garay (en la p. 177 un copista lo identifica con el citado Fabio) y que procede de la biblioteca de Cotarelo; se vendió a la muerte de su hijo Armando y RM lo adquirió junto con el Buscón, (en Anuario de Letras [UNAM], VI-VII (1966-1967), 81-134.] Habrá que reconstruir con datos como ese la historia de los ejemplares del Buscón
Y en fin, también se trata de circunstancias históricas: siempre quise saber si Quevedo asistió al "estreno mundial" del Requiem del padre Victoria (por cierto acaba de salir nueva edición discográfica), en las Descalzas Reales, compuesto a la muerte de la Emperatriz; y tenía localizado el sermón, inédito, de fray Juan de los Ángeles (no se publica en la edición de la BAC); en donde no se dice nada, pero hay que conjugarlo con las pp. 560-566 del ms. 11773 de la BNE en las que Diego de Urbina, criado de su majestad, nos relata las honras a la Emperatriz el martes y el miércoles 19 de marzo de 1603. Quevedo no estaba en Madrid esos días, vaya por dios. 
Las noticias vienen de documentación perdida frecuentemente, pero en otros casos de fuentes directamente informadoras, como las gacetas: el 17 de diciembre de 1617,  Gerónimo Gascón de Torquemada, (en la Gaçeta, ms. 10303,  f. 46):  "A los 17 hiço su magestad merced de dos hávitos de Santiago, el uno a don Juan de Salazar, secretario del duque de Uceda, con dos mil ducados de renta, y el otro a don Francisco de Quevedo, con mil". Yo había publicado y creído que no le reportaba más ganancia que la casi simbólica del pan y la sal. 
El noticiero y el papeleo está por todos lados, como corresponde a la actividad del autor; por ejemplo, para el asunto del padre Mariana, España defendida y la actuación de Quevedo durante esos años convendría echar una ojeada al "L'antimariana" de 1610 (Bibliothèque Mazarine de Paris, FD 835-7)...
En fin, también estoy esperando que los descendientes de Quevedo me permitan publicar los datos históricos sobre su genealogía y patrimonio, que no son los que se dice que son. 
Es tanta la acumulación de datos, fuentes, documentos... que naturalmente alguien habrá de emprender con nuevas fuerzas nueva biografía; yo insistiría que sin caer en la tentación de acumular más y más datos. En todo caso, los mejores fondos documentales sobre la vida y la obra de Quevedo han aparecido durante los últimos años y ahora se puede consultar, en su mayoría se pueden consultar. Yo mismo poseo uno de ellos, de unos 500 documentos y un centenar de microfilmes que se está catalogando, para depositarlo en el centro y quevediano de La Torre de Juan Abad y que allí pueda ser consultado por todos. 
Lo más difícil de llevar es cuando noticias que son patrañas y supercherías acaban por convertirse en datos históricos "irrefutables", como el de los huesos de Quevedo, o el de sus restos, o el de la celda en la que murió en Villanueva de los Infantes. Va un par de fotos  de la celda tal y como la amuebló y dispuso –para que la vieran mejor los turistas– un cronista local: yo estaba presente, hablé con él, le aconsejé que lo dijera, que no era realidad sino reconstrucción y obtuve varias fotos. Quede comoo testimonio.
Ya va muy cargada esta noticia, que voy a ilustrar con autógrafos recién descubiertos, retratos inéditos, documentos nuevos...

2 comentarios:

  1. Me ha emocionado mucho lo que no ocurría en esa callecita sin nombre de la entrada sobre Françoise Hardy, lo que no ocurría "en cualquier callecita del viejo París". Y, ahora, qué paradoja: cómo en lo que no ocurre en ese lugar cualquiera hay mucha, muchísima vida, más que en la reconstrucción del inalcanzable "fragmento mínimo de vida real" que, habiendo ocurrido, el historiador persigue. Tanta vida como la que rezuma ese "para nunca" que aquí dices. No te pedimos explicaciones, y, a nuestra manera, te queremos. Gracias.

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  2. ¡Qué bonito título tan cabal y sensato!, tiene toda la razón en que el trabajo no agota la vida; si fuera así, todo esto sería horrible. Le noto muy inteligente en este mes de julio -¡qué raro! (es broma, ya sabe)-. Creo que es ahora buena etapa para usted para dejar tanto peso en manos de todos. Al fin y al cabo, usted también es "todos" porque todos somos la misma cosa. Los sabios pasan a la posteridad no por lo que guardaron sino por lo que transmitieron.
    Quevedo también es usted y como Quevedo ahora mismo habrá miles: los humanos tampoco tenemos tan grandes misterios. Con su biografía cumple usted de sobra todas las expectativas y tiene muchísima razón en decir que la próxima es ¡para nunca!.
    Lo que se vaya investigando ya se irá añadiendo. ¿Para qué tiene usted que obsesionarse y agobiarse con algo que nunca acabará?. Eso crea desasosiego y no deja vivir la vida.
    El depósito que dejará en el centro le va a liberar (espero que lo escriba aquí para contar la sensación). Puede ser hora de liberarse del trauma de Agustín Tinajas que tal vez le creó el complejo de tener que ser el primero y número uno precisamente en su asignatura, literatura. Tome la vida con calma, ocio y diversión. Haga lo que le guste, eso da buena salud. Fuerzas, ya veo que tiene y de sobra ... pero para lo que le dé la gana. Lea novelas interminables, investigue, "poeme", haga deporte (que le gustaba), vaya de vinos a leer los diarios a la terraza, al cine, al sol, mire el techo y escriba páginas de éstas, claro ... olvidar un poco tanto documento le tiene que hacer bien para sus desasosiegos.
    En relación con su poema: nunca sabe bien uno los premios que se merece y si realmente se merecía alguno: es un engaño de nuestra mente que nos hace sufrir. Tal vez no sean los premios que usted piensa y, tal vez, tampoco le han llegado todavía y le están esperando a la vuelta de la esquina. Sólo debe saber verlos cuando lleguen con los ojos y el alma bien abiertos. Tiene que estar alerta.

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