Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 22 de junio de 2010

Helados, terrazas, Justina... Verano.

Viene el verano; esta vez parece que va de veras. Las terrazas del bulevar que veo desde mi ventana se han desplegado totalmente y, al atardecer, se llenan de gente. La heladería Siena –no es propaganda, pero hacen helados de los más exquisitos que se pueden probar en Madrid– no da a basto. Tengo que hacer un inventario de heladerías maravillosas de este país, ciudad por ciudad, pueblo por pueblo. No apetece demasiado irse a dormir pronto. La noche castellana, aunque sin alcanzar esa saturación de intensidades de las noches del sur, sabe lograr y mantener un grado de vitalidad muy peculiar; frente a las frescas y húmedas noches del norte; y frente al húmedo bochorno de Levante, exagerado de aromas. El día se alarga y el amanecer nos pilla cansados. A veces da pereza el trabajo que se venía amontonando, ya significativamente, desde días atrás. La calle llama, como en aquel hermosos pasaje –que yo suelo citar para indicar algo de nuestro modo de vida– en el que se pregunta a la Pícara Justina, que ha cogido el manto, que a dónde va, responde que a la calle, y cuando se le vuelve a preguntar que para qué, casi se enfada, "pues a la calle", y esa es la única razón, ir a la calle, como si para tal acción hiciera falta justificación de otro tipo. Las conversaciones del ascensor con los vecinos, con los amigos, ocasionales en las tiendas... y ahora ya en estos cuadernos que la ciencia y el progreso nos han dado, son las del verano: me  voy al pueblo, al pueblo de la sierra, a la playa, este año no salimos, nos vamos a Gandía, nos vamos a mover por el interior, hemos alquilado el mismo apartamento que el año pasado... Hay que ir preparando las plantas de la casa para que sufran la travesía del desierto, cambiando la ropa de los armarios, preparándose para volver un poquito al estado natural del hombre, que digan lo que digan no es de la esclavitud del trabajo sino la holganza en medio de una naturaleza razonablemente controlada. ¿Han leído ustedes "Esas Indias equivocadas y malditas", el lúcido alegato de Sánchez Ferlosio? Se lo recomiendo como lectura del verano cuando desciendan plácidamente al ocio, los que puedan. Aunque puede producir malestar histórico.
Ahí van unas cuantas ilustraciones de mi lugar de ocio, muy al norte y siempre echando de menos el sur; pero estudié Filología y me arruinaron las mujeres, dos accidentes que ya no me permiten más que elegir y, al elegir, renunciar a.



5 comentarios:

  1. ¿Cantabría? O quizás Asturias, parece.

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  2. Galicia, Elvira. El final de España. En donde tienes tu casa.

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  3. Ay,dios! Voy a estar en Madrid a finales de Julio. Todos vosotros andareis por el norte!

    Ah! pero luego me voy a las playas del poeta Campoamor!

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  4. Le agradezco la recomendación de la lectura de Sánchez Ferlosio, tan inteligente y sensato.
    Sí que es muy saludable el tiempo de ocio, pero hay que saber hacerlo y servir para ello: yo creía que cualquiera valía y que la tendencia natural de cada uno era la de la holganza pero la verdad es que ahora sé que la gente cuando descansa se pone muy nerviosa, vaya contradicciones tiene la vida. A mí me gusta demasiado y me hace pensar, en ocasiones, el peligro que tengo de convertirme un día en una Oblomov -libro que leí de joven y me gustó tanto-.
    La Filología y las mujeres se ve que no le llevaron por malos caminos si le dirigen a los bonitos paisajes que muestran sus fotos pero para un verano ... ¡qué tristes y melancólicos deben ser!; casi, casi como si no hubiera verano. Mejor para usted que no es amante del calor pero... sí que es paisaje como para tener siempre la botella de vino cerca cada tarde, por si acaso; parece muy propenso ese ambiente para que a cualquiera le ataque la nostalgia (l'enyorança).
    ¡Cómo se saborean los helados, las cervezas y los mojitos en una buena noche de calor!
    Que disfrute mucho su verano.

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  5. Pablo, ¿es esa tu casa? ¡Es preciosa!

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