Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 9 de junio de 2010

Los Nocturnos de Chopin


Mikhail Koskresky (5,44); Arthur Schoonderwoerd (5,02) Dubrauka Tomi (5,27); Vladimir Tomi (5,27); Vladimir Feltsman (5,34); Eugene Istomin (4,29); Edward Auer (6,07); Andel Rahman El Bacha (5,32); Elfrun Gabriel (5,51); Dubravka Tomsic (5,22); M. Pollini (5,36), Samson François (5,16); Gaerier Olson (5,24), Allison Lovejoy (4,47); Elizabeth Leonskaja (6,36); Sandor Falvai (5,01), Mª Joao Pires (5,36); Meter Schmaefus (5,27), Ida Cernecka (5,26., muy dulce);  Peter Schmalfuss (5,23); Ricardo Castro (5,37); James Jelasic (5,57: con alargamientos extraños); Bart Von Oort (5,10); Adolf Drescher (5,25), Idil Biret (5,33), Eugeny Kissin, Luis Fernando Pérez, Nelson Freire… Nombres y versiones, y versiones y nombres.
Me estoy refiriendo al nocturno nº 1 en si bemol menor, op. 9 nº 1, de Chopin, que anda de doble centenario de nacimiento (1810) y que era, casi siempre, el primero que sonaba al poner el disco, luego el cd… Ahora con el spotify y otros adelantos mucho más fácil resulta de escuchar. Un centenar de versiones que van de la más dulce de Ida Cernecka a las más extrañas, como la de James Jelasic o las rapidísimas de E. Istomin, Lovejoy, etc. Pero ninguna tan sedosa, alargada, apacible como la de María Tipo, que llega hasta los casi siete minutos (6,52); no sé si por esa dilatación es de las que más me gusta escuchar. Con el centenario han venido las orientales, especialmente agudas y limpias (de Yundi Li; Yubidi, 5,33; etc.), pero yo gusto de las más viejas, muchas todavía en el mercado, especialmente las del canadiense I. Friedman –tan difíciles de encontrar–; el otro canadiense, Gould, como se sabe, no interpretaban nunca a Chopin, lejos de su temperamento. Siempre deslumbrante dson  las interpretaciones de Marta Argerich. Encuentro algo mecánica la de  su compatriota Daniel Barenboim, quizá como la de Claudio Arrau (5,46), perfectas ambas, lo mismo que la de Weisenberg, muy rápida (5,23, de 1969)  al lado opuesto de la de Ivan Moravec (5,42, grabada en 1965), de la de A. Rubinstein (5,23) y lde las de Alicia de Larrocha. Estrambótica, como todas las suyas, la de Dino Ciani, de 1973, que ha resultado, como la de su compatriota Maria Tipo, la más lenta, un poquito amanerada para mi gusto. Entre las más antiguas, la de Abbey Simon (5,34); la de E. Fischer (que no he podido obtener, grabar, solo escuchar ocasionalmente), la de Askhenazy, F. Gulda… Y vuelvo a elegir la de François Samson (de 1966), que veo que acaban de reeditar aprovechando centenarios, y que trasmite el tono melancólico y romántico mejor que ninguna otra, a pesar de su rapidez de ejecución (5,10). No sé música, de manera que aplico el criterio del espectador, del que escucha, como intento explicar siempre a propósito de la fonética y de la métrica. Supongo que musicólogos e historiadores de la música habrán hecho recuentos técnicos de todo tipo. El mío es un recorrido sentimental, antes de irme a escuchar, por última vez hoy, los dos nocturnos póstumos, en la versión de… (no todos las han grabado) Maria Joao Pires.
Aprovechar centenarios. Memoria exacta, sencillamente. Y Chopin sigue sonando, sus nocturnos, incansablemente. Dicen lo que está lejos, consiguen mostrar su presencia fugaz en el instante mismo que se adivina que nunca lo tendremos.
 Dino Ciani, Leyla Gencer y Maurizio Pollini



un piano está sonando por la casa
y no dice hacia dónde se encamina
láminas de silencios que atraviesa
veces hay que no vuelve si se olvida

sugiere cobijado en lo que sueña
sin saber lo que sabe se desliza
y se aleja tan lejos que abandona
no dice si adelanta o si retira

un pïano de dedos trasparentes
cristales que en las manos se recitan
regresa a donde nunca nos iremos
le sobra lo que falta mientras viva

alcanza los lugares que no existen
al tiempo que no muere se destina


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