Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 20 de julio de 2010

Disonancias

Los versos que van a seguir son un ejemplo para la explicación complementaria que se hará sobre el verso libre, y se han forjado como ejemplos de "disonancia", ni uno solo contiene la trama rítmica de los versos de nuestra tradición; lo normal es que "disuenen" o, si se prefiere, que suenen mal, lo que en realidad quiere decir que los patrones métricos que se utilizan no se reconocen como "agradables" en nuestro sistema rítmico habitual. Eso, que es tan habitual en todas las artes (pongo algunos ejemplos de autorretratos), lo ha sido solo parcialmente en la escritura en verso en lengua española; o dicho de otro modo, se ha producido a veces como creación inconsciente no de modo técnicamente intencionado. Ya volveremos sobre sus consecuencias.
Para más inri, he utilizado septetos, que es forma estrófica poco católica; aunque menos católica sería todavía la disolución estrófica; pero quería que se viera la estructura vieja, el molde.

    

        DISONANCIAS

        Aquel árbol encendido en el aire
        lleva todo lo que nos han dejado:
        un instante en movimiento, sus hojas
        y su luz contra el horizonte azul,
        agitándose sin motivo, modo
        de ser que aprendieron si el viento llega,
        siempre atadas a las ramas y al tronco.
   
        La quietud sobre la tierra, silencio
        y murmullo al mismo tiempo recoge,
        sueña a las raíces atado y canta
        y deja que primavera le vista
        igual que otros años que le elevaron
        lentamente, soportará el paisaje
        que repite el mirador que le eleva.
         
        No estaremos en su futuro de aire,
        de raíces y estaciones y pájaros.       
        Sus hojas, como danzarinas frágiles,
        el temblor preservan de la belleza
        fugitiva, mientras se deshace el cuerpo,
        recobra su origen de flor gastada
        y se olvida al borde de los caminos.  

  Corresponden los tres autorretratos a Jean Dubuffet (de 1966); Claes Oldenburg (de 1969);  y Marlene Dumas (de 1984), respectivamente
   

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