
Para más inri, he utilizado septetos, que es forma estrófica poco católica; aunque menos católica sería todavía la disolución estrófica; pero quería que se viera la estructura vieja, el molde.

Aquel árbol encendido en el aire
lleva todo lo que nos han dejado:
un instante en movimiento, sus hojas
y su luz contra el horizonte azul,
agitándose sin motivo, modo
de ser que aprendieron si el viento llega,
siempre atadas a las ramas y al tronco.
La quietud sobre la tierra, silencio
y murmullo al mismo tiempo recoge,
sueña a las raíces atado y canta
y deja que primavera le vista
igual que otros años que le elevaron
lentamente, soportará el paisaje
que repite el mirador que le eleva.
No estaremos en su futuro de aire,
de raíces y estaciones y pájaros.
Sus hojas, como danzarinas frágiles,
el temblor preservan de la belleza
fugitiva, mientras se deshace el cuerpo,
recobra su origen de flor gastada
y se olvida al borde de los caminos.
corresponden los tres autorretratos a Jean Dubuffet (de 1966); Claes Oldenburg (de 1969); y Marlene Dumas (de 1984), respectivamente
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