Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 1 de julio de 2010

Carta de una profe

Aunque no soy muy partidario de estas lecciones a través de la red,  ni de la mirada excesivamente nostálgica que puede inhibir algún tipo de avance, la carta tiene vetas muy  nobles:

"CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA , UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA

Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 48 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "El Parvulito", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Parvulito, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.

En EGB estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "tracas" o "matracas") Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión  y Educación Física. En 8º de EGB, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te suspendían.

En BUP, aunque yo era de Ciencias, estudié Historia de España (en 1º), Latín y Literatura (en 2º) y Filosofía (en 3º y en COU). Todavía me acuerdo de las declinaciones (la 1ª.: rosa, rosa, rosam, rosae, rosae, rosa en el singular; -ae, -ae, -as, -arum, -is, -is, en el plural; la segunda;-us, -e, -um, -i, -o, -o, en el singular; -i, -i -os, -orum, -is, -is, en el plural; no sigo que os aburro), de los verbos (poto, potas, potare, potavi, potatum, el verbo beber), de algunas traducciones ("lupus et agni in fluvi ripa aqua potaban; superior erat lupus longeque agni": el lobo y el cordero bebían agua en el río; el lobo estaba arriba, lejos del cordero; "mihi amicitia cum domino erat": yo era amigo del señor).

Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...

Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Aprendí que se dice "Presidente" y no Presidenta, aunque sea una mujer la que desempeñe el cargo.

Y... vamos con la Gramática.

En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente". ¿Cuál es el del verbo ser? Es "el ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".

Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.

Y ahora, la pregunta del millón: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española ? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).

No me gustan las cadenas de correos electrónicos (suelo eliminarlas) pero, por una vez, os propongo que paséis el mensaje a vuestros amigos y conocidos, con la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
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2 comentarios:

  1. Absolutamente de acuerdo. Para qué decir más.

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  2. Cualquier gramático serio sabe que hace mucho tiempo que los participios activos no son productivos en castellano, si es que lo fueron alguna vez. Lo eran en latín, pues pertenecían a la morfología flexiva de los verbos; en castellano han pasado a ser, en todo caso, parte de la morfología derivativa y su productividad hoy es nula.

    Con esto quiero decir que es un disparate juzgar las posibilidades expresivas del castellano remitiéndonos a la gramática latina, aunque sea un disparate docto y con larga tradición en este país.

    Tampoco es cierto que los participios activos -o mejor, los sustantivos o adjetivos, pues eso son en castellano, y no formas verbales- hayan sido siempre impermeables a la flexión de género, como demuestra el caso de "asistenta", palabra bien asentada en el idioma y que ¡oh, sorpresa! designa a una criada que realiza labores domésticas.

    Una cosa en la que deberíamos convenir todos es que vivimos en una sociedad profundamente machista (como demuestran éste y otros intentos por mantener el statu quo), y que la lengua refleja esa realidad perfectamente, de ahí que "asistenta" nunca levantara la polémica que ha levantado "presidenta".

    También es verdad que intentar acabar con el patriarcado en la sociedad reformando la lengua es un poco como intentar limpiarse la suciedad de la cara aplicando un trapo en el espejo que la refleja. Pero como los políticos son expertos en realizar gestos simbólicos -pues no exigen demasiado esfuerzo ni recursos- que les permitan eludir abordar cambios estructurales y profundos en la sociedad, se ha relegado el debate del machismo en la sociedad (y por tanto en el lenguaje) a una cuestión de géneros gramaticales y "miembras", para pasmo de los que sí creemos en una lengua que refleja los vicios de quien la habla, y para escarnio de los que siempre estuvieron cómodos con esos vicios, que están haciendo su agosto.

    Y así discurre la cosa; todo son defensas (que camuflan involuciones) frente a ataques (que son maniobras de distracción). Y entre medias sigue el lento goteo de mujeres asesinadas por quienes creen -también alentados por la lengua en que se educaron- que son posesión suya, como en aquellos tiempos remotos en los que también -qué coincidencia- se hablaba buen latín.

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