
Hubo hace poco –en 2011– una exposición en el Prado ("Pasión por Renoir"), que se puede ver en la red y que se centró en el primer Renoir; en tanto que el de la película es el del último Renoir, menos conocido y admirado.
Sorprenden de la película las poses de Christa Theret, que son, desde luego, muchas de las que fijó en sus cuadros el pintor (aunque más tempranas), el parecido de algunas modelos (la que damos más abajo, procedente de cuadro que se conserva en museo alemán está muy conseguida: doy un detalle), incluso como cánones estéticos de la época –digamos, más "gorditas"–, la copia de trajes, escenas de cocina y el intento por fijar escenas y paisajes, que en la realidad era de Cagnes-sur-Mer, (sobre la que se puede ver el simpático blog
http://cubalpairo.blogspot.com.es/2010/11/les-colmettes-la-casa-de-renoir-en.html) y que son en todo caso de la Provence.... convierten a la película en una fiesta para los sentidos, una excelente muestra de correspondencia artística, con cinta sonora adecuada (de Alexandre Desplat), aunque la banda sonora resulte a veces excesivamente dramática, remachando demasiado lo que se ve.
Es indudable que el pintor vivió tocado por la belleza y que ese efecto, por lo que nos ha dejado, emanaba sobre todo de la "chair", la mujer, sus etapas, modos, maneras..... universo inconfundible que de la vida le daba vida, y que él aceptó y disfrutó, e incluso que fue más allá: a la creación, para intentar dejar esa emoción en su pintura.
Si de la pintura y el paisaje nos vamos a la literatura, a la cercana, encontramos durante esos años (digamos de 1900 a 1915) la devoción de nuestros poetas hacia Francis Jammes, el poeta francés de la naturaleza (el burgués huido al campo, si se quiere ser despiadado). Jammes fue durante bastante tiempo el modelo de Juan Ramón Jiménez y de su cohorte de poetas. Hasta Antonio Machado sintió la magia de sus versos:
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les alouettes qui ont la couleur de l'argent
siffleraient en volant vite. Et, tout en dormant,
tu mettrais une main dans tes cheveus remplis
de brins de paille agaçants de roides épis.
Cualquiera de los pasajes de Francis Jammes (Le Deuil des primevères, 1901; Tristesses, 1906) puede ser un cuadro de Renoir o uno de los Jardines lejanos (1904) de Juan Ramón Jiménez:
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sus pechos blancos tenían
sabores de flores; hechos
para mis besos, sabían
a nardo y rosas sus pechos.
Sus ojos negros brillaban
bajo los rizos; sus rojos
labios mordían, quemaban
lo que miraban sus ojos.
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