Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 13 de agosto de 2013

Los últimos versos de Antonio Machado

He vuelto a releer las páginas que José Machado escribió recordando los últimos días de su hermano Antonio: su lectura siempre emociona y queda ahora lejos de mi comentario lo que significaron sus penalidades al final de la contienda civil, su exilio, su muerte, su funeral y su enterramiento, que todo eso cuenta José. Esta vez sin embargo he querido leer la fuente original, sobre todo para esclarecer las sospechas de autenticidad de aquel famoso alejandrino que, según su hermano, halló unos días más tarde escrito en un papel que encontró en el gabán de su hermano, junto a otras dos notas (un verso del Hamlet de Shakespeare y una copla, la de "se canta lo que se pierde"). Busqué los libros –me acuerdo– en Buenos Aires, quizá por una falsa percepción geográfica, pues bien sabía que el exilio de José había sido a Chile. Me resarcí de la búsqueda en Madrid, pues la BNE guarda una copia facsímil (sin ningún otro tipo de indicación sobre la editorial, el lugar, el año, etc.) del relato autógrafo de Jose, del que he obtenido la copia que aquí va:


La única nota ajena al cuaderno autógrafo original es que fue un regalo del embajador de Chile (en 2009), aunque la editorial fue de la Casa de Cultura de España en Santiago. Eso sí, cuando se consigue localizar la ficha en el catálogo, allí nos enteramos que fue "publicado junto con el catálogo de la exposición José y Joaquín los otros hermanos Machado", Santiago de Chile, 2005, que es lo que he buscado y he encontrado en otra jornada (en la sala general, el facsímil está en la de raros). La exposición, en realidad, se refiere –bien lo dice el título– a Jose Machado sobre todo, cuyos cuadros se muestran, por ejemplo; pero de refilón he podido obtener los datos que necesitaba para cerrar el panorama.

Existe además una 
extraña edición de una copia dactilográfica, y con algún añadido al final, registrada (¿...?) por el propio José Machado en algún lugar (¿Santiago de Chile?), en tamaño folio, a la que también falta otros muchos datos, pero que conserva en la cubierta y en la única portada el retrato de su hermano Jose. Con circunstancias tan extrañas no he podido averiguar mucho más y también he tenido bastantes problemas para las reproducciones (hay prohibición de fotocopiar libros anteriores a 1958, y este es de finales de los cuarenta). De la procedencia de este último volumen –me informan mis buenos y diligentes amigos, los bibliotecarios de la BNE– es la de una subasta en Durán, de lo que se puede colegir que quizá sea ejemplar único o casi único, y además ambos –el facsímil y esta edición– se conservan en la sala Cervantes (la de "Raros y manuscritos"). 



El investigador no ha tenido más remedio que utilizar el Photo Booth de mi mac, lo que es una complicación añadida, por el efecto "espejo",  que yo no sé quitar (se lee todo al revés). Helo aquí (va arriba). Y he aquí otra instantánea del Mac con el investigador manipulando y hojeando la edición facsímil del autógrafo de José, cuyo original no sé dónde para ahora (¿herederos de la viuda de Jose Machado, fallecida en Madrid en 1992?). La historia de los autógrafos machadianos tiene algún punto oscuro, muy oscuro, que algún día alguien esclarecerá: hace tiempo que publiqué y pregunté que de dónde habían salido, por ejemplo, los cartapacios de Los complementarios, editados y publicado en facsímil hace años (en Taurus, por un colega, hoy fallecido, que nunca me contestó, por cierto) sin ninguna indicación de su procedencia. Dada la filiación académica e ideológica de la publicación, ¿proceden de alguna confiscación o semejante? Son papeles distintos de los que a Burgos se llevaron luego (Instituto Fernán González, colección Unicaja). Quede la historia de los autógrafos machadianos para cuando, el año próximo, rematemos el volumen pertinente de la Biblioteca de Autógrafos Españoles.


De ninguna de aquellas tres obras existe microfilme; por lo que es necesario verlas directamente. En el catálogo se da noticia indirecta de la actividad de Jose en relación con  nuestro tema. 
Jose, el hermano inseparable de Antonio, se dice que comenzó a tomar notas para sus memoprias hacia 1940, ya en Chile, pero que solo emprendió la redacción del libro hacia 1956, a la muerte de Manuel en Madrid. Si fue así, ningún testimonio directo hubo de conservar –papeles, documentos, cartas, etc.–, ya que se quemó la casa que les habían prestado para vivir, en 1944, y se quedaron, dice el diario chileno (La verdad de España, 8 de junio de 1944), prácticamente con lo puesto, incluso se hace mención de que se quemaron documentos y papeles relacionados con este tema. Redactada por tanto de memoria, saca una edición ciclostilada en 1957 (es la que la BNE compra en la subasta de Durán, de la que no sé cuántos ejemplares correrán por ahí), al tiempo que se promueve una suscripción popular en Francia –entre los promotores, Pablo Casal– para trasladar su tumba a España; pero la intervención de Marcel Bataillon –sus cartas también deben de estar en poder de los herederos de la viuda de Jose Machado, en Madrid–, para que se quede –como el Guernica de Picasso– en donde está, como un símbolo del
Los restos del poeta, a hombros de milicianos y cubiertos por la
bandera republicana. Detrás, entre otros, Jose Machado.
del exilio, hacen cambiar de opinión a la familia. Un texto de Antonio Machado  había adornado la cubierta de la primera edición del Erasmo en España. Acepta la familia sin embargo una nueva ubicación propia del poeta y su madre en el mismo cementerio de Collioure. Allí se les traslada el 16 de julio de 1958, y allí reposan. El 28 de diciembre de ese mismo año muere José en Santiago de Chile. Sus recuerdos se volvieron a publicar en ediciones posteriores, entre las cuales recomiendo la de Francisco Caudet.

Quizá alguno de los cuarenta y tres lectores del blog de ayer en Santiago de Chile puedan ayudarme con nuevos datos, que siempre deberían de estar contrastados documentalmente, para no incrementar nosotros leyendas que el poeta no necesita.... A ver si hay suerte. 

uno de los cuadros de José Machado

Digamos que este es un episodio intermedio de la batalla de los alejandrinos. Porque es verdad que, aunque Machado no escribió alejandrinos melódicos (3.6+3.6) como el de su gabán (Estos días alegres y este sol de la infancia) más que a la muerte de Rubén Darío (caso semejante al de Gabriela Mistral a la muerte de Amado Nervo), bien pudo en aquellos días tristes de febrero de 1939, mirando el mar ("vamos a ver el mar", le dijo a su hermano un día), recordar el sol de la infancia y disponer de una melodía más alegre que la que había conseguido con sus graves alejandrinos de ritmo par, dominando los sonsonetes de Zorrilla (Lanzose el fiero bruto con ímpetu salvaje / ganando a saltos locos la tierra desigual....) y los románticos. Sobre ese andamiaje de alejandrinos había organizado Campos de Castilla (1912 y 1917). Luego los había ido poco a poco desechando.



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