Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Final de los paseos por la calle del Pez: el Palacio de los marqueses de Guadalcázar


San Bernardo

Puede ser un buen ejemplo de edificación del barrio el palacio Bauer, que en realidad habría que llamar palacio de los marqueses de Guadalcázar que lo construyeron sobre terrenos de los jesuitas (s. XVIII) y fue adquirido por un banquero judío, Bauer, a finales del siglo XIX, que lo reedificó y lo llenó de vida artística y social. Se encuentra frente a las impresionantes fachadas de los números pares de San Bernardo:  Palacio de la Marquesa de Sonora (el 45); Instituto de España, el Palacio de Valdecillas (a la vuelta de la calle) –... entre los cuales se conserva, remodelado, el paraninfo de la vieja Universidad Central. Si se mira enfrente, aparecen casas como las de la foto, con su mirador. Allí enfrente se encuentra asimismo ese palacio, que antiguamente significaba de modo más residencial y modesto como 'lugar donde habita un gran señor'. Entramos primero en uno de los dos salones que conserva al lado del auditorio, con cuadros prestados del Museo del Prado y sillones redondos, esos deliciosos lugares de charla, que la estrechez de las casas modernas condenaron al olvido.


Saloncito del Palacio Bauer
Entrada al Paraninfo de la UCM
Escalera original (1870)












Lo he recorrido –lo conté en post anterior– a través de sus avatares históricos, primero, y luego físicamente por la amabilidad de quienes custodian la entrada, ya que en la actualidad es la Escuela Superior de Canto y también ha sido la de Arte Dramático (de 1952 a 1966, hasta que ambas volvieron al Teatro Real, en obras). Las remodelaciones obligatorias de estos edificios (1940-3 y 1972 las dos últimas) siempre dejan, si están bien hechas, lo más interesante, en este caso: la fachada (aunque el rosetón de la puerta de acceso a San Bernardo es moderno, véase una foto de hace tres cuartos de siglo),  el espacio de la entrada, 
el romántico jardín de siete calles con la fuente en medio y un empinado ciprés, que parece, por su altura, viejo como el edificio (no me ha salido en la foto, era difícil, lo siento); la antigua escalera de madera (1870); los dos saloncitos junto al de actos, del que se puede disfrutar acudiendo a cualquiera de las sesiones del CSM, normalmente gratuitas (conciertos de alumnos, por ejemplo). Y mientras se escucha a los futuros vates, hay que mirar la decoración de las columnas, con tallas de madera y pinturas pompeyanas, bien restauradas.
En 1940 se convirtió en el Conservatorio de Música, y en 1971 al trasladarse nuevamente al Teatro Real,  se queda sin destino hasta que se le adereza y restaura para que sea la actual ESC y para que albergue asimismo la Sociedad de Amigos de la Música. 


Jardín y patio del palacio Bauer


decoración de pilares en el Salón
Entrada
NO me resisto a señalar que el reglamento orgánico del RCM y Declamación, con letra de hace dos siglos (del XIX) se encuentra en un borrador de 45 páginas de la BNE, en el manuscrito 12971/6, en donde hay otros papeles relacionados (por ejemplo un programa para la enseñanza del canto, de 1860).
Dejó de ser lugar de estudiantes cuando la Universidad se fue al campus de Moncloa, pero ha guardado muchas cosas con ese aire de barrio de universitarios, fundamentalmente la Biblioteca en el Palacio de Valdecillas –en una callejuela que sale de los pares, enfrente–, una de las más valiosas y ricas de Madrid, con un fondo antiguo riquísimo. El ya mentado Paraninfo. La cercanía del Instituto Cardenal Cisneros. Y la estatuilla que se apoya en la pared al doblar el palacio y encarar la calle del Pez; es moderna (2004), pero recuerda las dificultades de las mujeres para acceder a la universidad, o al menos ese ha querido ser su significado.


Salón de actos
No queda más que aplaudir la renovación y utilización de estos lugares históricos para nuevos menesteres y no como focos de especulación que enriquecen a unos pocos momentáneamente y destruyen lo mejor de nuestra historia. En casas y palacios de los alrededores ha ocurrido de todo: una mayoría se ellos se han convertido en pisos o apartamento, conservando estructuras y a veces fachadas; otros se destruyeron y solo ha quedó la memoria, cada vez más débil, del "aquí estuvo".









3 comentarios:

  1. Detalles fotográficos muy interesantes tanto como las historias que cuentas.
    Me dá bastante pena que no se aprovechen o se derriben edificios antiguos.
    Besos.

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  2. Me ha gustado mucho ver el interior de este palacio y conocer su historia.
    Espero que este fin de los paseos por la calle del Pez no sea el final de este blog y que se encuentre bien de ánimo y de salud.

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  3. Muchas gracias. Me encuentro perfectamente.
    Saludos a Ohma; agradecimientos al anónimo.

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