Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 27 de diciembre de 2012

Callejear (II)

Valencia
Nueva York


El Ferrol
La cara oculta del callejeo, su gracia, suele estribar en lo que no se recogió en los manuales ni en los mapas de turistas. Las fachadas de los edificios del barrio de los Jerónimos en Madrid; las balconadas con juegos de arcos, ventanas y colores en Sevilla; el verde suculento en contraste con los adoquinados humedecidos de El Ferrol; los suntuosos bulevares parisinos; las repentinas salidas al río en Florencia; los patios de los barrios extremos en Granada; el paseo bajo los soportales en las ciudades castellanas; las jarras y tinajas con bebidas de verano en Monterrey; las tiendas de no se sabe qué exactamente el el Village de Nueva York; la disposición del pescado fresco en el mercado de Málaga; las calles de venta al por mayor en Estambul; las calles de magrebíes en Toulouse; los patios de los palacios convertidos en viviendas en Nápoles; la orilla del río en Boston....

Sevilla
Madrid
Otras veces la imagen, recoleta o no, es consecuencia lógica de la ciudad: el abigarramiento de la plaza de Antón Martín (en Madrid); el bullicio de los barrios en cualquier ciudad del sur (Triana en Sevilla, las plazas del casco viejo de Cádiz); la hora punta de algunas estaciones de metro en Nueva York; las terrazas con estufas del invierno parisino (La Contrascape); las bandadas de senegaleses en las playas de Valencia; el Retiro madrileño invadido por parejas apasionadas en cuanto el sol asoma; la riqueza botánica de los Jardines del Descubrimiento en Lisboa.... El contraste suele ser muy llamativo en ciudades desmesuradas, en donde se ha intentado crear espacios a base de dinero y se ha abandonado lo más genuino; el caso de Valencia es sintomático, frente al de Sevilla, por ejemplo: aquella intento a base de dinero ser otra cosa, en vez de cuidar lo que ya era y que había descuidado.


Lsboa
Un alivio resulta también la aparición de espacios solitarios, que se encuentran por doquier, incluso en ciudades que los turistas no perdonan (Granada, Siena, París...) y que ofrecen en aquellos rincones quizá lo mejor para el paseante, que puede sentir el alivio de la muchedumbre y serenar sus paseos, incluso leer y pensar. El paseante, sin embargo, ha de condescender con la llamada muchedumbre, pues él también lo es, y no sabe qué medida sería la mejor para que la carrera de la comercialización no inundara todo y se aliara con nuestra curiosidad: suprimir los vuelos de bajo coste, prohibir la entrada a los lugares más emblemáticos.... Ninguno de esos procedimientos puede ser válido, porque todos devolverían viajes y conocimiento a las clases privilegiadas. Y alguno de esos expedientes termina por resultar doloroso. En mi último viaje a Granada deseché visitar la Alhambra –aunque tenía posibilidades de hacerlo– para gastar mi tiempo en los jardines del Generalife, adonde siempre iba, para perderme paseando con algún libro. Uno de los placeres más íntimos que he cultivado, casi casi convertido en vicio y perversión. Esta vez me encontré la puerta de acceso, al final de la calle que sube desde Plaza Nueva, cerrada: se había restringido la entrada, y el caso es que los jardines solían estar semidesiertos; la medida hubo de tomarse por la tremenda: se cierra todo y ya está. Se acabó. Lo mismo que se ha acabado visitar de imprevisto el Louvre o el Prado; pasar un par de horas en el Moma o en la Galería de los Uffici. Por el momento los botánicos y los barrios no se han prohibido, ni se paga entrada para tomar un vino en la Plaza de la Trinidad (Granada) o en la calle Argumosa (Madrid); pero no quedará lejos: hace muy poco me cobraron la entrada en el espacio acotado para que jugaran los niños del Parque de Luxemburgo, en París. Habría demasiados niños, digo yo. Intenté explicárselo a mi hijo, que ahora me lo recuerda de vez en cuando. "¿Te acuerdas que había que pagar por columpiarse?". Me acuerdo, me acuerdo.


El Ferrol
Siena
Siena
Madrid

Florencia
Florencia
Paris
Sevilla
París

3 comentarios:

  1. En Londres me llamó la atención los jardines privados en el centro,con su cancelita cerrada. No sé si será igual en otras ciudades.
    Guapas fotos.
    Muaaaaa.

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  2. Me llama la atención lo limpio que está todo, no como aqui.

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