El modo y la manera que ensaya con mayor frecuencia para mirar se resuelve en una redistribución del contenido del cuadro, muchas veces por buscar una perspectiva nueva, otras porque esa perspectiva disloca los objetos que conforman el cuadro, otras utilizando la propia falta de relieve de su arte para que el pincel construyera planos; en fin porque casi desde el comienzo –e incluyendo retratos– objetos y figuras aparecen escondidos detrás de las siluetas. Si bien se considera, una trayectoria bien distinta de la que se inicia hacia 1913 en todas las artes.
Si la novedad está en la distribución del contenido, paisajes, desnudos y figuras familiares constituyen la serie temática, meridiana y tradicional; en todo ese repertorio sí que se observa la incapacidad del pintor para salir a otras aventuras. Y en el modo de encajarlas en cada cuadro, la inquietud que le traiciona.
Sería muy peligroso y aventurado pensar que esa trayectoria depende del medio exquisitamente burgués que le rodeó y de que Bonnard utilizó campechanamente todos los circuitos mercantiles por donde circulaba el arte, por ejemplo cumpliendo con encargos y decoración de la alta sociedad francesa.
De hecho, sí que se perciben, precisamente en los rasgos que he enumerado, intentos de evolución, necesidad de pintar de otra manera, quizá también el prurito de no acompañar al vanguardismo triunfante en su difícil camino inicial, aunque se aprovecha de las cabriolas de la perspectiva y de la ruptura y mezcla de planos para sus juegos de color. Un buen ejemplo, la colección de autorretratos, del que sigue un ejemplo, bastante tardío, creo (c. 1945).
Para que no parezca un comentario parcial, he aquí dos de sus cuadros o motivos convertidos en postal conocida, el gato blanco (de finales de siglo) y el almendro (de 1940), los dos expuestos en Madrid ahora.
En todo caso, resulta sumamente interesante esa respuesta distinta a las circunstancias, ese modo de hacer –que a muchos resulta muy valioso– aparentemente contradictorio, en el que, sin embargo, termina por adivinarse el primer medio siglo del XX.
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