Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 25 de septiembre de 2015

Grafitis y caligrafía


Félix Rodríguez Fernández
He salido de la exposición de caligrafía de la BNE curioseando leyendas de la pared, la ropa, los carteles anunciadores.... Es una primera recuperación: fijarnos en cosas que habían llegado a ser tan naturales y corrientes que no reparábamos en sus características. Intuíamos estéticas funcionales, vagamente a partir de las letrerías del WORD, esa sensación tuve cuando incorporé por ejemplo la letra de Ibarra, lo que equivale a hacer pinitos con conocimientos históricos también superficiales, que en realidad nos remiten a calígrafos como Pedro Morante y otras extravagancias. El periodo barroco está lleno de manuscritos desconocidos con esos tesoros; algunos publicamos hace años en la Nueva Revista de Erudición y Crítica, sería buen momento para recuperarlos, pues he visto que también faltan en la exposición, que es enjuta y seria; no han cabido muchas cosas.
París
El caso es que al salir del Museo me paré brevemente a hablar con Gema, la directora, quien a su vez saludó a un joven que cruzaba y que llevaba leyendas muy llamativas, sobre todo a la espalda de la prenda vaquera. Al señalar yo a la directora que echaba de menos en la exposición los "grafiti" y los cuatro volúmenes de la Biblioteca de Autógrafos Españoles (Madrid, Calambur), me miró sorprendida; pero "¿no has visto el que ha hecho Félix?", y señaló a nuestro acompañante. Ambos me explicaron que ayer, día de la inauguración –de las que suelo huir, para no encontrarme con gentío social, entre los que incluyo a la misma Directora de la  Biblioteca Nacional, cuya ignorancia en bibliotecas y alrededores es digna de todo encomio–, el día de la inauguración, decía, Félix Rodríguez, que así se llamaba nuestro interlocutor, había realizado un grafiti delante del público, que también luego quedó expuesto. No lo había visto porque, por su tamaño, creo, estaba a contramano, y sin cartela indicadora. 

París
Naturalmente que volví a la exposición, encontré el grafiti, de grandes letras con leyendas superpuestas, y subí, satisfecho, a tiempo de volver a encontrar a Félix Rodríguez Fernández, Mr. Z., con el que departí un rato y nos intercambiamos correos y palabras simpáticas. 
He seguido luego, a través de varias páginas y noticias su historia y actividad, bien interesante, y me cumple ahora mostrar los enlaces que llevan de lo uno a lo otro, para que el lector se enfrente directamente a lo que hace –en sentido caligráfico y artístico, y en sentido vital. 



La filosofía del grafiti es genéticamente contracultural: se cubrían espacios públicos, por lo general subrepticiamente, como modo de crítica o desprecio hacia la cultura burguesa o de las clases privilegiadas, por un lado, y hacia sus productos estereotipados, remilgados, mercantilizados.... vagones de metro, paredes de mármol, superficies de edificios, etc.; aunque también se ocupaban los vanos que la cultura urbana dejaba vacíos, cerraba o exponía. De la mancha, el grafiti puede pasar al mensaje, al texto, y al dibujo; y ambas cosas pueden coincidir de modo muy diverso generando todo un arte actualísimo que, si se sigue la historia, por ejemplo, de Félix Rodríguez, producen historias de muchos prismas. Animo a visitar su web (www.mrzethecreator.com) para conocer soportes, efectos, resultados, que van desde los mensajes sobre la piel de una dama hasta la exposición en un "shop" de productos que se venden, y no son baratos.
A mí me sigue gustando más el mural que improvisó al tiempo que se inauguraba la exposición de la BNE, en Madrid.

Qingdao
La entrada va adornada con grafitis "in fieri" de París –de este mismo año, por cierto–, en Buenos Aires (en donde son majestuosos) y, cómo no, de derivados chinos, creo que el paraíso de los calígrafos; va la más famosa fábrica de cervezas, en Qingdao (Tsingtao); y uno de los centenares de edificios modernos, con letrería china y móvil luminosa, es decir, un alarde técnico.
Qingdao
Pero hablar de esa caligrafía lejana y esencial es harina de otro costal, pues no solo es consustancial en una de las funciones del lenguaje, sino que, al mezclarse con la letrería latina, duplica sus posibilidades combinatorias hasta extremos inimaginables, como muestra ese sencillo cartel annciador del parque de Zhongsan (en Qingdao).  



Baste con la imagen del profesor Zonghui Xu en el Instituto Confucio de Madrid, al término de una de sus clases de caligrafía (más arriba).

Buenos Aires




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