Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 22 de noviembre de 2013

Biblioteca de la Fundación Universitaria Española



En el anterior directorio de centros de documentación que elaboré para este blog faltaba lamentablemente el centro de la FUE, ubicado en una de esas casa nobles de la calle Alcalá (95) cuando pasa por delante del Retiro en el barrio de Salamanca. En uno de los pisos, el primero, he visto dos salas de lectura pequeñas pero acomodadas, con mobiliario noble y personal grato y eficiente.

Lo fundamental de la FUE es que se formó con los fondos de Pedro Sainz Rodríguez (+1986), el intelectual monárquico de mayor prestigio quizá, aunque de vida irregular y más turbulenta de lo que se supone: allí está su copiosísima correspondencia, su biblioteca de clásicos espirituales, etc.; pero allí fueron a parar legados tan importantes como el archivo o fondo de Campomanes, el político del siglo XVIII, y muchos de los archivos de la República, años después de terminada la guerra civil. Este último fondo quizá sea el que más se ha aireado a partir de exposiciones y muestras, de hecho tiene catálogo razonable y algo genérico, como hay catálogo –de Isabel Balsinde, acaba de publicarse, en 2013– de los mil ochocientos volúmenes de los siglos XVI y XVII que allí se guardan. 
Este último es un fondo interesante, aunque sumamente irregular, con muchos libros "del alma" de los que no veía del todo bien don Quijote, pero con otras muchas curiosidades o libros golosos: la versión de la Metamorfosis (1589)  de Ovidio, de Sánchez Viana; el Garcilaso (1580) de Herrera –quizá por ello entre las publicaciones de la FUE haya un Garcilaso, editado por A. Labandeira–, una Arcadia (1566) de Sannazaro, la diferencia de libros (1569) de Alejo Venegas; cosas de Polo de Medina, las obras en verso del Príncipe de Esquilache (1648); dos tomos con las poesías de Góngora (el de Foppens, 1569; y el de la Imprenta Real, 1654); un arte de ingenio de Gracián (Lisboa, 1659); las obras de San Juan de la Cruz (1635 y 1649), etc. Resalto entre todos el Epicteto  de Quevedo, en la princeps de María de Quiñones a costa de Pedro Coello, de 1635, con el grabado de Juan de Noort, edición peculiar de la que se ocupó Ettinghausen. Como se ve, un fondo adecuado para pasarse algunas mañanas leyendo mientras el sol del Retiro entra por sus grandes ventanales, bien tratado por la amable y eficiente bibliotecaria –Pilar. 

No todo está en ordenador, porque el fondo manuscrito se adivina, a partir de lo que ya se ha hecho, que es ingente y de difícil catalogación; pero cuando he pedido ver algo, me han atendido la solicitud y me han dado todo tipo de facilidades para que, llegado el caso, pueda avanzar en la investigación. De hecho ha habido un tema que me ha tentado, pero que no he podido culminar, por falta de tiempo: la FUE conserva entre los varios archivos de la República el que procede de Chile, supongo que de Santiago de Chile, a donde fueron a parar, a vivir y a morir los hermanos de Antonio Machado: sobre Jose, que en Santiago escribió las últimas soledades de su hermano Antonio ya hemos hablado en este blog y hemos hurgado en lo que ocurría con sus recuerdos, sus publicaciones y el famoso verso mahadiano del gabán. Creo que la investigación podría cerrarse prácticamente si, como supongo, en este archivo aparecen los restantes datos sobre el exilio republicano en Chile. Ya lo veré, o ya lo verá alguien interesado sobre el tema con las pistas que he ido dejando. 
La cuestión de los manuscritos en general y de los archivos en particular es más peliaguda: supongo que se necesitarían más catalogadores para terminar, por ejemplo, de resumir la correspondencia de Sainz Rodríguez, lo que se está haciendo con un rigor y una minuciosidad encomiables, ya que genera un catálogo, con resumen de contenido de cada carta (¡a veces el resumen de una postal es mas extenso que el item que lo generó!). Si se tiene en cuenta que esa correspondencia arranca de 1906 y llegará hasta 1986, el fallecimiento de Pedro Sainz Rodríguez,  resulta que uno puede recorrer dos tercios del siglo  XX desde una perspectiva bien peculiar, como así es: las primeras entradas del epistolario remiten a Vicente Aleixandre, Julio Cejador, Eduardo Hinojosa.... El epistolario se espesa golosamente a partir de 1916 (Adolfo Bonilla, Luis Morales Oliver, José María Pabón, Miguel Artigas, Enrique Lauente Ferrari, Ángel González Palencia, Manuel Azaña, Zacarías García Villada...). Nótense, por ejemplo, las referencias de 1919: Elías Tormo, Luis Jiménez Asúa, Pedro Salinas, Ángel Herrera Oria, Ángel Valbuena, Juan Hurtado, Fidelino de Figueiredo, Ernesto Giménez Caballero, entre otros. Y así sigue durante medio siglo: impresionante herramienta de conocimiento e investigación de nuestra vida cultural. He hecho algunas calas, sin embargo, que me han llamado la atención, tanto por su ausencia como por sus peculiaridades (no está, por ejemplo, Bataillon). Supongo que todo este material se estará integrando en el gran proyecto sobre fondos epistolares que se lleva a cabo en la Residencia de Estudiantes, si no me equivoco dirigido por J.C. Mainer. También lo veré.
No quisiera dejar la breve reseña sin aludir al fondo Campomanes, que tuvo su catálogo, y sobre el que hay que dar el paso siguiente: ver con mayor detalle lo que allí se conserva, cosa que habrán de hacer los interesados en el siglo de las luces, y al que yo he acudido ahora para intentar cubrir alguno de los huecos que aun tiene nuestro volumen  de la Biblioteca de Autógrafos Españoles (el III de la serie), a punto de publicarse. En efecto, he corroborado que allí existe abundancia de autógrafos de Jovellanos (los hay por todos lados), Martín Sarmiento, el padre Isla, los dos Iriartes, etc. Y allí hemos encontrado una carta de Félix María de Samaniego, del que era sumamente difícil encontrar muestras, y que será motivo de estudio de un excelente investigador –al que alude el plural anterior–, Carlos Fernández (marcastipográficas.com).  
Perdido en el oceano de ese fondo, otro manuscrito quevediano más, ya daré razón concreta en otro momento, con la Perinola, la Carta al Rey Católico, El Chitón.... El hecho de que aparezca esta última obra manuscrita –no los tiene– querrá decir que es una copia de impreso, en todo caso sería copia temprana,  del siglo XVII, en limpio, por cierto, como se verá por la muestra que va a cerrar esta entrada. 
Habrá que volver a la biblioteca de la FUE.




No hay comentarios:

Publicar un comentario