Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 14 de abril de 2013

La calle de la Magdalena y el imperio de los sentidos



Por la calle de la Magdalena se acuesta el sol a la caída de la tarde, y si se mira desde Antón Martín hacia Tirso de Molina, se ve cómo se echa sobre toda la calle y deja relamidos los colores de las casas, un juego de ocres, rosados y magentas –en honor a Julia, una colega comentarista de este blog– que se mezclan con las más viejas: 
muchas lo son y se mantienen, entre palacios (véase el que acoge archivos, biblioteca y y oficinas de la filmoteca, con entrada en este blog). 
Cuando uno se pasea por algún lugar concreto, como es el caso, recuerda vagamente a los amigos o colegas que por allí viven (Fany Rubio, Bernabé, Pedro Martínez Montávez....), en el corazón de un Madrid que ya es universal, sobre todo si se baja por cualquiera de las callejuelas hacia Lavapiés, por arterias de sabor histórico innegable (una de ellas la calle del Olivar, por ejemplo). Yo lo hice, para entrar en "La Marabunta" ("libros y café", dice la publicidad) y desembocar en Argumosa, una de las calles más vivas de Madrid, sobre todo en cuanto llega el buen tiempo. En una terraza callejera tomé un te y me distraje mirando variado escaparate humano. 
En La Marabunta me perdí entre mesas y anaqueles y acabé por comprar varias cosas, entre ellas Naturaleza no recuperable, de Aníbal Núñez, y varias novelas. Más lectura pendiente amontonada sobre la mesita de noche y en otros lugares de reposo de la casa.


En realidad deambulaba por un barrio que conozco y que me resulta grato para acudir a una de las sesiones del Doré; equivoqué la hora y me quedé a ver una película del reputado Noboru Tanaka (el dir. de El imperio de los sentidos), que es una variante de su gran éxito, con la utilización de los mismos elementos morbosos y eróticos, una pareja entregada a la pasión –por amor, se entiende– que acaba con la posesión física del sexo; literalmente "se la corta". 
La versión española dice así en el subtítulo y el público –no muy convencido– ríe con ganas. Han pasado unos cuarenta años por encima de esta película extraña, que se puede ver como un documento del pasado: estuvo prohibida en Japón.

Frescura, agitación, vida.... a la salida del Doré, en el que siempre es agradable tomarse alguna bebida con un buen trozo de tarta. El Madrid más viejo seguía siendo –o cada vez lo era más– un rompeolas no de las provincias, como decía Antonio Machado, sino de los continentes. Al arrimo del abrazo escultórico que recuerda el asesinato de los abogados laboralistas, se concentraban las citas y las esperas: erasmus, africanos, asiáticos, tribus urbanas.... En la puerta trasera del teatro Monumental, algunos "maestros" se aprovechan del descanso para fumar un pitillo, y su elegancia oscura contrasta definitivamente con el abigarramiento popular y lo enriquece. Para corroborar que la cosa no era ocasional: las tiendas de frutas de indios y magrebíes, los bares regentados por orientales, la peluquería china y el mercado universal, en una mezcla de lenguas, escaparates y ropas. 


Eso sí, si nos desviamos un poco y encaramos la calle del León, algunas placas mos recuerdan que allí vivió Benavente, que la Real Academia de la Historia era el santuario de Menéndez Pelayo y que en las trinitarias yace Cervantes, etc. Pero en las tapias de las trinitarias el ayuntamiento ha puesto placa a la hija de Lope (¿...?). 
El paseante va tomando nota: han cerrado "La Fídula", han abierto otra tienda "ecológica", la librería Hispanoamericana –frente a las Trinitarias– está cerrada porque es sábado; en el Alambique nos reuníamos los integrantes del grupo EDOBNE que trabajaba en la Biblioteca Nacional....
Madrid vive y cambia, contra marea. Ojalá no deje de hacerlo y siga siendo rompeolas. Como ahora se vive es, entre otras cosas, EL imperio de los sentidos.

3 comentarios:

  1. Cierto, ¡qué colores! Lindísimo paseo, Pablo.
    Creo tener algún recuerdo del Doré de cuando fui hace como 20 años a Madrid...

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  2. Madrid es una rueda de pasteles.
    Bicos.

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  3. Madrid es tan bonito que parece de mentira.

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