Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 29 de diciembre de 2011

Luisa de Carvajal. Todos sus papeles

poesías (octavas)
He terminado, casi con el año, de leer y ordenar los papeles de Luisa de Carvajal, en el archivo del Palacio Real, una mañana fría y luminosa, con el patio de Palacio lleno de turistas orientales: no he podido ver ni la exposición de relojes ni el Belén, demasiadas colas. Mas he podido terminar casi todas las consultas en el archivo, porque allí se conservan los microfilmes de todo o lo más que se guardaba en el Monasterio de la Encarnación: los votos –de los que ya he dado noticia en este blog–, el proceso de beatificación (comenzado en 1626), gran parte del epistolario, poesías.... Casi todo de su puño y letra: una letra menuda, bien  formada, de pocas dudas y trazado firme. 
La correspondencia se ha ordenado en grandes grupos (la de su hermano Alonso de Carvajal, la de padre Cresvelo....)  No sé de qué manera han llegado a ese conjunto, también, las cartas que envió a Rodrigo Calderón, que constituyen un conjunto muy interesante tanto para conocer mejor la figura del privado, el Conde de Oliva, como para retrazar la historia de aquellos años (c. 1610-12), sobre todo los de su embajada en Venecia.

Primera página (de tres) de la útiima carta de Luisa Carvajal a Rodrigo Calderón (20 de noviembre de 1613)
No sé muy bien porqué existen figuras, hechos, momentos de la historia que nos atraen extrañamente, como a mí me ha venido ocurriendo con esta Mendoza, que desde pequeñita –huérfana a los seis años– daba todo lo que tenía a los pobres, tiraba por las ventanas de su casa los almohadones del estrado a los mendigos, que castigaba hasta el martirio su cuerpo y pasaba noches enteras en oración, llegando, durante el invierno, a meter manos y brazos en agua fría para mantenerse despierta, o que vestía como una andrajosa el hábito de san Francisco en su casa de la calle Atocha en Madrid.... Ese tremendo desarraigo que sufrió –me gusta insistir en esta idea– al mismo tiempo que otro desarraigado literario, el Quijote, le llevó a Inglaterra, para intentar alcanzar el martirio mientras predicaba a los herejes, de manera que andaba por las calles de Londres con un Cristo que traía en los pechos, predicando la fe y adorando las cruces de rodillas y haciendo otras cosas que los herejes aborrecían.... " (declaración en el proceso de Alonso de Velasco, capitán de caballos) Y casi todo lo contaba en las cartas, mientras Cervantes escribía la segunda parte del Quijote.
Las cartas no revelan tan solo la espiritualidad de esta extraña y enérgica mujer, que siempre se movió en el círculo de los jesuitas –con su herencia fundó un colegio de la Compañía en Lovaina–, también revelan, y mucho más de lo que ella hubiera querido, las corrientes políticas que precedieron y sucedieron a la tregua de 1609, contra la que escribió y razonó; la belicosidad de la ortodoxia católica, la idea de la misión de España, los macabros hábitos de las ejecuciones, el fetichismo de las reliquias: un verdadero universo ideológico, social y humano, difícil de entender fuera de las coordinadas históricas en las que se produjo.
El legado de Luisa de Carvajal está lleno de rincones, sorpresas, verdades a medias.... que serán muy difíciles de entender en su conjunto, y a las que yo, desde luego, no podré atender, desbordado a mi vez por la febril actividad de esta mujer. Ella también es Siglo de Oro.
Durante la semana del 9 al 15, en París, expondré lo mejor que pueda su vida y sus escritos, para entenderlos con mis colegas en un seminario sobre la España de los siglos XVI-XVII. En las lecturas que he terminado hoy, fundamentalmente las del proceso (1626), cuando ya han pasado unos doce años desde su muerte, los testigos recomponen escenas de su vida, refieren anécdotas, casan datos....; pero ya hay su tanto de leyenda y admiración. Testifican –y por extenso– Lorenzo de Aponte (de los clérigos menores), fray José de San Agustín (conventual del monasterio de San Felipe), varios criados del embajador Alonso de Velasco, Pedro de Zúñiga (otro embajador), Joan de Çevain; su confesor durante un tiempo, el dominico Fray Diego de la Fuente (prior del convento de Santo Tomás); la duquesa del Infantado, la Condesa de la Puebla (una Mendoza), el Marqués de la Hinojosa, varios criados del Marqués de Flores, la madre Catalina de la Encarnación, Juan Pablo de Arenillas.... De entre las  muchas cosas que esos testimonios aducen puede que sea la alusión repetida de que su madre había tenido como consejero a Pedro de Alcántara la que nos lleve a la raíz de su exacerbamiento espiritual, que de todos modos se había producido  como estallido generalizado a partir de 1600, al mismo tiempo que la sociedad se liberaba del peso del largo reinado de Felipe II: el estallido produce la picaresca, la corrupción, el juego, las fiestas....; pero también el acrecentamiento de la onda neoestoica. Nunca antes se habían fundado tantos conventos de clausura en Madrid como los que aparecen realmente, se proyectan o se dotan en la ciudad que deja de ser la capital; y normalmente por nobles o damas de alcurnia.  Hasta a la tía y la abuela de Quevedo alcanza la moda. Ya daré la nómina.
A Luisa de Carvajal el estallido le llevó a Londres, donde se lograba el martirio antes que en Japón o China.
La entrada es larga. La ilustraré con la última carta autógrafa a Rodrigo Calderón (del 20 de noviembre de 1613, la escritura aparece ya algo deformada); una muestra de sus poesías, cuidadas y pulidas; y otra página del proceso. Dejo para otra ocasión dos documentos especialmente sustanciosos: el largo informe del Conde Gondomar (embajador en Londres) y el sobre con declaraciones varias de Luisa de Carvajal que entrega el padre Hernando de Espinosa (es lo que ilustra la última reproducción).




No hay comentarios:

Publicar un comentario