Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mañanas en el Archivo

[A Mercedes Sánchez ("merceditas"), estas notas de investigación]



Entre las muchas deformaciones profesionales que ya no puedo corregir está la de los archivos, particularmente los archivos históricos de protocolos, que suelen llevarte a rincones íntimos de épocas históricas diversas. Normalmente –y durante este año– hago mi recorrido de archivos los miércoles por las mañanas, día en el que no tengo clases en la universidad, y voy recopilando pacientemente las noticias, los documentos de unos cuantos temas de mi cartera profesional: Quevedo, el Conde de Villamediana, la historia de Madrid, Luisa de Carvajal.... aunque bien es verdad que con mucha frecuencia me atasco o me pierdo en los mil asuntos que aparecen por todos lados. Hay que comedirse, porque ¿cómo no ponerse a leer aquellas caprichosas cláusulas del padre fray Jerónimo de la Encarnación, que en 1635 vincula a su mayorazgo nada menos que un "pedazo de costilla de la dicha santa madre"   Teresa de Jesús? (AHPM, p. 5370). El trasiego de reliquias, a que tan aficionado era el rey Felipe (II), es extraordinario, y no afecta solo al último tercio del s. XVI. Todavía en 1632 cuando el joven infante don Carlos –el hermano de Felipe IV– agoniza en Palacio, allí le llevaron, "entre otras muchas", las imágenes de Nª Sª de Atocha –esta va siempre– la del Rosario del Convento de Santo Tomás, las de la Iglesia de las Maravillas, la de la Merced que estaba en San Ginés, así como los santos cuerpos de Francisco de Borja y San Isidro Labrador.... (AHPM, p. 3829). El estrafalario coleccionista Juan de Espina, al morir, en 1639 (AHPM, p. 7672) tuvo buen cuidado de enumerar algunos de sus bienes: guardaba, entre otras perlas, los últimos objetos que se manejaron o se vieron en la ejecución de don Rodrigo Calderón, entre ellos la cuchilla con que se le degolló: avisa que es la más grande de todas las que hay en el arca. Son curiosidades que a veces me llaman la atención por su conexión con detalles de la vida de alguno de mis temas de cartera: Quevedo, amigo de Juan de Espina, enumeró en su testamento el sudario de Santa Teresa, por ejemplo, y como es  bien sabido, narró la muerte de Rodrigo Calderón, que por otro lado era corresponsal de Luisa de Carvajal, a la que enterró en primera instancia en el convento de Portaceli de Valladolid, cuya fundación se puede seguir en p. 1615 (AHPM). Ya he publicado en este "blog" la recuperación del cuerpo, por orden directa del rey, para que se llevara a la Encarnación, donde ahora está, aunque en ese caso el documento original se encuentra en los archivos del Palacio Real, a donde también me gusta ir, los viernes, algunos viernes. En 1622 en otros documentos (AHPM, p. 4422) se trata de vender ese patronazgo, dañado, desde luego por el trágico final del marqués de Siete Iglesias. La cadena es muy complicada y se alarga continuamente.

La cosecha de cada día es tan numerosa que el investigador ha de comedirse para no perderse en la marea de la historia: ¡si resulta que Goya compró una casa en 1800! (AHPM, p. 21394) que hacía esquina a la calle del Desengaño con la calle Valverde; la placa madrileña le sitúa semiesquina a la costanilla de Santiago; y que a las espaldas de las casas que tenía Pedro Vergel –denostado por Villamediana– se levantaba el convento de las carmelitas (plaza de Santa Ana, por el nombre antiguo), cuya fuente estaba inundando aquellas viviendas (AHPM, p. 3347 y p. 4903). Por aquellos mismos años, en 1617, el Cardenal de Toledo regalaba la finca de "La Florida", riberas del Manzanares, a su sobrino el Duque de Lerma (AHPM, p. 2302), estaba en el lugar que llamaban "del molino quemado". ¿Algo que ver con La Florida actual? No sé... Demasiadas noticias. El famoso Juanelo Turriano –el que subió el agua del Tajo a Toledo– tenía un hijo "mínimo" en el convento de la Victoria (en 1602; AHPM. p. 2766), ninguna de las dos cosas le han permitido escapar de la cárcel, porque le pillaron cazando en los montes reales; quizá conoció allí a Miguel Rey, el "padre" de la mancebía, acusado de quedarse con una comisión excesiva de las prostitutas (AHPM. p. 750), que, por cierto, aunque ahora lo nieguen, también se recogían en Santa Isabel, la actual iglesia del opus, que no me han dejado ver. 
Algunas me llegan cuando ya he redactado y difundido en este blog lo que tenía antes. Por ejemplo, ese empeño del Duque de Osuna porque le enterraran en San Felipe, en los agustinos (ya hay una entrada en este blog sobre San Felipe), ¿se llevó  a cabo? Porque no lo dice en el reconocimiento del codicilo (AHPM, p. 2235), cuya   "disposición" dejó de su puño y letra sin acudir a notario, ya que la enfermedad no le dejó terminar de testar, y que su hijo el Marqués de Peñafiel llevó –un par de hojas autógrafas– ante notario, en 1624. 
¿Y las placas que ahora atiborran las fachadas de Madrid? Veo la de Saavedra Fajardo cada vez que voy –todos los lunes– a la Biblioteca Nacional de España; la plaza se refiere sin duda a unos pocos años finales, cuando allí se levantaban los otros agustinos –los recoletos– para los que Quevedo escribió e imprimió por primera vez una obra, el Epítome a la vida de Sto Tomás de Villanueva. En realidad Saavedra Fajardo tuvo sus primeras casas en las afueras, en Colmenar AHPM, p. 2712), y luego una vida muy ajetreada como diplomático.
En fin, a veces voy al archivo con algunos de mis alumnos –cuando sus ocupaciones se lo permiten– y les intento enseñar el manejo de ese precioso lugar, que en Madrid está a  espaldas del Museo del Prado, y bastante necesitado de soporte y ayuda. Cuando termino la jornada, me traigo fotocopiados algunos de los documentos que más me han interesado. Hoy lo he hecho, verbo y gracia, con el mentado testamento del duque de Osuna y con el contrato de venta del Padre Mariana de una edición de su historia de España, "en romance", en 7 de abril de 1606. Siempre me interesaron esos años del jesuita, que es cuando traba algún tipo de relación con  Quevedo. Por cierto, un poco cara esa historia (35 reales cada historia) y la letra un tanto endiablada (AHPM, p. 2435).
Todos estos sitios suelen estar semivacíos, casi desiertos, aunque en épocas de vacaciones se ve que acude algún investigador extranjero. ¿Ya no se trabaja con fuentes? Me han pedido hoy una colaboración para El Cultural de El Mundo y me lo he preguntado, porque ese viejo modo de trabajar está relacionado con procesos de digitalización que podrían vaciar archivos y bibliotecas. En otro momento seguimos.
Vamos a terminar con una nota moderna, una de las muchas referidas a ese admirable varón que fue López de Hoyos, el maestro de Cervantes, de quien todos hablan con respeto y que, al cabo, en 1576, quiere retirarse a una finca y casa cercana, a leer y meditar mirando al Manzanares.




Primera hoja del contrato aludido, que arranca con la fórmula (modernizo la transcripción):


sepan cuantos esta carta de obligación / vieren como yo Luis Sánchez, im / presor de libros, vecino de la villa de Madrid obligo por esta carta que debo e me / obligo de pagar y que pagaré al padre / Joan de Mariana / de la Compañía de  / Jesús, morador de la casa de la compañía / de la ciudad de Toledo o a quien  / su poder hubiere es a saber cuatro / mil reales de plata castellanos / de a treinta y cuatro maravedíes / cada ybi..." (etc.)


Son 114 historias, a 35 reales cada una. El documento tiene tres hojas, formularias, al cabo de las cuales no consta la firma del padre Mariana.

1 comentario:

  1. Gracias, Pablo. Qué daría yo por pasar más tiempo en archivos... Me contagiaste el virus. Gracias por la entrada y por el contagio.

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