Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 19 de noviembre de 2011

Enrique me pide una carta....


Enrique me pide una carta –vamos a llamarle discretamente con un nombre de pila, que puede ser el suyo o que puede no serlo: todo lo restante es cierto–, la segunda o la tercera, no me acuerdo, para intentar conseguir un puesto de trabajo primerizo, sencillo, ajustado a su formación. Enrique es uno de los mejores colaboradores del grupo que ha trabajado conmigo durante ya casi treinta años. No llegué a darle clase, pero se incorporó como alumno a la organización de los seminarios de Edad de Oro, junto con otros compañeros a los que yo solía solicitar colaboración basándome en la excelencia de su expediente académico. De entre todos los que han pasado por esas circunstancias –un centenar, aproximadamente– era, creo, el segundo mejor expediente académico, lo que significa algo tan sencillo como que todos los profesores le calificaban de sobresaliente para arriba: opinaban todos que era de lo mejor. Se enganchó a la literatura medieval y reclamó también su colaboración un prestigioso medievalista que se había incorporado a la UAM desde Berkeley; en la UAM se jubiló no sin antes confesarme que alumnos como Enrique “le habían reconciliado” con la universidad española. Y con él publicó un libro, por cierto; pero de eso no quisiera hablar ahora.


Del seminario Edad de Oro, que entonces yo dirigía, pasó a incorporarse al grupo de licenciados y alumnos que trabajaban conmigo en la sala Cervantes de la Biblioteca Nacional de España, en donde coincidió, por cierto, con varias generaciones de excelentes alumnos. Enseguida me di cuenta de que la perfección de su trabajo no era solo cosa de su sensibilidad e inteligencia, sino que se basaban en el rigor y la continuidad de su esfuerzo, hasta el punto que después de los dos primeros años fue a él a quien encargué la revisión final del volumen V del Catálogo de Manuscritos de la BNE (como consta en ese volumen), así como otras tareas internas que le califican: era el filtro encargado de corregir las catalogaciones antes de que llegaran a mí, al borde ya de la publicación. Mientras tanto disfrutaba de una beca FPI y acudía a las reuniones del departamento; mesurado, muy mesurado, sin duda porque le asustaba que yo cumplía entonces mi trayectoria de ahíto de arbitrariedades e injusticias y andaba despotricando.
Enrique siguió su formación, su camino, sus trabajos.... Es algo que él podrá contar si y cuando le plazca. Desde hace meses me pide una carta para encontrar un discreto trabajo digno de su competencia. Y yo se las hago, entre avergonzado, irritado y triste, porque si este país hubiera funcionado medianamente bien, personas como él, con sus ¿doce, quince....? años de intensa formación filológica, con el aplauso de todos sus profesores, las tareas cumplidas a la perfección, la competencia que ya ha logrado, las publicaciones.... tendrían que estar “en palmitas” logrando que todo fuera bien, mejor, por la simple aplicación de su persona, conocimiento y características a nuestra vida académica, investigadora, social.
También sé que muchas cartas son formularias –yo no las hago formularias– y que allí donde solicite con mi carta llegarán otras muchas cantando alabanzas exageradas o señalando virtudes inexistentes. Al cabo, en alguna institución, en algún país, en algún lugar se darán cuenta de que Enrique es una joya humana, laboral, como investigador, como filólogo (¡también es “buen” poeta!) y le contratarán. Y adiós, Enrique. No es el último caso. Cada vez son más y cada vez son mejores.
Miro alrededor, en mi universidad, y corroboro la cosecha de mediocridad que la habita. No quisiera hablar de esta otra vertiente, porque hoy la única que me interesa es la otra: se irá Enrique, como se fue Pablo, como se fue Jose, como se fue Elena.... ¡Qué envidia allí donde puedan contar con ellos!

1 comentario:

  1. ¡Qué rollo este país con las dichosas recomendaciones!, en eso no somos nada europeos. En los países del norte de Europa ni entenderían qué es: se envía el curriculum y santas pascuas. Aquí se nota que hubo monarquía y nobleza potente y en eso estamos como en la Edad Media. ¡Vaya castigo!

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