Existen otros muchos sistemas menores, algunos de los cuales combinan elementos naturales y elementos corporales, otros mezclan tonos y dedos, o gestos y palabras, etc., hasta llegar a inquietar a geógrafos y matemáticos, que trataron de establecer teóricamente cuál podría ser el sistema perfecto, no en el sentido del más práctico sino de más económico, el que no contiene excedentes expresivos. El intento moderno más fecundo puede ser el de Leibnitz, el sistema binario, que por cierto, el sinólogo francés Etiemble relaciona con la lengua china (puede verse en en su pequeña monografía sobre el chino, de donde he sacado la ilustración).
Este fin de semana he ido, en Madrid, a uno de los lugares en donde se hace historia y recolección de los sistemas que nos rigen para medir: la tierra, el tiempo, la vida, los astros, etc. con su resultado en esferas, mapas, relojes, etc. El Observatorio Astronómico de Madrid. Tuve la suerte de que me acogiera un grupo de alumnos de Física de la Universidad Complutense, guiados por un profesor, a los que pude preguntar, casi constantemente, todo lo que no alcanzaba a comprender: ¿qué son los cilindros de Leibnitz?, ¿qué es la inclinación de la tierra? ¿ha desaparecido el sistema solar, pero no nos vamos a enterar hasta dentro de unos cuantos millones de años?.... Visita, como bien se ve, francamente aprovechada (¡gracias, gracias! y gracias al profesor Miñana, que nos condujo por el complejo y nos explicó todo).
A la visita al Observatorio, en un rincón del Retiro, en cota alta (el cerrillo de San Blas, el de la foto, obtenida de uno de los álbumes citados), dedicaremos otra breve entrada, breve, porque explicar los sistemas de ordenación de tiempo y espacio resulta tan apasionante como complejo. En ese campo se conjugaban varias cosas que era necesario cumplir: mi redacción del directorio de centros de documentación e investigación de Madrid (el Observatorio tiene una biblioteca y, creo, algún archivo); la historia de Madrid, que atraviesa desde Carlos III por aquel lugar, en donde hay un par de álbumes de fotos impagables; mis propios viajes y las circunstancias en las que me he encontrado (por ejemplo, en China); completar con datos fehacientes mi catalogación de manuscritos de tema chino en la BNE, con sus extensiones a otros lugares y a otros campos.
Cerramos la entrada con una foto del "Péndulo de Foucault", que recibe al visitante en el Observatorio, es decir, el curioso ingenio que muestra, entre otras cosas, que la tierra se mueve. No tenía yo mucho que aportar y sí todo que aprender de mi visita; pero sí que pude, en algún momento, a quien me explicaba las coordenadas del movimiento de la tierra –con un juego de puños– que todavía Quevedo (+ 1645, y Quevedo conoció a Galileo, en Roma, hacia 1616) escribió un soneto que terminaba con una imagen falsa del universo, ya que el último verso decía "todo tiene donde caer menos la tierra".
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