Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 1 de febrero de 2013

La contraseña y las notas

Para poner las notas de final de semestre en la "dificultad" de filosofía y letras de mi universidad he de acceder al sistema informático, lo cual comienza por encender el ordenador, que rápidamente me avisa de que he de introducir la contraseña de usuario y, una vez hecho, me advierte "su contraseña caduca en dos días, ¿quiere cambiarla?", le digo que "no" por puro espíritu de contradicción y me deja pasar a la pantalla inicial, en donde voy directamente al navegador, no sin antes haber añadido cuatro dígitos milagrosos para que me deje navegar por mis "favoritos". Entre los favoritos hay uno que se llama "sigma" y que corresponde a la "secretaría virtual" de la UAM, lugar protegido por un proceso complicado de contraseñas, al que consigo llegar penosamente, al tercer intento, porque la que venía de fábrica es algo tan raro como TOROG1357, que afortunadamente tenía apuntada en algún lugar de la mesa. Mas "sigma", ansiosa de sigilo, me pide una palabra de paso, ensayo las cinco o seis que están en uso, la última opera el milagro de abrir mis actas.... Trabajo durante un buen rato por el complicado sistema de SIGMA, actualizando, poniendo notas, grabando, traspasando..., palabrería de la máquina que conviene entender de modo estricto, pues "grabar" significa por ejemplo no que graba las notas que hayas ido poniendo en ese acta, sino tan solo la pantalla que tienes delante, sutilidad que les parece natural a los que inventaron la virtualidad. Aun así, alcanzo un cierto grado de satisfacción al responder con agilidad a los cuadros de diálogo intempestivo que me va abriendo (hay que añadir, si calificas de nueve hacia arriba, si es MH o no; no se puede dar más MH del 5%: no caben ajustes razonables, todo va por aritmética...) Lo logro, y en esos momentos me pregunta un montoncito de cosas, que, adivino, constituyen una nueva prueba, que si no supero dará al traste con todo lo hecho. Cuando creo que todo está en orden -calificaciones, blancos, MH, etc.– pido grabar, y dice que sí, pongo revisión –algún escollo, que salvo– y por fin "traspasar" al acta. Hete aquí que se abre un nuevo cuadro en rojo y me dice que para esa última operación necesito otra palabra secreta, ¡que no es ninguna de las cuatro anteriores! Desesperado pulso el botón de ayuda y se me abre un manual con su índice (¿de cuántas páginas?). Necesito estudiar un manual para encontrar aquel término, y no sé si se explicará algo de eso allí; pero si lo hago, SIGMA se cerrará porque lo he dejado sin usar, quieto, x tiempo, y esas "aplicaciones", "por seguridad" tienen caducidad. 
Encabronadillo, apago todo y me dirijo a la secretaría que no es virtual, es decir, a la amabilidad de Luisa Fernanda y Anunciación y les cuento mis cuitas, pero al referir lo que me pasa me preguntan el código de las asignaturas sobre las que estoy trajinando. ¿Un código? Sí, que cambia todos los años y que, como es natural, nada tiene que ver con el contenido o carácter de la asignatura, de manera que "Poesía de los siglos XVI-XVII" puede tener el código 32678-A. Yo soy profesor de cinco cosas semejantes, que debo escribir o memorizar, porque si no el sistema me va a torturar lo suyo. Luisa y Anunciación me recuerdan que puedo llamar al 3000, teléfono de incidencias de SIGMA. Voy a una libretita de últimos auxilios y compruebo que entre pins, tfnos. internos, móviles, códigos, tarjetas de bancos, carnes de bibliotecas, preferencias de Renfe o Iberia y demás, tengo unos 23 códigos de cuatro números. Cierro los ojos y me digo "el de 3000 para las notas", a ver si se guarda en el magín también. En el mientras tanto llamo y a la tercera llamada alguien servicial y simpático me dice que ese código que me pide SIGMA "es muy fácil", se trata de mi dni, eso sí, sin ningún cero antes y sin la letra final.... "Sin la letra final" repito, para poder recordar también eso, y ya obnubilado pregunto –por puro vicio – "¿Seguido y con minúsculas?". Gran silencio, perplejidad también del experto; antes de que me conteste me doy cuenta de que estoy en otra nube: –"Perdón, perdón....; que son guarismos". –"Que son ¿qué?...  –Nada, nada... gracias, 3000.
Bajo rápidamente a mi despacho. Soy zafio y descortés por la escalera, porque llevo prendidos en la memoria unos cuantos códigos y no puedo atender a los alumnos que me preguntan –¡qué cándidos¡– que cuándo salen las notas.
Entro en el despacho, me siento, la pantalla esta en "reposo".... toco tecla, ¡mierda! La aplicación se ha cerrado, cansada de esperarme. Menos mal que grabé todo. Subo a la secretaría, vuelvo a ser zafio e impertinente con los alumnos, que esperan pacientemente en la escalera a que salgan las notas. Durante unos veinte minutos subo, bajo, abro pantallas, inserto códigos, maldigo decanos, cruzo miradas de ira con el que se cruza en mi camino, pongo y quito códigos de una libretita en la que conservo varios centenares. Anunciación y Luis me ayudan, consuelan y alivian. Finalmente se traspasan las actas y le doy la referencia numérica a las secretarias que no son virtuales, sino gentes de  bien. Se ha ido toda la mañana, pero he llegado, faltaban 20 minutos para que el plazo cumpliera y SIGMA se cerrara, convocatoria del primer semestre.
Recojo mis bártulo, respiro, algún modo de felicidad me alivia, soy un profesor de literatura y a lo mejor puedo volver a leer con lágrimas en los ojos las liras de Garcilaso. Salgo del despacho mientras me pongo el abrigo y me encamino a la salida. El grupito de alumnos me rodea y me vuelve a preguntar. Con una sonrisa de suficiencia y de comprensión les contesto ahora: "Ya está, las notas ya están en SIGMA; las recibiréis, les digo, en vuestro correo electrónico". Caras extrañas y actitudes incomprensibles:
– Sí, ya las hemos recibido, pero no son las finales....
Me obceco, obnubilo, reconcomo.... Subo a grandes zancadas a la secretaría real y Anunciación, una vez hechas las operaciones de códigos, me enseña la pantalla.
– No se han grabado... Has grabado solo al final, al terminar, y se te han grabado los tres últimos alumnos que estaban en la última página, todos los demás se han quedado sin grabar.
Hay que volver a empezar.

Soy profesor de Literatura española de los siglos XVI y XVII y me gustan las personas, su modo de ser y hablar. Por cierto, es inútil buscar SIGMA en la página de la UAM, en donde aparece –entre otras "temáticas" indignas– todo esto:



4 comentarios:

  1. ¡Qué relato!, realmente angustioso ... y moderno. Siento que haya sufrido lo suyo (imagino que será verídico)pero, por su redacción, le ha salido casi un relato corto de tensión estupendo que mantiene la atención y la intriga hasta el final. Enhorabuena, a pesar del ataque de nervios sufrido.

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  2. Dios mio qué tensión y qué trabajo de te ha dado!
    Malditas máquinas y códigos.

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  3. Lagrimones de risa se deslizan por mis mejillas...

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